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Revocatoria de mandato a la carta


Llama la atención que al momento de definir conflictos entre miembros de la alianza de gobierno haya aflorado la cuestión de la revocatoria de mandato de los diputados. Primero, porque la democracia supone que hay espacio para el desacuerdo y la crítica no sólo entre partidos adversarios, sino entre adversarios a lo interno de cada partido. Quien necesite de la unanimidad como coartada para gobernar ha revelado más una debilidad que una preferencia. Segundo, porque quienes reformaron el régimen legal de la revocatoria de mandato para hacerla prácticamente inviable fueron los mismos partidos de la alianza de gobierno para facilitarle a sus opositores en la Asamblea Nacional el cambiar de toldas sin perder la curul obtenida en las elecciones de mayo pasado gracias a la cobija del partido que a la postre perdió las elecciones. ¿Será que el grupo gobernante necesita de dos regímenes diferentes de revocatoria de mandato, uno rígido para atraer diputados ajenos y uno flexible para deshacerse de los propios que se han convertido en una molestia? ¿O será que el problema no está ni en la revocatoria de mandato ni en los miembros de la Asamblea, sino en una cierta lujuria de poder que no conoce ni límites ni instituciones? ¿Es tan difícil ser demócrata y comprometerse a construir una democracia que no sea un país gobernado por hombres sino por leyes? Nuestra función ciudadana como medio de comunicación social no consiste en oponernos a que los hombres gobiernen, sino a que lo hagan con exceso y en detrimento de las leyes.

101 años de Panamá América

 
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