Revoltijo
Siempre califico mis escritos como "guachos", porque refiero hechos que a veces saltan de un tema a otro sin concierto. De ahí el presente título. Comienzo con el viaje presidencial secreto, por un rato, a Punta del Este. La fotografía que apareció en los medios muestran un vestido de baño "Náutica". Recordé que en su paso por el viceministerio de Gobierno poco o nada se supo de sus labores. Pero me asaltó el temor de que su administración se lleva a cabo chiquillescamente. Esto ocurrió al pensar en sus frecuentes periplos y cuando se defendió del "secreto" de Punta del Este afirmando que ni él ni la primera dama compraban su ropa con fondos públicos. Aparte de que está por verse si los usaron para viajar en su día libre, me impresionó que criticara a su antecesora por su archirrepetida proclividad a comprar joyas y ropa. Me pareció chiquillada la citada defensa del "secreto", ya que parecía decir que si la anterior ejecutiva hizo sus trastadas ello justificaba que él viajara de incógnito. En fin, me pregunto, ¿qué tiene que ver todo lo anterior con el precio de las guayabas?
En todo popurrí indefectiblemente surge el tema de la corrupción y el papel preponderante que juegan los partidos políticos y sus miembros en la existencia de ella. Y esto es sumamente preocupante, porque enfatiza el asunto de las elecciones y de los nombres que se barajan como posibles candidatos presidenciales. Se publicó que mi amigo José Raúl Mulino podría ser uno de ellos. No obstante, mi otro amigo, Sammy Lewis Galindo, en mi opinión, metió la pata al declarar que Mulino no tenía la menor posibilidad de escalar al solio presidencial. Opino que esto fue un error, porque además de sonar arrogante me recuerda una anécdota según la cual un dirigente político de alto vuelo le dijo a Jeidi Bazán que nunca llegaría a ser presidente. Pues, Jeidi lo logró aunque fuera por brevísimo tiempo.
Pero lo que sobresale es que no existen absolutamente candidatos presidenciables. No tienen el carisma mínimo y el desprestigio de los políticos, de gobierno y oposición, es de espanto. En el gobierno los hay de patria nueva y vieja y todos de una forma u otra se aferran a la cola del que le birló la revolución a Boris Martínez. Son producto de la corrupción y las bellaquerías del "proceso" y quieren aprovecharse... Entre los panameñistas hay muchos que tratan de usar o seguir, puédase o no, la estela del Fufo. Vanamente, pienso yo, porque lo que toca es reinventar esta corriente y dejar de soñar en pajaritos preñados del doctor. Ya su viuda primero, vuelta a casar segundo y retomando su viudez después, llegó al anhelado solio. Dudo que el arte de birlibirloque dé para otra victoria electoral con el mismo cuento.
Del resto de los nombres que se barajan hay muy poco que decir. Uno está sufriendo una metamorfosis en las cutarras del pueblo. Otro, que me parece que hizo un papel importante en las pasadas elecciones y que todavía enuncia buenas ideas y programas, dudo que llegue a siquiera inscribir su nuevo partido porque lleva un lastre pesadísimo que él mismo exacerba defendiéndolo cinco mil por ciento, como si de ello dependiera su calidad de varón, de macho.
Resta hacer mención del "Team Martín", lo cual dudo que lleve a resultados positivos porque me parece que su entusiasmo juvenil se ha enfriado, por ejemplo, con la ausencia de cero corrupción y la zambullida en Punta del Este. Hay un joven que me impresiona por el desempeño de sus funciones como ministro y, también, aunque sé que me criticarán por mencionar esta característica, por su juventud. A riesgo de hacerle mucho daño entre los de patria vieja y nueva lo señalo: el ministro de Comercio. Pero no olvido que éste es independiente (aplausos). Le recomiendo que no se le ocurra inscribirse y quedar calificado como "viejo o nuevo".
Este revoltijo debe continuar siendo motivo de debate y análisis. Es importantísimo y necesario, a menos que querramos despertar una mañana con un candidato de mucho arrastre que, especulativamente, podría ser un nuevo Lole o Pelúa.
En todo popurrí indefectiblemente surge el tema de la corrupción y el papel preponderante que juegan los partidos políticos y sus miembros en la existencia de ella. Y esto es sumamente preocupante, porque enfatiza el asunto de las elecciones y de los nombres que se barajan como posibles candidatos presidenciales. Se publicó que mi amigo José Raúl Mulino podría ser uno de ellos. No obstante, mi otro amigo, Sammy Lewis Galindo, en mi opinión, metió la pata al declarar que Mulino no tenía la menor posibilidad de escalar al solio presidencial. Opino que esto fue un error, porque además de sonar arrogante me recuerda una anécdota según la cual un dirigente político de alto vuelo le dijo a Jeidi Bazán que nunca llegaría a ser presidente. Pues, Jeidi lo logró aunque fuera por brevísimo tiempo.
Pero lo que sobresale es que no existen absolutamente candidatos presidenciables. No tienen el carisma mínimo y el desprestigio de los políticos, de gobierno y oposición, es de espanto. En el gobierno los hay de patria nueva y vieja y todos de una forma u otra se aferran a la cola del que le birló la revolución a Boris Martínez. Son producto de la corrupción y las bellaquerías del "proceso" y quieren aprovecharse... Entre los panameñistas hay muchos que tratan de usar o seguir, puédase o no, la estela del Fufo. Vanamente, pienso yo, porque lo que toca es reinventar esta corriente y dejar de soñar en pajaritos preñados del doctor. Ya su viuda primero, vuelta a casar segundo y retomando su viudez después, llegó al anhelado solio. Dudo que el arte de birlibirloque dé para otra victoria electoral con el mismo cuento.
Del resto de los nombres que se barajan hay muy poco que decir. Uno está sufriendo una metamorfosis en las cutarras del pueblo. Otro, que me parece que hizo un papel importante en las pasadas elecciones y que todavía enuncia buenas ideas y programas, dudo que llegue a siquiera inscribir su nuevo partido porque lleva un lastre pesadísimo que él mismo exacerba defendiéndolo cinco mil por ciento, como si de ello dependiera su calidad de varón, de macho.
Resta hacer mención del "Team Martín", lo cual dudo que lleve a resultados positivos porque me parece que su entusiasmo juvenil se ha enfriado, por ejemplo, con la ausencia de cero corrupción y la zambullida en Punta del Este. Hay un joven que me impresiona por el desempeño de sus funciones como ministro y, también, aunque sé que me criticarán por mencionar esta característica, por su juventud. A riesgo de hacerle mucho daño entre los de patria vieja y nueva lo señalo: el ministro de Comercio. Pero no olvido que éste es independiente (aplausos). Le recomiendo que no se le ocurra inscribirse y quedar calificado como "viejo o nuevo".
Este revoltijo debe continuar siendo motivo de debate y análisis. Es importantísimo y necesario, a menos que querramos despertar una mañana con un candidato de mucho arrastre que, especulativamente, podría ser un nuevo Lole o Pelúa.