Ricardo J. Bermúdez: paradigma de poeta
El más elemental sentido común sugiere que los homenajes, en tanto sirven para agradecer, celebrar, retribuir y exaltar virtudes singulares y meritorias trayectorias, deben hacérseles en vida a sus destinatarios. No hay posibilidad de entra en comunión con quien lo merece cuando éste ya ha fallecido, si bien, por supuesto, la comunidad queda informada acerca de los merecimientos de la persona homenajeada, con lo que a veces se consigue imantar un mayor y específico interés por conocer su obra y su personalidad, lo cual podría, a su vez, propiciar un estímulo a otros autores.
Aunque el nombre dado al recién creado Premio de Poesía "Pedro Correa Vásquez", es muy poco adecuado para honrar a un gran poeta nacional por la trayectoria de toda una vida y por la excelencia de una obra dedicada a la creación poética, la Universidad Tecnológica de Panamá ha propuesto al Instituto Nacional de Cultura, para tal honor, al gran poeta nacional Ricardo J. Bermúdez.
En efecto, el Premio era necesario crearlo, y de hecho llevo años solicitándole tal cosa a diversas administraciones del INAC. Pero el nombre dado al mismo ha resultado inconveniente, ya que diversos círculos intelectuales e instituciones han objetado -abiertamente o por lo bajo- que el nombre de un poeta menor, cuya vida no era precisamente un dechado de edificantes costumbres, se proclame como paradigma nacional en el que la estética no puede ni debe separarse de la moral o hábitos personales. En literatura, como en la vida misma, debe exigirse una mínima congruencia entre lo que se es y lo que se proclama. Porque si el INAC señala que en su convocatoria que este Premio tiene como fin "reconocer los méritos artísticos de un autor, cuya obra haya contribuido significativamente a la identificación de los valores universales y al enriquecimiento de la cultura nacional...", es difícil no inferir que la persona cuyo nombre se ha dado a tal reconocimiento, debió haber tenido en vida iguales atributos.
Pese a esto, la Universidad Tecnológica de Panamá ha entendido y respaldado la buena intención del Premio y, aunque sugirió que para el próximo año se le cambie el nombre por el más genérico de Premio Nacional a la Excelencia Literaria, y que no se limite a la poesía, sino que abarque todos los géneros de creación literaria (novela, cuento, ensayo, dramaturgia), hizo para este año una postulación muy concreta y esclarecida: otorgarle el galardón de B/.10.000.00, como ya se dijo, al gran poeta nacional, Arq. Ricardo J. Bermúdez.
El Ing. Héctor Montemayor, Rector de la U.T.P., sustentó su propuesta al INAC con razonamientos difícilmente impugnables para quienes conocen a fondo los valores trascendentes de la literatura panameña y, en este caso particular, los de la poesía publicada en el siglo XX. Así "Adán liberado" (1944), "Cuando la isla era doncella" (1961) y "Con la llave en el suelo" (1970), entre sus libros de poesía; y "Para rendir al animal que ronda" (1975), su único libro de cuentos; además de una cantidad impresionante de ensayos, artículos, conferencias y discursos de sobresaliente factura intelectual recogidos por el Arq. Samuel A. Gutiérrez y publicados en tres voluminosos tomos por Editorial La Prensa con el título Ricardo J. Bermúdez en la cultura arquitectónica y literaria de Panamá (1996), además de la antología Poesía Selecta (1982), constituyen una obra de inmenso valor estético y de sólida trascendencia ética.
Por un lado, su poesía sobresale por "su extraordinario fulgor lingüístico, su gran profundidad conceptual y su cautivante belleza plástica", señala la propuesta de la Universidad Tecnológica de Panamá en sus párrafos de sustentación. Asimismo, sus cuentos "representan una de las poquísimas obras panameñas de ficción trabajadas, en lo fundamental, con un lenguaje altamente metafórico, rico en sugerencias extratextuales" (que en el fondo se refieren a la opresión que sufrió el pueblo panameño bajo los militares). Por cierto, los tres libros de poesía mencionados, y éste, de cuentos, merecieron, en su momento el Premio "Ricardo Miro".
Ojalá que el jurado calificador designado por el INAC entienda, al examinar los méritos de los diversos candidatos, que no se está premiando una obra en proceso (es decir, una obra todavía inconclusa), sino la obra sobresaliente y trascendente de toda una vida. Una vida, por cierto, que por motivos de edad y de irreversible enfermedad, como en el caso de Ricardo J. Bermúdez, dista mucho de ser eterna, aunque sí dignísima, estimulante e intachable en todo sentido.
Aunque el nombre dado al recién creado Premio de Poesía "Pedro Correa Vásquez", es muy poco adecuado para honrar a un gran poeta nacional por la trayectoria de toda una vida y por la excelencia de una obra dedicada a la creación poética, la Universidad Tecnológica de Panamá ha propuesto al Instituto Nacional de Cultura, para tal honor, al gran poeta nacional Ricardo J. Bermúdez.
En efecto, el Premio era necesario crearlo, y de hecho llevo años solicitándole tal cosa a diversas administraciones del INAC. Pero el nombre dado al mismo ha resultado inconveniente, ya que diversos círculos intelectuales e instituciones han objetado -abiertamente o por lo bajo- que el nombre de un poeta menor, cuya vida no era precisamente un dechado de edificantes costumbres, se proclame como paradigma nacional en el que la estética no puede ni debe separarse de la moral o hábitos personales. En literatura, como en la vida misma, debe exigirse una mínima congruencia entre lo que se es y lo que se proclama. Porque si el INAC señala que en su convocatoria que este Premio tiene como fin "reconocer los méritos artísticos de un autor, cuya obra haya contribuido significativamente a la identificación de los valores universales y al enriquecimiento de la cultura nacional...", es difícil no inferir que la persona cuyo nombre se ha dado a tal reconocimiento, debió haber tenido en vida iguales atributos.
Pese a esto, la Universidad Tecnológica de Panamá ha entendido y respaldado la buena intención del Premio y, aunque sugirió que para el próximo año se le cambie el nombre por el más genérico de Premio Nacional a la Excelencia Literaria, y que no se limite a la poesía, sino que abarque todos los géneros de creación literaria (novela, cuento, ensayo, dramaturgia), hizo para este año una postulación muy concreta y esclarecida: otorgarle el galardón de B/.10.000.00, como ya se dijo, al gran poeta nacional, Arq. Ricardo J. Bermúdez.
El Ing. Héctor Montemayor, Rector de la U.T.P., sustentó su propuesta al INAC con razonamientos difícilmente impugnables para quienes conocen a fondo los valores trascendentes de la literatura panameña y, en este caso particular, los de la poesía publicada en el siglo XX. Así "Adán liberado" (1944), "Cuando la isla era doncella" (1961) y "Con la llave en el suelo" (1970), entre sus libros de poesía; y "Para rendir al animal que ronda" (1975), su único libro de cuentos; además de una cantidad impresionante de ensayos, artículos, conferencias y discursos de sobresaliente factura intelectual recogidos por el Arq. Samuel A. Gutiérrez y publicados en tres voluminosos tomos por Editorial La Prensa con el título Ricardo J. Bermúdez en la cultura arquitectónica y literaria de Panamá (1996), además de la antología Poesía Selecta (1982), constituyen una obra de inmenso valor estético y de sólida trascendencia ética.
Por un lado, su poesía sobresale por "su extraordinario fulgor lingüístico, su gran profundidad conceptual y su cautivante belleza plástica", señala la propuesta de la Universidad Tecnológica de Panamá en sus párrafos de sustentación. Asimismo, sus cuentos "representan una de las poquísimas obras panameñas de ficción trabajadas, en lo fundamental, con un lenguaje altamente metafórico, rico en sugerencias extratextuales" (que en el fondo se refieren a la opresión que sufrió el pueblo panameño bajo los militares). Por cierto, los tres libros de poesía mencionados, y éste, de cuentos, merecieron, en su momento el Premio "Ricardo Miro".
Ojalá que el jurado calificador designado por el INAC entienda, al examinar los méritos de los diversos candidatos, que no se está premiando una obra en proceso (es decir, una obra todavía inconclusa), sino la obra sobresaliente y trascendente de toda una vida. Una vida, por cierto, que por motivos de edad y de irreversible enfermedad, como en el caso de Ricardo J. Bermúdez, dista mucho de ser eterna, aunque sí dignísima, estimulante e intachable en todo sentido.