Ricardo Palmeras: el banquero guerrillero
Promotor Social
Cuando el periodista del Nuevo Herald, Gonzalo Guillén, llegó a la localidad de Los Pozos, en la zona de distensión, en Colombia, donde se han llevado a cabo negociaciones entre la guerrilla y el Gobierno colombiano, le llamó la atención la pulcritud, en su aspecto personal, de un guerrillero que sobresalía del resto de los desaliñados rebeldes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). El guerrillero en mención tenía el bigote cortado "como con bisturí", sobre el filo del labio superior.
Posteriormente, en un artículo periodístico publicado en el Nuevo Herald, Guillén describiría así la pulcritud de este "farciano" fuera de serie: "Su uniforme y sus botas pantaneras de caña alta carecen de manchas. Lleva un reloj Swiss Army de acero, una pluma Parker y un fusil AK-47 flamante..." Según el periodista, aquel guerrillero pulcro le dijo con sorna -refiriéndose al AK-47-: "Es de los que nos vendió Fujimori".
¿Quién era aquel personaje que sobresalía por sus cuidados personales del resto de la tropa de combatientes? Nada más y nada menos que Ricardo Palmeras, ex-gerente del Banco del Comercio (filial del Chase Manhattan Bank), de la ciudad de Valledupar, la tierra del vallenato. Palmeras, ahora guerrillero, se graduó en la Facultad de Economía de la Universidad "Jorge Tadeo Lozano", de Bogotá. Además de gerente del Banco del Comercio, fue también catedrático universitario. Miembro de una de las familias más influyentes y reputadas de Valledupar, hoy, es nada más y nada menos que Comandante y Vocero de las FARC en la mesa de diálogo con el Gobierno.
¿Cómo llegó este banquero economista a las más altas posiciones de mando en la guerrilla? No fue fácil. Todo empezó cuando a través de su cátedra universitaria comenzó a plantear la necesidad de hacer profundas reformas en la tenencia de la tierra, y -según el reportaje de Gonzalo Guillén- "eso le granjeó tantas enemistades, que fue apresado por el Ejército". Una vez que salió de la cárcel, Palmeras tuvo conocimiento de que lo tenían en una "lista negra", para matarlo, por lo que, entonces, decidió hacer contacto con la guerrilla. Si lo querían matar por sus ideas, que fueran a buscarlo a la montaña. Fue así como en 1987, hace 13 años, dejó todo: su esposa, sus hijos, la gerencia general del Banco del Comercio, su cátedra en la Universidad, para convertirse en el guerrillero raso "Simón Trinidad", del Frente 19 de las FARC, en la Sierra Nevada de Santa Marta, costa norte de Colombia.
Pero antes, Palmeras vendió el lujoso apartamento en el cual vivía, su hacienda, sacó sus ahorros, para que con el dinero reunido su esposa y sus dos hijos pudieran abandonar el país. Sin ningún objetivo personal, desde ese momento, todas sus actividades las encaminaría a aportarle a las FARC -según sus propias palabras- lo que pudiera, "en la lucha por organizar, por concienciar, por insurreccionar a la población colombiana que hoy en día está oprimida, explotada, olvidada... Esa es mi razón de ser...", -confesó Palmeras al corresponsal del Nuevo Herald-.
Después de haber presentado su renuncia a la gerencia del banco, se enroló en la guerrilla, donde desde los primeros tiempos de enmontañamiento participó en combates contra el Ejército. También participó en la costa norte de Colombia en tareas de organización de masas, de educación, y en tareas propias de guerrilleros, en captar muchachos y muchachas para la lucha armada.
El periodista Guillén en un reportaje titulado: "De banquero del Chase a Comandante de las FARC", dice de él: "Trocó la vida familiar y la rutina de las tasas de interés, de la captación de depósitos y la colocación de fondos en las opciones de inversión de cada día más rentables del mercado; las expectativas de ascenso en el sistema financiero, con la posibilidad de alcanzar quizá una posición en el exterior, por un trasegar azaroso y clandestino, casi de supervivencia, con un fusil al hombro y el compromiso de combatir en cualquier momento bajo el precepto de que la muerte es bienvenida siempre que alguien tome su arma y continúe la lucha".
Ahora más que nunca, Ricardo Palmeras se aferra a sus viejos ideales sobre la democratización de la tierra, que le valieron la cárcel, y sostiene que esa aspiración debe de convertirse en realidad en caso de que el actual proceso de paz siga adelante. El banquero y catedrático universitario antes, y ahora comandante guerrillero, ha dicho: "Hablar de reforma agraria le puede costar a Pastrana la presidencia, como a mí me costó la cátedra".