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Ricci 3


En dos colaboraciones anteriores nos referíamos al Padre Matteo Ricci, jesuita italiano, cuyo centenario se celebra en su tierra natal. Para nosotros, es un ilustre desconocido y en los círculos católicos interesados en llevar en misión del evangelio, la buena nueva de Jesús, puede que tenga algún interés por la metodología que usó, de la cual ya hemos hecho alusión. Lo novedoso es que los homenajes centenarios en memoria del científico italiano han tenido lugar en el mundo laico al cual se ha unido el reconocimiento eclesiástico. Muestra de ello es el telegrama enviado por Benedicto XVI al Congreso Internacional “Ciencia , razón, fe. El genio del Padre Matteo Ricci” celebrado en Macerata.

En el mensaje firmado por el Cardenal

Bertone, el Papa expresa “vivo aprecio por la significativa manifestación, encaminada dar a conocer la extraordinaria obra cultural y científica del padre Matteo Ricci, noble hijo esta tierra, como también su profundo amor a la Iglesia y el celo por la evangelización del pueblo chino”. En otra misiva del mes pasado siempre a Monseñor Claudio Guioliodori, obispo de Macerata, el Pontífice subrayó del jesuita la “innovadora y peculiar capacidad de buscar la posible armonía entre la noble y milenaria civilización china y la novedad cristiana”. Destacó “la estrategia pastoral del misionero y la profunda simpatía que nutría por los chinos , por su historia, por su cultura y tradición religiosas que convirtió en original, y podríamos decir, profético su apostolado”.

La vía de la “inculturacion” seguida por Ricci, unida a la práctica incansable de la caridad, supo dar sus frutos, con las conversaciones de importantes dignatarios como de exponentes de categorías modestas, impactados por el gran respeto del misionero por confucianismo y por el patrimonio cultural chino.

“Li Madou –nombre chino del Padre Ricci—murió el 11 de mayo del 1610. Derogando la tradición de no permitir la inhumación en China de los extranjeros, el emperador concedió un terreno para su sepultura, como máximo tributo a su ciencia y su amor a por los chinos.

El silencio secular dentro de la Iglesia sobre Ricci se debió a lo que se conoció como la Controversia de los Ritos Chinos desarrollada entre los misioneros católicos y se dio por terminada con las disposiciones de Benedicto XIV en 1742. Solo en 1939 la Sagrada Congregacion de Propaganda Fide levantaba el juramento que pesaba sobre los misioneros y daba como lícitas algunas ceremonias, consideradas civiles, en honor de Confucio y de los antepasados difuntos. En el Vaticano II, los obispos chinos pidieron la introducción de su causa.

101 años de Panamá América

 
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