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Ríos desechables


La agresión al río Chiriquí Viejo es sistemática, planificada e ilegal. Es sistemática porque unifica subsistemas económicos, legales y políticos. La compra y venta del recurso hídrico panameño nace de las concesiones para generar electricidad en manos de empresas privadas. Es así que este hermoso río es troceado y secado en gran parte de su longitud. Lo que queda de la rebatiña va a dar a manos mexicanas, colombianas, ticas, españolas y panameñas. Un ejemplo acabado de que el nuestro es un país globalizado. Este sistema de expoliación abarca ingenieros, financistas, abogados, banqueros, empresarios y políticos. El sistema se depura y expulsa costumbres seculares, modos de producción y ecosistemas como parte inferior de la cadena alimenticia que debe ser eliminada.

La agresión a los ríos panameños es planificada en torno a la codicia. Se obvia la planeación estratégica del recurso hídrico, que fue cedida y anulada por el Estado, mediante leyes que harían sonrojar de pudor a Monsieur P. Buneau-Varilla. El caudal ecológico del río, es decir, la cantidad de agua que sueltan sin turbinar, queda a libre interpretación del inversionista. Tramos completos del río serán desecados inmisericordemente, para que el club que preside el Sr. Carlos Slim, venda kilowatts a destajo. Los políticos nuestros se aferran a una superstición de tiempos pretéritos: la provisión de agua dulce es ilimitada. Pero cuando se proyecta el costo de oportunidad en un entorno de escasez se hace cierta la frase: “no sabemos lo que vale el agua hasta que se seca el pozo.”

La controversia en tono a los desarrollos hidroeléctricos se agudiza en nuestro país. Los estudios de impacto ambiental son documentos para ejecutar los proyectos, jamás para detenerlos. Los foros públicos no son vinculantes y devienen en sainetes donde los funcionarios públicos ambientales son, algunas veces, más realistas que el rey.

La agresión al río Chiriquí Viejo es ilegal. Viola el principio precautorio establecido en la Constitución y la ley. La cuenca pluvial como unidad receptora de impactos acumulados, no es analizada, la investigación exhaustiva no es planificada. El reto más grande para la gente encargada de la planeación de los recursos hídricos es la creación de modelos que tomen en cuenta variables económicas y no económicas y una interpretación amplia de la función y servicios ambientales generados por una cuenca pluvial. El problema es que el Estado es el convidado de piedra. Veinticuatro hidroeléctricas en cascada destruirán esta cuenca. Los ríos panameños son desechables y se venden al por mayor.

101 años de Panamá América

 
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