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Riqueza


¿Quiere Dios que seamos ricos? Esa pregunta se la siguen haciendo algunos predicadores no católicos, y quizás algunos católicos, que abogan por el Evangelio de la Prosperidad.

En tres de los evangelios Jesús claramente afirma que el que quiera ser su discípulo que se niegue a si mismo, que tome su cruz y que le siga. Más aún, contrastando los placeres de este mundo con su meta evangélica, Exclama: “de qué le sirve al hombre ganar todo el mundo si es con detrimento de su alma? ” . Se considera ésta una de las enseñanzas más radicales del Nuevo Testamento, sin embargo generaciones de gente de iglesia han entendido que ser cristiano en nivel de autenticidad, exige una disposición para sacrificar todo: dinero, fama, autonomía, incluso la propia vida.

Pero dentro del Protestantismo moderno, algunos grupos le han dado la vuelta a la frase y se preguntan “¿por qué no mejor ganar todo el mundo e incluso mi alma?”, por varias décadas este pensamiento ha dominado, según David Van Biema en la revista Time del 18 de setiembre del 2006, el movimiento pentecostal de 10 millones norteamericanos que pareciera haberle dado la vuelta a la frase del evangelio. Ignoran por completo la sentencia del Señor que dice que: Uno no puede servirse a dos señores, al dinero y a Dios. Según este movimiento de dudosa espiritualidad, Dios no quiere que nosotros esperemos. Conocido bajo diversos nombres de “Palabra de Fe”, “Salud y Riqueza”, “Teología de la Prosperidad”, el énfasis está en la prometida generosidad de Dios en ser vida y en la habilidad de los creyentes de pedirla para ellos mismos. Sugieren que un Dios que te ama, no quiere que tu estés económicamente quebrado. Aduciendo para esto el Capítulo 10 de Juan, verso 10: “Yo he venido para que ellos tengan vida, y que esa vida sea abundante”. Por supuesto que está hablando de la vida espiritual, pero resulta cómodo adherirse a la vida material ya que un 17% suscribe esta creencia, mientras que un 61% creen que Dios desea que la gente sea próspera materialmente y un 31% aceptan que si dad dinero a Dios, Dios te lo multiplica con más dinero. “Do ut des” (Doy para que me des). Sin embargo, Jesús en uno de sus mejores momentos, cuando Pedro confiesa que Él es el Mesías, luego habla de su Pasión y de las contradicciones de la cruz para evitar equívocos en su mesianismo. No atesoréis tesoros que los corroe la polilla o como está sucediendo con los problemas de la economía mundial tan variable en la cual muchos que tenían abundante, han perdido cantidades fabulosas.

101 años de Panamá América

 
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