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A Ritmo Lento


El proceso de modernización de la educación avanza muy lentamente. Su ritmo no parece garantizar que en algún momento Panamá estará recuperando el retraso que mantiene con relación a los avances del conocimiento del mundo. Hay que tener muy en cuenta que partimos de un largo período de paralización que duró 20 años como resultado de la dictadura militar, dividiendo a los panameños y dejando una huella de enfrentamientos que aún se manifiesta de tiempo en tiempo.
Entre los mayores problemas que hacen difícil el progreso está la estructura administrativa de ese superministerio que representa, en muchos casos, un obstáculo insalvable para que los cambios se implementen con la rapidez requerida. El Ministerio de Educación no solamente cuenta con una burocracia de seis mil funcionarios, esto es diez veces más que la existente en países que tienen mayor población y cuya educación ha logrado mejores avances, sino que su actitud de indiferencia prorroga indefinidamente las acciones que es necesario tomar.
Por otra parte, para hacer más difícil el andar, existen algunos dirigentes del sector magisterial que se oponen a toda modernización porque se encuentran tan retrasados en su conocimiento que no se atreven a encararla, y menos aún, a liderizarla, como corresponde al gremio de los educadores responsables de forjar el futuro de la Nación. Entre su miedo y su compromiso de política partidista en el que se fundamentan muchas de sus posiciones, la respuesta a cualquier propuesta de mejoramiento es siempre negativa.
Es justo mencionar que se han dado pasos importantes que merecen reconocimiento. Así puede mencionarse la aprobación de una nueva Ley Orgánica, la firma de un Pacto por la Modernización de la Educación, millonarias inversiones en la capacitación del personal docente y en la compra de equipo para las escuelas técnicas, la aprobación de una Ley de Descentralización, el nombramiento de comisiones de trabajo para la transformación curricular, entre otras; pero lo hecho hasta el momento, no representa ni una gota de agua en el mar de propuestas y acciones que exige nuestra situación actual en esta materia.
Igualmente justo es señalar, que muchas propuestas quedan sólo en el enunciado demagógico sin que representen una voluntad de cambio decidida por parte de las autoridades del gobierno y por ello observamos a veces una comunidad desconfiada y desorientada. En el proceso de modernización de la educación se necesita un nuevo impulso renovador que transforme el andar de tortuga en correr de liebre. Cada día que perdemos es una oportunidad de acercarnos al desarrollo que se nos escapa de las manos.

101 años de Panamá América

 
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