Romanticismo de la violencia
Las recientes palabras del Ministro de Gobierno en que se distancia de lo que él considera el “romanticismo de la resocialización” llaman la atención en un contexto marcado por la aprobación de una nueva reforma penal que eleva las penas de prisión –la cuarta en poco menos de tres años- y por la construcción de más cárceles. El nuevo tope para una sentencia que sancione por varios delitos es 50 años de prisión. El mensaje es bastante claro: las cárceles seguirán siendo antros de delincuencia, y no de reforma de los delincuentes. Seguirá imperando la corrupción y la violencia, y Panamá seguirá en la lista de los países que no respeta los derechos humanos de los reos. Si hacemos caso a lo que dice el señor Ministro, pareciera que quienes delinquen han dejado de ser personas, han dejado de tener derechos que el Estado debe proteger. La prisión ha dejado de ser una sanción que restringe derechos para convertirse en el más brutal retribucionismo, según el cual el individuo aniquilado moralmente, y menoscabado en su integridad física y su salud, es el símbolo de la justicia. Este es el romanticismo de la violencia. Es una pena que alguien por el que nadie votó haya tirado por la borda una de las promesas que el Presidente de la República, escogido por el 60% de los panameños, hizo el primer día de su gestión como mandatario.