Romper la mano
En algunos juegos de mesa, cuando alguien tiene que deshacerse de una carta valiosa que desconfigura su jugada, dice que le "rompieron la mano". Como en los juegos de naipes, también en política se toman riesgos y se hacen jugadas, algunas veces exitosas y otras desastrosas. Incluso es posible que en la actividad política se "fuerce la mano"; o sea, que se obligue a otro a hacer algo que no desea o a hacerlo antes de tiempo; sin mencionar el ejemplo extremo de "torcer el brazo" cuando no basta con la mano. Es oportuno recordar otros adagios populares como el de "muchas manos en un plato sólo sirven de arrebato" y "juego de manos, es de villanos".
En el más reciente juego de poder que ha enfrentado a grupos ideológicos de la renaciente izquierda local con el Gobierno de Doña Mireya Moscoso, se ha pretendido hacer "pases de mano" más propios de prestidigitadores que de líderes político-gremiales, para desviar la atención del problema estructural que padece la Caja de Seguro Social (CSS). Recordando los adagios populares, por demasiados años muchas manos, no en un plato, sino en la Caja, le arrebataron a los asegurados no sólo dinero, sino también la tranquilidad de poder confiar en una vejez digna y tranquila. Por años se actuó con demagogia y venalidad, demasiadas veces se dejó de actuar por cobardía o por cálculo electorero.
Por todo lo anterior, cuando el Gobierno de la Presidenta Moscoso cometió el desatino de nombrar en la Dirección General de la CSS a un ideólogo socialista con reputación de profesional dogmático pero honesto, sólo porque lo recomendaban los trabajadores organizados y un par de asesores despistados, la mayor parte de la población del país aplaudió el nombramiento, que además parecía una mejor opción que otro candidato cuya credencial era su proximidad a la señora Presidenta. No sabemos las razones por las cuales el mismo gobierno que nombró al profesor Jované y que pareció estar a gusto con su administración por casi cuatro años, a última hora decide jugarse la mano y sacarlo.
Podemos especular sobre si cruzaron cartas o si uno pescaba la que el otro le soltaba. El asunto es que ante la jugada del Organo Ejecutivo, los sectores que apoyan al profesor Jované decidieron que era el momento de enfrentar al gobierno en un pulso de poder.
Los sectores afines a Jované trataron de forzar la mano del gobierno y llamaron a una Huelga General de Advertencia, que no fue tal cosa. El país funcionó con bastante regularidad, y entre la falta de apoyo popular o el temor a manifestarlo, más la indiferencia conjugada con un chaparrón vespertino, el movimiento obrero se la jugó, y perdió la mano.
Luego de la crispación de los amagos y protestas, después de la descompresión que produce el poder protestar y hacer conocer nuestro malestar, llega el momento de que tanto gobernantes como gobernados, cotizantes y asegurados, funcionarios y beneficiarios, hagamos un alto, nos demos la mano, reconozcamos que ni la salvación ni la ruina de la Caja depende de una persona, y juntos enfoquemos nuestras energías en resolver sus problemas fundamentales. ¿Cómo hacerlo? Tomando decisiones y exhortando unos a otros a emprender la obra constructiva con un entusiasta "Manos a la obra".
En el más reciente juego de poder que ha enfrentado a grupos ideológicos de la renaciente izquierda local con el Gobierno de Doña Mireya Moscoso, se ha pretendido hacer "pases de mano" más propios de prestidigitadores que de líderes político-gremiales, para desviar la atención del problema estructural que padece la Caja de Seguro Social (CSS). Recordando los adagios populares, por demasiados años muchas manos, no en un plato, sino en la Caja, le arrebataron a los asegurados no sólo dinero, sino también la tranquilidad de poder confiar en una vejez digna y tranquila. Por años se actuó con demagogia y venalidad, demasiadas veces se dejó de actuar por cobardía o por cálculo electorero.
Por todo lo anterior, cuando el Gobierno de la Presidenta Moscoso cometió el desatino de nombrar en la Dirección General de la CSS a un ideólogo socialista con reputación de profesional dogmático pero honesto, sólo porque lo recomendaban los trabajadores organizados y un par de asesores despistados, la mayor parte de la población del país aplaudió el nombramiento, que además parecía una mejor opción que otro candidato cuya credencial era su proximidad a la señora Presidenta. No sabemos las razones por las cuales el mismo gobierno que nombró al profesor Jované y que pareció estar a gusto con su administración por casi cuatro años, a última hora decide jugarse la mano y sacarlo.
Podemos especular sobre si cruzaron cartas o si uno pescaba la que el otro le soltaba. El asunto es que ante la jugada del Organo Ejecutivo, los sectores que apoyan al profesor Jované decidieron que era el momento de enfrentar al gobierno en un pulso de poder.
Los sectores afines a Jované trataron de forzar la mano del gobierno y llamaron a una Huelga General de Advertencia, que no fue tal cosa. El país funcionó con bastante regularidad, y entre la falta de apoyo popular o el temor a manifestarlo, más la indiferencia conjugada con un chaparrón vespertino, el movimiento obrero se la jugó, y perdió la mano.
Luego de la crispación de los amagos y protestas, después de la descompresión que produce el poder protestar y hacer conocer nuestro malestar, llega el momento de que tanto gobernantes como gobernados, cotizantes y asegurados, funcionarios y beneficiarios, hagamos un alto, nos demos la mano, reconozcamos que ni la salvación ni la ruina de la Caja depende de una persona, y juntos enfoquemos nuestras energías en resolver sus problemas fundamentales. ¿Cómo hacerlo? Tomando decisiones y exhortando unos a otros a emprender la obra constructiva con un entusiasta "Manos a la obra".