Rompiendo el "chanchito"
No más unas pocas semanas atrás, fuimos testigos de furiosas manifestaciones de empleados públicos que exigieron y lograron a gritos que la Asamblea Legislativa y el Ejecutivo acordaran devolverles dineros acumulados de sus salarios que constituían un fondo para complementar sus magras jubilaciones futuras. De nada valió nuestra exhortación a la sensatez, al evitar el "pan para hoy y el hambre mañana", porque nadie quiso entender que cualesquiera fueran las privaciones del presente, serían mucho peores llegada la ancianidad.
Fue dramático que poco después, marcharan los jubilados y pensionados a exigir igualmente en las calles el aumento de sus pensiones de hambre, que usualmente les coloca en situación de mendicidad, precisamente por no contar con ahorros propios ni con un fondo complementario que mejorara sus pensiones, irónicamente el mismo fondo que acababa de ser desmantelado por los trabajadores estatales activos de hoy.
Por eso, no es de extrañar que el Ejecutivo, que ha sido el primero en propiciar una cultura contraria al ahorro, con muestras tales como la compra de una flota de Cadillacs con ocasión de una cumbre presidencial y los viajes en helicóptero, echara el ojo al 1.8 billón de balboas del Fondo Fiduciario, para ejecutar sus obras de gobierno, ante su incapacidad para encontrar fórmulas más creativas como las que adoptaron las administraciones previas de Guillermo Endara y Ernesto Pérez Balladares.
Romper el "chanchito" dista de ser una alternativa edificante para hacer frente a los aprietos de efectivo, al tiempo que se vuelve a proyectar a la ciudadanía una deplorable imagen de ineptitud contraria a una cultura de ahorro. Con este tipo de política se marcha a contrapelo de los países que alcanzaron el desarrollo o están en vías de lograrlo sobre los lomos del ahorro de sus habitantes. Porque son las altísimas tasas de ahorro de los alemanes, japoneses, chinos y chilenos, sobre los que cabalga el progreso de sus naciones.
Es finalmente lamentable que este gobierno haya dado el primer paso para lo que será camino a seguir por los gobiernos que lo sucedan: todos, gracias a los precedentes del actual, buscarán la forma de desmantelar y gastar hasta el último centavo del único ahorro nacional que es el Fondo Fiduciario para el Desarrollo. Cuando se lo gasten, bien o mal, no quedará más que pedazos de una alcancía o más bien una esperanza vacía.
Fue dramático que poco después, marcharan los jubilados y pensionados a exigir igualmente en las calles el aumento de sus pensiones de hambre, que usualmente les coloca en situación de mendicidad, precisamente por no contar con ahorros propios ni con un fondo complementario que mejorara sus pensiones, irónicamente el mismo fondo que acababa de ser desmantelado por los trabajadores estatales activos de hoy.
Por eso, no es de extrañar que el Ejecutivo, que ha sido el primero en propiciar una cultura contraria al ahorro, con muestras tales como la compra de una flota de Cadillacs con ocasión de una cumbre presidencial y los viajes en helicóptero, echara el ojo al 1.8 billón de balboas del Fondo Fiduciario, para ejecutar sus obras de gobierno, ante su incapacidad para encontrar fórmulas más creativas como las que adoptaron las administraciones previas de Guillermo Endara y Ernesto Pérez Balladares.
Romper el "chanchito" dista de ser una alternativa edificante para hacer frente a los aprietos de efectivo, al tiempo que se vuelve a proyectar a la ciudadanía una deplorable imagen de ineptitud contraria a una cultura de ahorro. Con este tipo de política se marcha a contrapelo de los países que alcanzaron el desarrollo o están en vías de lograrlo sobre los lomos del ahorro de sus habitantes. Porque son las altísimas tasas de ahorro de los alemanes, japoneses, chinos y chilenos, sobre los que cabalga el progreso de sus naciones.
Es finalmente lamentable que este gobierno haya dado el primer paso para lo que será camino a seguir por los gobiernos que lo sucedan: todos, gracias a los precedentes del actual, buscarán la forma de desmantelar y gastar hasta el último centavo del único ahorro nacional que es el Fondo Fiduciario para el Desarrollo. Cuando se lo gasten, bien o mal, no quedará más que pedazos de una alcancía o más bien una esperanza vacía.