Rosie
Con motivo de la inesperada muerte de mi consuegra Rose Marie Porras de De la Guardia, Rosie para sus múltiples amistades y Coco para sus descendientes, pasan por mi mente en rápida sucesión muchas etapas de su muy inquieta, interesante y productiva vida. Siempre me he preguntado muchas veces qué es y ahora qué fue Rosie. La respuesta no me fue difícil, ella era muchas cosas. Tenía una mente creativa, fue generosa y su energía la puso siempre para hacer el bien y servirle a la comunidad. Antes que nada fue muy dedicada a su familia, a quien quiso mucho y disfrutó de su compañía. Su espíritu inquieto siempre le hacía hacer muy distintas cosas. Fue impulsadora del Teatro en Círculo (productora de obras, directora, artista, etc.), y al igual de muchas organizaciones cívicas.
Recuerdo que para las navidades hacía en su casa una gran fiesta familiar. Ella producía, dirigía y hacía también los diálogos en sus Cuentos Navideños, salidas, por supuesto, de su mente fecunda. Los actores siempre eran su prole; aún los más pequeños tenían siempre su papel.
Nuestra nieta mayor, Cristina, madre ahora de trillizos, recuerdo bien que cuando aprendía a hablar le dije: “Ve donde el Cuco (era el diablo) –que es tu abuela- y dile lo siguiente: “Cuco es fea.”. Como no sabía hablar, no podía pronunciar Cuco y lo cambiaba por Coco y dando sus cortos pasitos iba corriendo donde su abuela y le decía: “Coco es fea, dice Famy”. Su abuela por supuesto, ni corta ni perezosa, le respondía: “Tu abuelo Samy es loco”. Y así fue como se originó el nombre de Coco con el cual siempre la llamaba toda su numerosa descendencia.
Con Coco me unía un gran cariño. Desde que se casaron su hija Elisa y Enrique mi hijo supe que para llevarse bien con ella había que ser uno tan imprudente, como muchas veces, ella lo era y tener el mismo humor negro que con frecuencia utilizaba.
Coco fue una empresaria de mucha acción y de actividades múltiples. Tomaba las cosas en serio y las llevaba hasta el final. No daba descanso a su espíritu y agotaba sus energías hasta lograrlo siempre con su positivismo y una sonrisa a flor de labio, muy encantadora, por cierto, que desarmaba a cualquiera que no estuviera de acuerdo con su manera de pensar.
Rosie o Coco le sacó el jugo a la vida y disfrutó de ella hasta la última gota. Le rindo con estas cortas líneas, plenas de cariño, mi tributo a una noble, inigualable y gran mujer.