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Ruído


El ruido innecesario, criminal contaminante del ambiente en nuestro país, es un poderosísimo señor contra el cual hay miles de quejas al día, pero quienes los que los producen son temidos o alcahuetados por las autoridades a pesar de tener la obligación de perseguirlo y castigarlo. Dentro de pocos años, la república estará colmada de víctimas de la sordera y otros malos debido a la indolencia.
El problema es serio, sumamente serio. Y tenemos que sufrir los anuncios de que a un traficante en drogas se le impone una severa pena por el delito contra la salud pública, pero sin que se le haga lo mismo a cuanto despiadado le revienta los oídos al vecino conmúsica a todo volumen a la hora de dormir o a la quema de cohetes en noches de días no feriados y que los pasajeros del transporte público sigan siendo sometidos al tormento de un infernal estallido de troneras.
Sería saludable que la Asociación Médica Nacional, el Ministerio de Salud y la ANAM, más la Alcaldía del Distrito coordinaran una decisiva batalla contra este flagelo.
Con frecuencia advertimos que los medios de comunicación informan de la condena a la cárcel de un narcotraficante por lo que se denomina: "delito contra la salud pública", ¿pero no es acaso delito contra la salud pública hacerle perder la audición a la gente y a sufrir distintos males?
Hacemos un llamado vehemente a nuestras autoridades para que de una vez por todas, y por piedad para con el prójimo, tomen medidas para erradicar de nuestro malogrado ambiente los exagerados ruidos innecesarios.
Abrigamos serios temores de que en cualquier momento alguien desesperado por algún vecino o por algún conductor de transporte público que haya sido sordo a sus llamas de consideración, se transforme de hombre en tigre y cometa una grave agresión que tendríamos que lamentar y qué, desgraciadamente, presentimos que no está lejana.

101 años de Panamá América

 
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