Ruido infernal
Deseamos hacer nuevamente un atento llamado de atención a la directora de la Autoridad Nacional del Ambiente, al Alcalde del Distrito de Panamá y a la nueva ministra de Salud, a fin que consideren la conveniencia de reunirse a la mayor brevedad posible. Urge un programa de acción valiente y sostenido para combatir los ruidos excesivos por parte de delincuentes agresores del pueblo que sufre a diario y por todas partes, un inmisericorde ataque a su sistema auditivo. Llevamos ya más de dos años de estar clamando porque nos salvemos de una vez por todas, de sufrir una sordera generalizada a lo que estamos siendo condenados por enemigos de la salud pública.
Hace escasamente unos tres días publicamos la colaboración de un ciudadano que nos informaba que en Barcelona, se condenó a dos años de prisión a un individuo por haber estado torturando a un vecino con música estridente. Más aún, el Ayuntamiento de Valladolid fue condenado a pagar a una familia local, en concepto de indemnización, la suma de 120, 946 euros, equivalentes a 165, 455 dólares por no haberla protegido del ruido de un bar cercano a su domicilio durante ocho años.
En nuestra vida cotidiana ya es notorio el gran número de personas a quienes hay que repetirle las cosas para que entiendan. Para cerciorarse de ello basta entrar a uno de esos almacenes que en horas de trabajo, tienen aparatos funcionando a todo volumen y dirigirse a uno de los dependientes.
Exhortamos a los tres funcionarios mencionados a que produzcan cuanto antes esa urgente reunión, a fin de evitar que se siga perpetrando diariamente ese delito contra la salud pública.
Hace escasamente unos tres días publicamos la colaboración de un ciudadano que nos informaba que en Barcelona, se condenó a dos años de prisión a un individuo por haber estado torturando a un vecino con música estridente. Más aún, el Ayuntamiento de Valladolid fue condenado a pagar a una familia local, en concepto de indemnización, la suma de 120, 946 euros, equivalentes a 165, 455 dólares por no haberla protegido del ruido de un bar cercano a su domicilio durante ocho años.
En nuestra vida cotidiana ya es notorio el gran número de personas a quienes hay que repetirle las cosas para que entiendan. Para cerciorarse de ello basta entrar a uno de esos almacenes que en horas de trabajo, tienen aparatos funcionando a todo volumen y dirigirse a uno de los dependientes.
Exhortamos a los tres funcionarios mencionados a que produzcan cuanto antes esa urgente reunión, a fin de evitar que se siga perpetrando diariamente ese delito contra la salud pública.