Rumbo al centenario
Distintos esfuerzos provenientes de diversos ángulos del quehacer nacional, tanto público como privado, nos hacen saber que nos encontramos en ruta a la celebración de los cien años de nación independiente.
No queda más que animar y alentar a los que específicamente se han echado a las espaldas este cometido, sin olvidar de que en el camino habrá momentos estelares y, sobre todo, eventos muy realistas y muy nuestros como es toda esa maraña de la carta apócrita con la lista de los que pueden ser "pinchados" en sus líneas telefónicas con todas las invectivas consecuentes, procesos judiciales, la merma creciente de falta de credibilidad, el incremento de la indiferencia y apatía ante este hecho y otros que periódicamente se repiten como sinónimos de lo que oíamos, en otros tiempos, que será la condenación eterna donde se nos repetirá rítmica e ininterrumpidamente "para siempre, para siempre".
Frente a estas realidades tan nuestras, este grupo de patriotas que queremos marchar hacia una celebración concreta, viene a mi mente la constante: "Se han perdido los valores" "Se han perdido los valores" ¿Qué queremos decir con eso? ¿Qué anhelamos al repetir la misma frase?.
Durante el mes de noviembre los católicos hacemos la Oración por la Patria (lo menos que podemos hacer si somos creyentes y más si hemos perdido toda la credibilidad en nosotros mismos): "Donde los que mandan (no sólo la presidenta, sino todos los que tienen mando y jurisdicción, los jefes de oficina, de grupos humanos, directores, los padres y madres de familia) busquen el bien común (que es el menos común de los bienes), donde se supere el odio y el rencor, por la generosidad que comparte los bienes que Tu nos has dado". Mucho se habla de la educación en valores, en términos de novedad o de reciente descubrimiento pedagógico. Sin embargo, toda educación es y ha sido siempre en "valores" cognoscitivos, afectivos, sociales, formales. Algunos de ellos han ido cambiando con las culturas y con la época, otros son eternos y universales. Lo que es evidente es que todo maestro o maestra, profesor o profesora que ejerza vocacionalmente vive su trabajo como una misión, como un mandato de educar en valores, cualquiera que sea su encargo pedagógico. El acto educativo siempre lleva un plus añadido de inconsciente. Valores como generosidad, solidaridad, tolerancia, respeto, convivencia pacífica, amor por el conocimiento... forman parte del currículo más o menos explícito de todos los docentes, y obviamente los docentes son siempre educadores en mayor o menor medida, lo quieran o no.
El conflicto surge cuando la vida de todos los implicados en el proceso educativo se desarrolla en la convivencia social en su papel de ciudadanos. En ese ámbito, la transmisión de valores es totalmente contradictoria con los que trabajan en la escuela y los que, como tales, figuran en los planes de educación de una forma más o menos explícita. Los mensajes de la publicidad, los contenidos televisivos y de otros medios de comunicación están claramente orientados, en su mayoría, a sobrevalorar el consumo como símbolo del triunfo, a primar el tener sobre el ser y a justificar los medios para la consecución de tal fin. El dios de los tiempos que vivimos -dinero, poder y hedonismo, como una trinidad- constituye el modelo que se ofrece a los niños y niñas y jóvenes de hoy. En estos términos, los medios adquieren una dimensión formidable, el "todo vale", el "juega vivo" es moneda corriente: violencia, estafa, desprecio por el otro, con tal de no dejarse "sorprender" por la ley o mantener hábilmente al fin del delito. Y no digamos cuando el afectado es el bien común: estafas al Seguro Social, revisados brujos, los "cangrejos" (artefacto para robar electricidad), incluso estos aspectos son apreciados como signos de astucia e inteligencia.
Todo esto pareciera que constituye una de las causas por la que la educación en valores se ha puesto de moda. Para mucha gente están sonando alarmas y esto se demuestra en el reclamo insistente de una educación en valores como tabla de salvación para esta sociedad en perenne conflicto como el remedio milagroso para lograr un mundo más justo. En ese sentido, el buscar la educación en los valores es la parte positiva de esta moda. Se lucha por otro modelo de sociedad y que los planteamientos políticos cambien y se luche por una preeminencia de la ética en las relaciones entre los pueblos.
Nos tenemos que salvar todos con el concurso de todos, en contra de que sea uno solo el que se salve. Esta actitud renueva la fe y la confianza en la humanidad. Ya no vale ser únicamente generoso, tolerante, respetuoso, solidario... con el vecino, el ciudadano, la comunidad o el país propio. Las nuevas voces claman por unos valores globalizados, hay que ser tolerante, respetuoso, solidario... con el vecino, el ciudadano, la comunidad o el país propio. Las nuevas voces claman por unos valores globalizados, hay que ser tolerante, respetuoso, generoso, solidario... con todos los pueblos y naciones de este mundo, sobre todo con los más pobres y empobrecidos.
Aconsejan entendidos en la educación de los valores que es una exigencia de esa educación, a fuerza de ser auténtica, el adquirir conciencia de que es prioritario el que de todos los sectores de la sociedad participen activamente para que esa educación para el desarrollo sea el norte de todas las relaciones humanas.
Hay que sacar la educación a la calle, no dejarla al ámbito de escuelas, colegios y universidades; que lo que se aprende se note, se perciba en la praxis de esos valores aprendidos. Sólo así transformaremos debidamente esta patria centenaria.
Los casos que aborda un corregidor del campo son muy distintos a las que atiende uno de la ciudad. El primero, por ejemplo, resuelve litigios relacionados con problemas de tierra, violencia intrafamiliar y los comunes conflictos vecinales.
Pero, pese a las críticas y deficiencias que se le endilgan a este funcionario, ejerce un papel como mediador con mayor fuerza que el funcionario de la capital. "Se diferencia del citadino por ser más mediador, busca la solución pacífica de los conflictos", refirió Magali Castillo.
El corregidor que actúa con injusticia no es impune, aunque así lo pareciera. De acuerdo con Jorge Fabián Gutiérrez, director de Orientación y Protección de los Derechos Humanos de la Defensoría del Pueblo, la justicia prevé sanciones contra este funcionario público cuando cometa alguna falta.
Gutiérrez convidó a los ciudadanos para que acudan a esa instancia para recibir orientación de dónde deben presentar la denuncia, si han sido ultrajados en sus derechos por algún corregidor.
Aclaró que la Defensoría no puede aplicar sanciones, porque la ley no la faculta para ello, pero sí puede emitir una condena moral por su mala conducta. Ilustró que desde su despacho las denuncias que más se reciben son por desalojo, "aunque también se reciben muchas denuncias por abuso contra la libertad".
"Vemos que cuando se da la falta es porque el funcionario atendió un caso que no era de su competencia y ejecuta acciones que exceden las faltas. Por eso se requiere urgentemente una capacitación de estos funcionarios en igualdad de términos", recomendó.
No queda más que animar y alentar a los que específicamente se han echado a las espaldas este cometido, sin olvidar de que en el camino habrá momentos estelares y, sobre todo, eventos muy realistas y muy nuestros como es toda esa maraña de la carta apócrita con la lista de los que pueden ser "pinchados" en sus líneas telefónicas con todas las invectivas consecuentes, procesos judiciales, la merma creciente de falta de credibilidad, el incremento de la indiferencia y apatía ante este hecho y otros que periódicamente se repiten como sinónimos de lo que oíamos, en otros tiempos, que será la condenación eterna donde se nos repetirá rítmica e ininterrumpidamente "para siempre, para siempre".
Frente a estas realidades tan nuestras, este grupo de patriotas que queremos marchar hacia una celebración concreta, viene a mi mente la constante: "Se han perdido los valores" "Se han perdido los valores" ¿Qué queremos decir con eso? ¿Qué anhelamos al repetir la misma frase?.
Durante el mes de noviembre los católicos hacemos la Oración por la Patria (lo menos que podemos hacer si somos creyentes y más si hemos perdido toda la credibilidad en nosotros mismos): "Donde los que mandan (no sólo la presidenta, sino todos los que tienen mando y jurisdicción, los jefes de oficina, de grupos humanos, directores, los padres y madres de familia) busquen el bien común (que es el menos común de los bienes), donde se supere el odio y el rencor, por la generosidad que comparte los bienes que Tu nos has dado". Mucho se habla de la educación en valores, en términos de novedad o de reciente descubrimiento pedagógico. Sin embargo, toda educación es y ha sido siempre en "valores" cognoscitivos, afectivos, sociales, formales. Algunos de ellos han ido cambiando con las culturas y con la época, otros son eternos y universales. Lo que es evidente es que todo maestro o maestra, profesor o profesora que ejerza vocacionalmente vive su trabajo como una misión, como un mandato de educar en valores, cualquiera que sea su encargo pedagógico. El acto educativo siempre lleva un plus añadido de inconsciente. Valores como generosidad, solidaridad, tolerancia, respeto, convivencia pacífica, amor por el conocimiento... forman parte del currículo más o menos explícito de todos los docentes, y obviamente los docentes son siempre educadores en mayor o menor medida, lo quieran o no.
El conflicto surge cuando la vida de todos los implicados en el proceso educativo se desarrolla en la convivencia social en su papel de ciudadanos. En ese ámbito, la transmisión de valores es totalmente contradictoria con los que trabajan en la escuela y los que, como tales, figuran en los planes de educación de una forma más o menos explícita. Los mensajes de la publicidad, los contenidos televisivos y de otros medios de comunicación están claramente orientados, en su mayoría, a sobrevalorar el consumo como símbolo del triunfo, a primar el tener sobre el ser y a justificar los medios para la consecución de tal fin. El dios de los tiempos que vivimos -dinero, poder y hedonismo, como una trinidad- constituye el modelo que se ofrece a los niños y niñas y jóvenes de hoy. En estos términos, los medios adquieren una dimensión formidable, el "todo vale", el "juega vivo" es moneda corriente: violencia, estafa, desprecio por el otro, con tal de no dejarse "sorprender" por la ley o mantener hábilmente al fin del delito. Y no digamos cuando el afectado es el bien común: estafas al Seguro Social, revisados brujos, los "cangrejos" (artefacto para robar electricidad), incluso estos aspectos son apreciados como signos de astucia e inteligencia.
Todo esto pareciera que constituye una de las causas por la que la educación en valores se ha puesto de moda. Para mucha gente están sonando alarmas y esto se demuestra en el reclamo insistente de una educación en valores como tabla de salvación para esta sociedad en perenne conflicto como el remedio milagroso para lograr un mundo más justo. En ese sentido, el buscar la educación en los valores es la parte positiva de esta moda. Se lucha por otro modelo de sociedad y que los planteamientos políticos cambien y se luche por una preeminencia de la ética en las relaciones entre los pueblos.
Nos tenemos que salvar todos con el concurso de todos, en contra de que sea uno solo el que se salve. Esta actitud renueva la fe y la confianza en la humanidad. Ya no vale ser únicamente generoso, tolerante, respetuoso, solidario... con el vecino, el ciudadano, la comunidad o el país propio. Las nuevas voces claman por unos valores globalizados, hay que ser tolerante, respetuoso, solidario... con el vecino, el ciudadano, la comunidad o el país propio. Las nuevas voces claman por unos valores globalizados, hay que ser tolerante, respetuoso, generoso, solidario... con todos los pueblos y naciones de este mundo, sobre todo con los más pobres y empobrecidos.
Aconsejan entendidos en la educación de los valores que es una exigencia de esa educación, a fuerza de ser auténtica, el adquirir conciencia de que es prioritario el que de todos los sectores de la sociedad participen activamente para que esa educación para el desarrollo sea el norte de todas las relaciones humanas.
Hay que sacar la educación a la calle, no dejarla al ámbito de escuelas, colegios y universidades; que lo que se aprende se note, se perciba en la praxis de esos valores aprendidos. Sólo así transformaremos debidamente esta patria centenaria.
Los casos que aborda un corregidor del campo son muy distintos a las que atiende uno de la ciudad. El primero, por ejemplo, resuelve litigios relacionados con problemas de tierra, violencia intrafamiliar y los comunes conflictos vecinales.
Pero, pese a las críticas y deficiencias que se le endilgan a este funcionario, ejerce un papel como mediador con mayor fuerza que el funcionario de la capital. "Se diferencia del citadino por ser más mediador, busca la solución pacífica de los conflictos", refirió Magali Castillo.
El corregidor que actúa con injusticia no es impune, aunque así lo pareciera. De acuerdo con Jorge Fabián Gutiérrez, director de Orientación y Protección de los Derechos Humanos de la Defensoría del Pueblo, la justicia prevé sanciones contra este funcionario público cuando cometa alguna falta.
Gutiérrez convidó a los ciudadanos para que acudan a esa instancia para recibir orientación de dónde deben presentar la denuncia, si han sido ultrajados en sus derechos por algún corregidor.
Aclaró que la Defensoría no puede aplicar sanciones, porque la ley no la faculta para ello, pero sí puede emitir una condena moral por su mala conducta. Ilustró que desde su despacho las denuncias que más se reciben son por desalojo, "aunque también se reciben muchas denuncias por abuso contra la libertad".
"Vemos que cuando se da la falta es porque el funcionario atendió un caso que no era de su competencia y ejecuta acciones que exceden las faltas. Por eso se requiere urgentemente una capacitación de estos funcionarios en igualdad de términos", recomendó.