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Ruta 2 para un SUS


Propongo que se conforme una Aseguradora Nacional de Salud (ANS)..
ANTES QUE nada debo aclarar que a mediados del mes de noviembre recibí un mensaje de texto del señor Ministro de Salud invitándome a participar en la discusión de un nuevo sistema sanitario. Por entonces me encontraba de viaje en Japón y China. De modo que no participé en el estudio. No obstante, tras leer lo publicado sobre el tema, quisiera hacer algunas consideraciones basadas en 20 años de experiencia en hospitales del Sistema Integrado de Salud (SIS).
Todavía no he leído razonamientos cuerdos y castos que se opongan a un Sistema Único de Salud (SUS) y yo comparto esta necesidad perentoria. Pero no debemos confundir el SUS con el SIS. Este último ha fracasado por muchísimas razones, la principal es que verdaderamente nunca se integraron realmente ni el MINSA ni la CSS y lo que es clave, tampoco hubo conciencia de integración entre los funcionarios de mediana y baja categoría. La muy buena intención de entonces, como la de ahora, era evitar duplicaciones innecesarias, pero la realidad ha sido otra y tengo razones suficientes para escribir varios artículos sobre esto.
Una posible falla fundamental que observo, es que se pretende introducir el nuevo sistema primero por regiones o provincias, e ir poco a poco expandiéndolo al resto del país. A mi juicio, eso es cometer el mismo error del SIS, donde se integraron las provincias poco a poco, pero jamás se integró la capital, donde está el grueso de la atención y de recursos y que actualmente, por estar sobrecargado, es el cuello de botella para solucionar las carencias del interior del país.
En mi opinión, como ha sido propuesto por la comisión presidencial, el Ministerio de Salud debe limitarse a actualizar, controlar y administrar la política sanitaria del país e impartir la prevención primaria. La CSS se debe limitar al sistema de jubilaciones y pensiones. No veo inconveniente en la formación de una Autoridad Nacional de Atención de Salud (ANAS) o un ente administrativo unificado (EAU) pequeño y ágil integrado por representantes de las instituciones sanitarias nacionales que deba rendir cuentas a la Contraloría, al poder Ejecutivo y al Legislativo, y cuyo director debiera ser escogido por concurso de antecedentes y oposición.
En un país capitalista que supuestamente se maneja según la oferta y la demanda, es un error someter la salud pública a un sistema rígido de control estatal absoluto. Eso generaría desigualdad e incompetencia entre otras. Así lo ha demostrado la experiencia de todos los países del área. Tampoco es posible dejar la salud en manos de oligo-monopolios nacionales o extranjeros. Pero en una democracia con responsabilidad social, el Estado sí puede y debe competir en este mercado haciendo prevalecer las normas de justicia y equidad distributiva de una política sanitaria científicamente diseñada. Por eso propongo que se conforme una Aseguradora Nacional de Salud (ANS), que se encargaría de administrar los recursos económicos y cuyas acciones mayoritarias serían de CSS-MINSA y el resto, minoritario, vendidas al público. La ANS estaría bajo control del EAU y daría opciones para distintas prestaciones según el ingreso de cada asegurado. El Plan A voluntario, el más costos, a valor del mercado dedicado a empresarios, estaría cubierto por una póliza sin restricciones, incluso internacionales, salvo las usuales y acostumbradas. Plan B, voluntario, costo moderado, destinado a ejecutivos, con la única restricción de no cubrir atención en el exterior salvo en casos que haya reconocimiento recíproco con el SUS. Plan C obligatorio de costo mínimo y universal, dedicado al público en general que cubriría a todos los asegurados, trabajen o no (paga el Estado) y que sólo tendría restricciones logísticas pero no de calidad de atención. Podrán atenderse en los distintos centros de su preferencia y con lo médicos que integren voluntariamente el SNS, pero estarán limitados dentro de la Región Sanitaria a la que pertenezca por razón de domicilio y en caso de urgencia podrá ser atendido en cualquiera de las instituciones públicas y privadas que firmen contrato con la ANS. Las emergencias médicas o de catástrofe serían cubiertas por todas las instituciones de salud del territorio nacional públicas o privadas sin restricción alguna.
El país sería dividido en cuatro o cinco regiones sanitarias, con administraciones locales dependientes sólo del EAU y de la ANS. Cada región generaría su propio presupuesto y se ocuparía de controlar la salud de la región con apoyo del EAU de tal forma que para cada problema regional habría una solución adecuada, pero distinta a las de otras regiones. Las especialidades complejas debieran centralizarse en la Región Capital u otra demográficamente similar, bajo institutos especializados. Por ejemplo, el Instituto Panameño de Enfermedades Cardiovasculares atendería los casos de cirugía, trasplante y enfermedades cardiovasculares agudas y raras. El Instituto de Neurología se encargaría de las enfermedades neurológicas clínicas y quirúrgicas complejas y así con las demás especialidades. Cada instituto no sólo debe dar atención, sino debe investigar y hacer docencia y por allí rotarían obligatoriamente los médicos regionales bajo un plan de educación continuada y actualización.
Las Regiones Sanitarias también obtendrán y destinarán recursos para la investigación y la docencia. Una Red de Información Sanitaria (RIS) mantendría comunicación directa con el EAU el ANS y las demás regiones entre sí de tal forma que cualquiera puede tener informe de las camas disponibles y los turnos y citas de los usuarios que pudiera hacerse vía Internet o telefónica.
La ANS recibiría las cuotas de las tres opciones A, B, C pagadas mensual o anualmente en forma anticipada y por descuento directo a sus clientes cuando la validez de la póliza caduque y se renueve. El Estado puede obtener recursos a través de venta de acciones o un Impuesto de Salud similar al educativo, con la salvedad que estos ingresos serían cobrados e irían directamente al EA supervisado como hemos dicho por la Contraloría General de la República.
En la actualidad gran número de contribuyentes paga Seguro Social y, además, un seguro privado de salud al mismo tiempo. Con mucho menos costo puede tener mayor y mejor cobertura. El otro beneficio es que se fomentaría la sana competencia científica y sanitaria entre las regiones. Se descentralizaría la atención de la capital y solo casos muy contados tendrían que trasladarse para un tratamiento poco usual. Con la sana competencia se lograrían mejores estadísticas. Se fomentaría el sistema de sueldos móviles según capacidad y méritos a través de convenciones paritarias. Se tendría un mejor control sanitario con una información más rápida y permanente. La responsabilidad y rendición de cuentas sería más fácil de detectar. Esta es una ruta alternativa, de ella se pueden desprender otras, pero mi deseo es que todas nos lleven a un mejor destino.
(drjcal@psi.net.pa)

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