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Sabemos que un país anda mal...


Sabemos que un país anda mal cuando su ministro de Comercio anuncia como el mayor logro de su gestión que la señorita Venezuela sí llegará al país para el concurso de Miss Universo. Sabemos que un país anda mal cuando una extranjera decide a quién premia y a quién castiga con la asignación de la propaganda estatal para comprar voces y conciencias.
Sabemos que un país anda mal cuando una ministra rompe todos los récords al antagonizar explosivamente con los productores agropecuarios a quienes debe servir, a la semana de tomar posesión del cargo.
Sabemos que un país anda mal cuando una mano mece la cuna y, a través del nombramiento de sus fichas, controla todos los negociados del gobierno, convirtiéndose en el verdadero poder detrás del trono.
Sabemos que un país anda mal cuando un tablero escolar que el Ministerio de Educación compró el año pasado en B/.134.00, ahora debe comprarse en B/.200.00 por órdenes superiores, tratándose del mismo tablero y cuyo costo en plaza no ha aumentado.
Sabemos que un país anda mal cuando un procurador acusa a las altas autoridades del gobierno de ser los principales obstáculos a la transparencia y a la solución de los graves casos de corrupción que le ha tocado investigar. También lo sabemos cuando las autoridades aludidas aparecen descaradamente en los medios tratando de negar lo obvio.
Sabemos que un país anda mal cuando el pueblo es castigado con una nefasta reforma tributaria y un abusivo aumento de los servicios públicos, y la presidenta se lava las manos y le echa la culpa al gobierno anterior, aunque después la presión popular la haya obligado a dar otro tipo de respuesta.
Sabemos que un país anda mal cuando su economía ha crecido al nivel más bajo de todos los países centroamericanos (0.3% y 0.8% en los años 2001 y 2002) y los voceros del gobierno reiteran sus promesas de que este año sí alcanzaremos nuestras metas de crecimiento. Sabemos, además, que está mal cuando quienes así nos mienten son los mismos que nos han metido en esta recesión desde un principio.
Sabemos que un país anda mal cuando todos esperamos ver liderazgo y honestidad en la presidenta y en vez, ella nos muestra terquedad al mantener un equipo de incapaces en el Gabinete y, además, trata de desviar nuestra atención contándonos lacrimosamente porqué debe ser la genuina ocupante de la mansión de Punta Mala. En fin, sabemos que nuestro país anda mal porque un gobierno corrupto e ineficaz, con la arrogancia de quien se siente intocable, se ha enseñoreado de nuestras instituciones, convirtiéndose en la razón y causa de que en efecto, Panamá ande tan mal.

101 años de Panamá América

 
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