¿Salario mínimo?
Los salarios bajos son el talón de Aquiles de los Trabajadores. Un buen salario determina una mejor y mayor adquisición de bienes, productos o servicios para disfrutar de una mejor vida. Determina, también, una mejor educación, mejor vivienda, con mejores vecinos. Tanto los bienes como los servicios que compramos, guardan una relación con el precio que pagamos por ellos. Se deduce que quien más gana, podrá gastar más y por ende, disfrutará más de la vida. Seria reflexión que nos impone el actual sistema de cosas en donde el dinero impone diferencias entre ricos y pobres, alejados cada vez más del valor que tiene el ser humano como persona.
No creo que el salario mínimo pueda en Panamá corregir las diferencias sustanciales o abismales entre ricos y pobres. A pesar de ser un mecanismo eficaz para distribuir el ingreso nacional que generan los trabajadores y los gerentes e inversionistas que crean empresas, existen otros mecanismos distributivos del ingreso, como los tributos; las tasas e impuestos, entre ellos.
Ocurre que en Panamá hemos observado que cada vez que se da un aumento de salario para los trabajadores, el empresario rápidamente cubre la diferencia que pierde al reconocer los salarios, aumento los precios en los bienes o servicios que él produce o vende. También algunas veces opta por reducir su planilla -votar trabajadores-. El empresario está acostumbrado a cierto nivel de ganancia y además hace esfuerzos desesperados para aumentarlas. De la noche a la mañana si se encuentra con que en vez de sus tres tajadas de sandía sólo tiene en su mesa dos, lanzará una exclamación,¡Dondé esta mi otra tajada de sandía! Claro que con esto nos estamos refiriendo a sus ganancias. Por ello, consideramos el problema de los salarios un tema difícil en Panamá, susceptible de corregirse poco a poco a través de herramientas que no depriman la inversión, que no cause bajas entre los trabajadores y que no atente contra la estabilidad de precios, baluarte dentro de la economía del cual hemos gozado en los últimos años con señales premonitorias de desaparecer. Las alzas de precios, generan malestar en la comunidad, (en la canasta básica) y en los estrechos márgenes de consumo de otros bienes o servicios más inmediatos.
Participo que en este problema pueden haber soluciones igualmente viables y menos engañadoras que un alza de salarios. Tal puede ser una bonificación a fin de año o trimestral para nuestros trabajadores. Será un reconocimiento por los aportes al esfuerzo, productivo del trabajador. Al fin y al cabo la generación del beneficio o ganancia es un trabajo de equipo. ¿Este reconocimiento cómo será? ¿Mediante Decreto Ejecutivo o dejado al libre albedrío del capital o empresario?. Las consideraciones huelgan, lo que sí no deja de ser cierto es que mientras unos amasen millones, otros no tienen ni dónde recostar su cabeza. Cabe aquí el mensaje o alegoría de la Biblia en donde el menesteroso Lázaro come de las migajas que caen de la mesa del rico Epulón.
Aquí hablamos de justicia social y distributiva, dentro de la economía del bienestar. No hay lugar para la discordia, la avaricia y otras debilidades humanas que atentan contra la coexistencia pacífica de los descendientes de Abraham. (Si no sabes quién es Abraham busca una Biblia y ubícate en sus cinco primeros libros, en el Viejo Testamento).
No creo que el salario mínimo pueda en Panamá corregir las diferencias sustanciales o abismales entre ricos y pobres. A pesar de ser un mecanismo eficaz para distribuir el ingreso nacional que generan los trabajadores y los gerentes e inversionistas que crean empresas, existen otros mecanismos distributivos del ingreso, como los tributos; las tasas e impuestos, entre ellos.
Ocurre que en Panamá hemos observado que cada vez que se da un aumento de salario para los trabajadores, el empresario rápidamente cubre la diferencia que pierde al reconocer los salarios, aumento los precios en los bienes o servicios que él produce o vende. También algunas veces opta por reducir su planilla -votar trabajadores-. El empresario está acostumbrado a cierto nivel de ganancia y además hace esfuerzos desesperados para aumentarlas. De la noche a la mañana si se encuentra con que en vez de sus tres tajadas de sandía sólo tiene en su mesa dos, lanzará una exclamación,¡Dondé esta mi otra tajada de sandía! Claro que con esto nos estamos refiriendo a sus ganancias. Por ello, consideramos el problema de los salarios un tema difícil en Panamá, susceptible de corregirse poco a poco a través de herramientas que no depriman la inversión, que no cause bajas entre los trabajadores y que no atente contra la estabilidad de precios, baluarte dentro de la economía del cual hemos gozado en los últimos años con señales premonitorias de desaparecer. Las alzas de precios, generan malestar en la comunidad, (en la canasta básica) y en los estrechos márgenes de consumo de otros bienes o servicios más inmediatos.
Participo que en este problema pueden haber soluciones igualmente viables y menos engañadoras que un alza de salarios. Tal puede ser una bonificación a fin de año o trimestral para nuestros trabajadores. Será un reconocimiento por los aportes al esfuerzo, productivo del trabajador. Al fin y al cabo la generación del beneficio o ganancia es un trabajo de equipo. ¿Este reconocimiento cómo será? ¿Mediante Decreto Ejecutivo o dejado al libre albedrío del capital o empresario?. Las consideraciones huelgan, lo que sí no deja de ser cierto es que mientras unos amasen millones, otros no tienen ni dónde recostar su cabeza. Cabe aquí el mensaje o alegoría de la Biblia en donde el menesteroso Lázaro come de las migajas que caen de la mesa del rico Epulón.
Aquí hablamos de justicia social y distributiva, dentro de la economía del bienestar. No hay lugar para la discordia, la avaricia y otras debilidades humanas que atentan contra la coexistencia pacífica de los descendientes de Abraham. (Si no sabes quién es Abraham busca una Biblia y ubícate en sus cinco primeros libros, en el Viejo Testamento).