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Salario mínimo y plan económico


Los delegados obreros ante la Comisión de Salario Mínimo han sentado un importante precedente al demostrar que es injusto que éste se equipare al costo de la canasta alimenticia, cuando los trabajadores no sólo deben comer sino pagarse una casa, transporte, salud y la educación de los hijos.
De acuerdo a los criterios (que se quedan cortos) de la CEPAL, el costo de estas necesidades se calcula multiplicando por dos el costo de la canasta alimenticia. De allí que el reclamo de los 500 dólares de salario mínimo no sea ninguna arbitrariedad, sino una necesidad tangible de los trabajadores, máxime cuando el desempleo golpea más a las familias pobres, las que deben sostenerse a veces con un sólo salario.
Pero la fijación del salario mínimo depende de una negociación, y el arte de toda negociación depende de dos aspectos, capacidad de movilización y apoyo de la opinión pública, queremos sugerir, como quien dice, al oído de los negociadores obreros, algunas ideas adicionales.
El problema que tenemos es que el sector empresarial y el gobierno han ganado a algunos sectores de la opinión pública tratando de presentar como irracional la propuesta de duplicar el salario mínimo actual, y pretendiendo que esta medida sería la responsable del colapso económico del país y de un supuesto aumento del desempleo.
El argumento patronal es una falacia, porque los salarios no condicionan el desempleo sino, en todo caso es al revés, mucho desempleo (ley de oferta y demanda) impone bajos salarios. Esto se demuestra en que el alto crecimiento económico que alcanzó Panamá (4% en promedio) a principios de los años 90, no se tradujo ni en disminución del desempleo, ni en un aumento significativo de los salarios.
En realidad lo único que se ve afectado por el aumento de los salarios es la ganancia empresarial. Porque salarios y ganancia dependen del excedente económico por la sociedad y, en un marco de relativo crecimiento y estabilidad, el problema es qué clase social se apropia de una tajada mayor del excedente. Es decir, si los empresarios no quieren aumentar los salarios es porque se niegan a compartir con los trabajadores los grandes beneficios que se están embolsando.
Ahora bien, como quiera que la negociación se haya estancada, el sector obrero puede reformular su propuesta, transigiendo momentánea y parcialmente, con los 500 dólares de salario mínimo, si patrones y gobierno cedieran en algunas cosas que podrían traducirse en conquistas para el conjunto de los trabajadores, porque de la negociación debemos tratar de sacar algo positivo y sería un desastre dar la impresión de que hemos sido derrotados si no logramos los 500. De ahí que se puede proponer:
Que el salario mínimo en el sector industrial sea mayor a la canasta básica, para cubrir en parte las otras necesidades, aunque no llegue al mínimo justo de los 500 dólares.
Que se modifique la ley, de manera que en las regiones II y III, es decir el interior, y en la mediana y pequeña industria, el salario mínimo no sea menor del costo de la canasta alimenticia, como hoy sucede.
Que se decrete un aumento general de salarios que compense la pérdida de poder adquisitivo por la inflación acumulada desde el último aumento general, 1982.
Que el gobierno decrete una congelación inmediata de los precios de la canasta básica, porque de lo contrario los empresarios nos sacarán con nuevas alzas lo que se logre.
Frente al desempleo, que el gobierno se comprometa a no utilizar el Fondo Fiduciario para el pago de la deuda externa, sino que lo invierta en un plan masivo de construcción de viviendas para gente de bajos recursos, a un interés del 6.5 al 7% anual. Con esto se lograría mayor rendimiento del fondo, creación inmediata de empleos y solución al acuciante problema de la vivienda.
Que el aumento de los impuestos que el gobierno ha pactado con el FMI obligue al que más gana a compartir sus beneficios, es decir, que se concentre en el aumento del impuesto sobre la renta a las empresas de mayor ganancia, para que no se castigue el consumo de los pobres con impuestos indirectos como el ITBM.
Estas y otras medidas que se pueden agregar, constituirían réditos positivos para los trabajadores, aunque no logremos los 500 de salario mínimo. Y tiene la virtud de mostrar a la opinión pública que el movimiento obrero no es intransigente, colocando a empresarios y gobierno en la disyuntiva de demostrar su voluntad de mejorar las condiciones de vida del pueblo, o desenmascarar su avidez por la ganancia.

101 años de Panamá América

 
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