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¿Saldremos de tantos atascos?


Todos los días de Dios me hago la promesa de no escribir más para los periódicos, porque necesito mi tiempo para objetivos inaplazables. Pero me duele mi país, desde que en los años 40 vengo diciendo: "Panamá no es un país pobre, sino un pobre país". Tampoco es realmente una República: tiene todas las características de una reserva indígena mal organizada. Con el dinero que los políticos han ganado desde 1903 hasta ahora, podíamos haber construido 4 repúblicas mejores que la que tenemos.
Por ejemplo: hace más de 40 años pedimos en un escrito que se fundara una oficina de Planificación. Luego se hizo un Ministerio de Planificación que nunca planificó nada. Y así, casi todo. La vergüenza mayor que deberíamos tener es que tenemos una soberbia ciudad de rascacielos, con calles atestadas de carros, camiones y diablos rojos, humo por todas partes. Humo de gasolina con plomo, que acabará con la vida de los panameños, mucho antes de lo debido.
Pero los señores del petróleo tienen que vender su producto envenenado (prohibido en otros países) a los infelices del tercer mundo, como nosotros.
No existe ciudad en ningún país civilizado, con la incivilización nuestra. Los trastos, esos llamados autobuses, no los admitían ahora ni en La Cochimbamba, que apuesto a que usted no sabe dónde queda. Los del Municipio, ¿no saben qué hacer? Pues una Ley que autorice la municipalización del servicio público de transporte en asociación con una empresa pública que aporte verdaderos autobuses, y se le compre a los autobuseros de ahora sus cacharros.
Los que quieran, que reciban en pago acciones de la Empresa pública de Transporte Urbano (EPTU). Total, que los dueños de los cacharros indecentes queden satisfechos y el país respirando un poco (después que se proceda el control del tubo de escape de los vehículos, como se hace en todos los países civilizados, para evitar que nos sigan fumigando).
Antes de terminar: ya se habla de no sé cuántos puestos de depuración de aguas residuales, para quitarle a las quebradas que "adornan" los alrededores de los rascacielos, su aspecto amarillo y fétido. Pues que no se deje engañar el Gobierno. Lo que se hace en todo el mundo es un tubo colector por la costa de todas las aguas residuales, y mediante una o dos estaciones de bombeo, se manda esa agua a una sola central de depuración. Esto se puede hacer ya, llamado internacionalmente a las empresas que dominen esta perfumada técnica (que hay muchas) y que ellas mismas financien la obra; que se fije los pagos anuales que hay que darles, y cobrarle a los rascacielos, y también, en proporción, a los rascacielos de pocos pisos, el pago del caso, para no gravar al Estado, que gracias a las faenas de los políticos, siempre está en muy mal estado.
Que no se dejen enredar con sabidurías extra - terrestres. El mecanismo de lavado de la porquería no es nuevo y es muy efectivo.
Desde cuando yo estudiaba mi carrera, ya los tanques immoff eran conocidos. Hoy llevarán otro nombre. Pero es la misma prostituta con diferente galán. Así que no nos vengan con triquiñuelas, tan usadas contra los países sin experiencia.
A propósito: ¿Cuándo van a prohibir la pesca de los pangueros en ese gran excusado cósmico que es hoy nuestra bahía? ¿Se imaginan las enfermedades que pueden portar esos peces? ¿Se imaginan el precio con que van a pagar su ignorancia esos pobres hombres? ¿La muerte prematura que le pueden producir a sus propios hijos?
La verdad es que a este país nuestro, hay que hacerlo de nuevo. En este país hay que enseñarle a todos un nuevo arte que se llamaría: Arte de la Organización, porque hasta ahora, que sepamos, los panameños dominamos a maravilla es el "Arte de la Desorganización".
Desorganización organizada. Basura por todas partes. No hay semáforos. Mueren a cada rato asesinados una barbaridad de ciudadanos, atropellados por la brutalidad de un tránsito sin reglas. El que se atreva a pasar por un paso de cebra, no es que sea valiente: es que tiene vocación de suicida. Todo el que quiere, tumba los árboles para montar su carro en la acera. ¿Hay aceras? A veces sí. Otras veces llenas de huecos con aguas sucias. Y eso en plena ciudad. No hay más remedio: todo ese tercermundismo no es tercermundismo: es desorden. Y hay que imponer el orden.

101 años de Panamá América

 
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