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¡Salga del anonimato! (II)


Ahora reina una especie de anonimato colectivo, un trato de indiferencia y desconfianza de unos con otros, en donde no se tiene en cuenta al ser humano como tal. Hay una real marginación y exclusión de mucha gente, que aparecen "sin rostro" ante la sociedad. Son en verdad sólo "cifras", "masas" que se miden de acuerdo a su pobreza, producción, aglomeración y ubicación en las grandes ciudades. Se les llama barrenderos, vendedores ambulantes, desempleados, obreros, oficinistas, comerciantes, empresarios y así nos tratamos entre todos. Nos medimos por la función y las posesiones que tenemos y no por lo que somos. Hay que rescatar nuestros nombre e identidad para poder vivir humanamente.

Pero mira, Dios te trata como persona. Pronuncia tu nombre, te hizo a su imagen y semejanza. ¡Cómo te pareces a Él! Tienes los mismos atributos divinos, pero en "pequeño", limitados a un ser creado que sólo "es" porque Él es el Ser. En ti hay sabiduría, misericordia, pureza, amor, paciencia, fortaleza, espíritu. Es más, tú eres "un espíritu encarnado". Eres mucho más que las "formas" o envoltorios que te rodean; eres más que la "tienda de campaña" que dice San Pablo. Eres más que tu cuerpo con sus músculos y órganos; más que tu inteligencia, sentimientos, títulos y nacionalidad. Eres un misterio insondable porque vienes de Él.

Tienes que escuchar la voz de Dios. Tienes que escuchar la voz de la creación entera, del universo y los seres humanos, que "esperan la manifestación de un hijo de Dios, que eres tú". Tus energías, talentos, cualidades naturales y sobrenaturales están ahí. Tienes ya que "despertar del sueño" y saber que tienes tanto de bueno aún oculto. No puedes irte de este mundo sin haber dejado esa huella imborrable de los que hacen historia porque pusieron todo su ser a manifestarse, sabiendo que al hacerlo, Dios a través de ti se expande, se extiende al universo, haciendo más hermosa la creación.

Tienes que despertar ya y creer en Dios y en ti mismo, enarbolar la bandera de la confianza; valorarte y apreciar todo lo bueno que hay y comprender que hay un "designio divino" para ti, una gran misión que cumplir. Sal ya de tu anonimato y dile al mundo que estás aquí y tienes algo grande que aportar con tu sonrisa, tus palabras, tu oración, tus acciones, tu paz y amor, tu fe y esperanza. Vamos, adelante, confía en Él, ya que con Dios eres invencible.

101 años de Panamá América

 
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