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"Salir de la pobreza"


"Salir de la pobreza" es una frase común para indicar muchas cosas, y no todas las voy a mencionar. Usualmente, como se reportaba en una entrevista a los aficionados al pugilismo, jóvenes que se aplican a prepararse en los gimnasios saltando soga, haciendo calistenia, y haciendo sombra, al ser preguntados por qué lo hacen, respondían: para conseguir un buen contrato y así "salir de la pobreza". Un ideal por otra parte común de casi todo el mundo, cada uno buscando donde cree que puede probar. Y a esto va unido lo que suelen decir: si tengo buena suerte. Donde entra el factor aleatorio, que también es entendido de muchas maneras y opiniones: "tot sententiae quot capita" (tantas opiniones como cabezas). Salir de la pobreza si tengo suerte.
Salir de la pobreza como algo negativo y por otra parte, legítimo. Hay muchos caminos, algunos difíciles como es el del pugilismo, ya que es a través de dar muchos golpes a otro ser humano y recibir menos, usando la habilidad oral natural ora aprendida de supuestamente buenos maestros. Salir de la pobreza dedicándote al negocio lícito que normalmente no te hace rico, porque pocos salen de la pobreza rápidamente con un negocio lícito. La experiencia demuestra que los enriquecimientos rápidos y subitáneos suelen ocurrir por alguna operación no tan clara según aquello "easy money easy comes easy goes". Otros modos comunes son el buen empleo en el sentido de buena y congrua remuneración en un trabajo dentro del mundo del dinero y distribución de ganancias y pérdidas en la actividad económica. Otro modo, el de ser sujeto inesperado de una herencia cuantiosa, lo que es raro. Otro, el más socorrido, el de la lotería extraordinaria. El más buscado, el de la suerte.
Y de hecho esa es la vida, cuando no has nacido en "cuna de oro". A nadie se le ocurre querer "entrar en pobreza", más aún eso sería el acabose. Solemos oír para calificar esa situación como "estar en la cama de los perros", "estar en la podrida". También oímos que al principio todos éramos pobres, que en 1903 todo el mundo en Panamá era pobre, que la guerra de los mil días había acabado con todo. Aun cuando es discutible.
Pobreza tiene en el vocabulario cristiano una ambigüedad o, diríamos, es un término equívoco. Es decir, que puede entenderse o interpretarse en varios sentidos o dar ocasión a juicios diversos. Por un lado, la pobreza es la mera carencia de bienes que incapacita al hombre para las tareas de la vida. Este es el sentido corriente que suele tener la palabra y en ese sentido es un verdadero mal. Y realmente que la carencia de bienes no puede ser, sin más una virtud cristiana.
Hoy la tarea de la Iglesia en los países subdesarrollados es precisamente combatir la pobreza de los pueblos, luchar contra las estructuras que despojan a las grandes multitudes de los bienes que le son debidos. Y en ese sentido, la Iglesia, siguiendo el evangelio, es enemiga de la pobreza. Y eso no sólo en lo relativo a la pobreza material, o carencia de dinero y de medios materiales. También otras formas de carencia son verdaderos males que privan al hombre de las cosas necesarias para su realización. La pobreza espiritual, como carencia de bienes espirituales de cultura, saber, entusiasmo o ilusión, es también un mal que el cristianismo ha de desterrar de los corazones. Y lo mismo digamos de la pobreza afectiva, tan característica muchas veces de los miserables que viven en circunstancias donde apenas logra florecer el afecto familiar y se crían los niños en ambientes duros y hostiles que les roban cariño y amor a la vida. Todo lo que sea mera carencia de dones no puede sin más ser apreciado como virtud. Al contrario, hemos de combatir para que los bienes vengan a llenar esos vacíos deshumanizadores.
Y es que realmente la pobreza en sus diferentes aspectos no es sólo un mal por lo que significa de privación de comodidades o ambiente acogedor. Lo terrible de la pobreza es que suele impedir la realización plena del ser humano. Pues la vida no se desenvuelve, sino a través del uso y la disposición de los bienes terrenos.
El mundo de objetos e instrumentos que nos rodean no son cosas ajenas a las que uno puede renunciar sin más. Es precisamente por la utilización de las cosas, como la libertad se desarrolla y el hombre adquiere conocimientos y dominio de sí y del mundo. Más clara es aún la consecuencia cuando se trata de bienes espirituales. Gracias a ellos, el hombre alcanza su plenitud, conoce el mundo, sabe disponer de él. Y sabe orientar su vida entera con una satisfacción profunda.
Cuántas veces los miserables que nada conocen se desarrollan mutilados por falta de medios y viven en un clima de resentimiento ante la abundancia que ven en los que les rodean. Sienten que ellos con esos medios hubieran sido capaces de multiplicar sus cualidades en forma extraordinaria.
La movilización social en los países productores de café y en los principales países consumidores acabará dando sus frutos para hacer reaccionar a las multinacionales y los gobiernos. Ahí radica buena parte de la esperanza de las millones de familias afectadas por la crisis.
*Centro de Colaboraciones Solidarias.
(ccs@tsai.es)

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