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Salto en sindicato bananero


La historia del sindicalismo bananero en Panamá está por escribirse, como tantos otros capítulos de la historia nacional. De una explotación inhumana, bárbara, contra la fuerza laboral, propia de la economía de los enclaves agrícolas, varias huelgas dirigidas por trabajadores de mandos medios, capacitados para luchar por la aplicación del Código de Trabajo y para mantener la unidad de la masa obrera, obligaron a los gobernantes de 1964 y de 1969 a exigirlas a las dos filiales de la United Fruit Co. (la vieja Mamita Yunai), la liquidación del atroz monopolio extendido sobre las dos provincias limítrofes con tierras costarricenses: Bocas del Toro y Chiriquí.
Las condiciones de vivienda y de trabajo eran simplemente horrorosas: largas jornadas remuneradas; viviendas de madera que no podían contener los aumentos vegetativos de la población, ni los que sucedían por la apertura de nuevas áreas productivas; sistemas sanitarios degradantes; hacinamiento humano por todas partes; tiendas de víveres y comestibles en cada sitio de trabajo, de propiedad de la misma empresa extranjera; cantinas en cada finca, de propiedad igual; amén de otras condiciones de trabajo, todas prohibidas por la Ley, pero incumplidas sistemáticamente, porque allí reinaba "la Ley de la Frutera", dueña de todo; de las casas en donde habitaban los funcionarios, incluso el Juez y el Inspector de Trabajo, quienes no se debían malquistar con los jefes empresariales; hospital de la empresa, médico forense que era médico jefe de la compañía; despido del trabajador de su empleo y orden de destierro de la región bananera; y demás pasajes de aquellas novelas que denunciaron literariamente la problemática de la región.
En ambas provincias estuvimos, entre 1962 y 1968, y en muchos juicios y huelgas defendimos a los trabajadores ante las autoridades laborales y administrativas. Después de aquellos años hemos visitado esas provincias y las fincas bananeras, de tiempo en tiempo, y vimos progresar las condiciones laborales, pero con gran lentitud y avaricias en la situación social: sanitaria, de vivienda, de hospital, de educación, etc. Sin duda, en esas provincias extrañas al resto del país, las huelgas dejaron un saldo muy favorable. Pero dificultades económicas del negocio bananero en el comercio mundial, entorpecieron el avance que debió ocurrir normalmente; las compañías extranjeras vieron mermadas sus fabulosas ganancias, hasta los últimos años, cuando incluso las medidas proteccionistas de la Unión Europea, para beneficiar el negocio en sus antiguas colonias, ha propiciado las bajas considerables en las ventas del banano de Centroamérica.
Las difíciles condiciones de hoy han llevado a la empresa de Chiriquí al cierre de operaciones en esa localidad, por ser la de mayores costos, y se han quedado, por ahora, con las bananeras bocatoreñas, cuyo mejor producto no tiene que pasar por el canal. Se ha propiciado un arreglo económico que permitió al sindicato obrero del Barú asociarse con cooperativas nacionales que coadyuvarán con el financiamiento; el Banco Nacional hizo un fuerte préstamo al Sindicato para que adquiriese los activos de la empresa; el grupo obrero asegura la producción, y la Barulanco ofrece comprarla, porque tiene perspectiva de ganancia en su comercialización. Las partes han expresado su confianza en las expectativas de la solución encontrada. Cuán lejos han quedado ya los días de pago mensual, con adelanto cada semana, que convertían aquellos momentos en un gran incendio humano de la zona bananera, con los trabajadores como clientes de las cantinas manejadas por la patronal, o clientes con sus familias en las tiendas de raya de la empresa; la prostitución haciendo de las suyas; los bailes, las peleas a machetazos, los muertos, la gran fiesta pasajera del sábado de pago, hasta el próximo mes.
Todo indica que los trabajadores han comprendido que el antiguo "pulpo bananero" ya no es tan pulpo y que estaba abocado a su quiebra. Como decimos, la empresa será la compradora de la producción. Los trabajadores y sus directivos están decididos a luchar, como siempre, en el nuevo contexto. Sin ser aguafiestas, creemos que ese contexto es en la actualidad muy difícil, con una crisis económica mundial que amenaza con desatarse, y no sabemos cómo ni quiénes la detendrán.
La decisión de los trabajadores es presagio de que entienden las dificultades presentes y las próximas. Han dado un salto, y como expresan algunos, un salto cualitativo que transformará las condiciones que actualmente piensan como pasadas, y que planteará nuevas realidades. Esa unidad y disciplina sindicales, que conocimos en el pasado, y que fue la llave del triunfo en las luchas anteriores (de 1962 en adelante), será mucho más indispensable en esta nueva etapa, en este gran salto, que sólo un gran esfuerzo y una gran lealtad colectiva podrán asegurarles los resultados satisfactorios que hoy son promesas, y que mañana, con esa estrategia obrera de 1962, podrán convertir en realidad.

101 años de Panamá América

 
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