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Salud, negocio lucrativo


Este tema es apasionante y controversial porque posee varias aristas o enfoques. Por un lado todos los que laboramos en el Sector Salud en las más de 50 diferentes profesiones y ocupaciones, estamos conscientes que nos merecemos vivir en condiciones laborales y de ingresos igual o mejores a algunas profesiones refrigeradas, que perciben cuantiosas sumas por redactar un documento o manejar el dinero que no les pertenece. Demasiados sacrificios en estudio y entrega de nuestro tiempo y nuestra paz familiar, para que nos regateen conquistas y calidad de vida.

Por otro lado, los grupos intermediarios financiadores de las infraestructuras y equipos a nivel nacional e internacional, en forma creciente son los más beneficiados de la prestación de servicios directos a los pacientes. Convirtiendo de esta manera a los verdaderos protagonistas, en simples asalariados explotados por la necesidad de intercambiar algunos dólares por la disponibilidad de 24 horas; los 365 días del año.

Durante mis 38 años de médico hemos compartido la percepción ciudadana, de que algunos que llegan a ocupar los puestos con mando y jurisdicción local, regional o nacional a nivel de las instalaciones e instituciones privadas y estatales de Salud, han usufructuado de manera paralela de ingresos adicionales a sus salarios, gracias a las ganancias concertadas exageradas, logradas por quienes hacen posible la provisión del bien o servicio pretendido.

No es posible que los insumos críticos en infraestructura, equipos, drogas y reactivos se sigan adquiriendo a varias veces su valor real, por decir lo mínimo.

Todo esto sucede mientras el pueblo recibe atención sanitaria limitada a su capacidad económica y no de acuerdo a sus necesidades y demandas reales.

Es lamentable desde mi perspectiva, que todos los años debamos realizar teletones, ferias y actividades para recabar fondos para comprar pañales, ambulancias o equipos complejos para nuestras unidades ejecutoras del sector público. Más lamentable es tener la necesidad de organizar caravanas de atención ambulatoria no planificadas ni secuenciales, o realizar jornadas de cirugías gracias al patrocinio de un panameño ilustre que vive en el extranjero, a un filántropo recién estrenado o a un hospital renombrado de un país del primer mundo.

El Plan Nacional de Salud cuando exista y se implemente, no deberá ser sobre la base de la misericordia y la compasión ciudadana, sino sobre la asignación presupuestaria priorizada de un Gobierno que reconoce al Sector Salud, como la puerta de entrada a la Gestión Gubernamental y la Meta principal del crecimiento y desarrollo de la nación.

En Panamá, nosotros sabemos cuál es la aspirina que remedia nuestros males. No tenemos que importarla de otros países. El pueblo necesita respuestas concretas. Se hace necesario corregir rumbos, debemos tener el valor de hacerlo, más allá de la retórica demagógica electorera.

101 años de Panamá América

 
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