Salud pública
La ignorancia y la apatía de un amplio sector de la comunidad constituyen, por lo letal que son, un binomio peligroso para la salud colectiva.
No obstante la denodada campaña que ha venido llevando a cabo el Ministerio de Salud para evitar el azote de una epidemia de dengue hemorrágico que diezmaría al país, es inmenso el número de personas que desafían a la muerte y la de los miembros de su familia.
Ello ha motivado la imposición de multas a personas naturales y jurídicas por el decidido respaldo que le dan el mosquito homicida. Cualquiera se aterrorizaría si a su casa entrara una culebra venenosa y procuraría matarla en defensa de su vida y de los suyos. En cambio, son miles de nuestros conciudadanos los que abren las puertas de sus hogares al criminal mosquito a pesar de que al igual que los ofidios venenosos, también mata.
Nadie se complace con el dolor ajeno. El castigo es cosa ingrata y quien castiga se hace antipático, pero cuando se impone por el bien común merece la aprobación de los asociados.
Ojalá que nuestros conciudadanos pongan más de su parte y no se ofendan ni irriten cuando los funcionarios de Salud les toquen las puertas para combatir los criaderos. Lo hacen para defenderles la vida y la de sus vecinos.
No obstante la denodada campaña que ha venido llevando a cabo el Ministerio de Salud para evitar el azote de una epidemia de dengue hemorrágico que diezmaría al país, es inmenso el número de personas que desafían a la muerte y la de los miembros de su familia.
Ello ha motivado la imposición de multas a personas naturales y jurídicas por el decidido respaldo que le dan el mosquito homicida. Cualquiera se aterrorizaría si a su casa entrara una culebra venenosa y procuraría matarla en defensa de su vida y de los suyos. En cambio, son miles de nuestros conciudadanos los que abren las puertas de sus hogares al criminal mosquito a pesar de que al igual que los ofidios venenosos, también mata.
Nadie se complace con el dolor ajeno. El castigo es cosa ingrata y quien castiga se hace antipático, pero cuando se impone por el bien común merece la aprobación de los asociados.
Ojalá que nuestros conciudadanos pongan más de su parte y no se ofendan ni irriten cuando los funcionarios de Salud les toquen las puertas para combatir los criaderos. Lo hacen para defenderles la vida y la de sus vecinos.