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Salud Pública


COMO MANIFESTÉ en "Responsabilidad social en Salud" (Panamá América, 22-3-2007), no he encontrado una definición que sea suficientemente abarcadora de lo que representa la salud pública, por lo que es necesario intentarlo, para lo cual solicito la colaboración de los profesionales de la salud.
Según el diccionario de la Real Academia Española, el término "salud" tiene varias acepciones, entre ellas: "Estado en que el ser orgánico ejerce normalmente todas sus funciones" y "Condiciones físicas en que se encuentra un organismo en un momento determinado". Por su parte, la palabra "pública" es: "Perteneciente o relativo a todo el pueblo". Por ello, la salud pública no sólo se ocupa de los métodos de diagnóstico, y de las distintas patologías y terapias, sino también de su relación con el ser humano en su entorno socioeconómico y político. En este sentido, la salud pública es aquel campo cognitivo que se ocupa de estudiar las formas en que el ser humano percibe y expresa sus males, mientras la sociedad contribuye a garantizarle la salud a todos los ciudadanos.
Aunque desde hace tres mil años a.C., algunas ciudades hindúes ya tenían incipientes programas de higiene y salud ambiental, la salud pública es un concepto relativamente nuevo e históricamente condicionado. Así vemos cómo las concepciones sobre salud estuvieron muy relacionadas con la valoración que parte de la enfermedad, por lo que la primera noción de salud pública es resultado del pensamiento político europeo del siglo XVIII, lo que explica que durante muchos años haya estado dirigida al control de la enfermedad orgánica. Se reconoce que existe un paradigma biologicista y un paradigma social, que determinan los modelos que explican la enfermedad y, por tanto, los fines, métodos y formas institucionales, que abordaré en los próximos artículos.
Al comenzar la segunda década del siglo pasado, prominentes médicos norteamericanos ya consideraban la asistencia médica universal como un principio esencial de política sanitaria. Entre ellos, Charles Winslow, profesor de la Universidad de Yale entre 1915 y 1945, quien definió la salud pública como la ciencia y el arte de prevenir la enfermedad, promover la salud y prolongar la vida, a través de los esfuerzos organizados de la sociedad. ("The Evolution and Significance of the Modern Public Health Campaign". Yale University Press; 1923).
Henry Sigerist, médico suizo radicado en EE.UU., escribió en 1938: "...el pueblo tiene derecho a la atención médica y la sociedad tiene la responsabilidad de cuidar a sus miembros ...Cada ciudadano debe tener una asistencia médica gratuita...". En 1941 expresó: "...pensamos la salud como una condición física y mental... Pero podemos dar un paso más allá y considerarla también en un sentido social... La salud no es, en consecuencia, la simple ausencia de enfermedad".
En 1948, la OMS parafraseó a Sigerist: "Salud es el completo estado de bienestar físico, mental y social y no solamente la ausencia de enfermedad o malestar".
En 1944, Tommy Douglas ganó las elecciones en la provincia canadiense de Saskatchewan, instaurando el primer gobierno socialista regional en el continente americano, convirtiéndose esta provincia en la primera en contar con servicio de atención médica universal. Los servicios de salud canadienses, pagados en su mayor parte por el gobierno, están entre los mejores del mundo, aunque ahora se está intentando privatizarlos.
En el fondo del debate surgido sobre la reforma del sector salud se advierten marcadas discrepancias de tipo ético, ideológico y conceptual, cuyo alcance va mucho más allá de una discusión de carácter teórico, ya que la atención sanitaria no es ajena al hecho de que los bienes públicos se están privatizando.
La salud nunca puede considerarse como una mercancía, ya que es un bien existencial, al igual que el aire que respiramos o el agua que tomamos. Usted puede decidir si compra o no un auto, pero jamás podrá decidir si está o no enfermo. La demanda de asistencia médica, quirúrgica o dental por un paciente no es específica; el paciente necesita que un experto determine qué tipo de asistencia requiere. El profesional de la salud tiene un gran poder discrecional, para tomar decisiones diagnósticas y terapéuticas.
Las concepciones de salud pública que subyacen tras las discusiones aparentemente técnicas, se configuran como instrumentos políticos, con profundas repercusiones sobre el bienestar común, pues su aplicación en el diseño y gestión de las políticas públicas determina para amplios sectores de la población, la diferencia entre disfrutar de una buena calidad de vida o someterse a penosas condiciones de existencia; o peor aun, la diferencia entre sobrevivir o morir.
La experiencia obtenida demuestra que "los procesos de reforma de la salud han tenido como principal resultado, la disminución de los gastos y la creación de nuevas oportunidades de lucro, antes que el aumento de la calidad y la cobertura de los servicios básicos" (R. G. Evans. "Going for the Gold: The Redistributive Agenda Behind Market-Based Health Care Reform". Journal of Health Policy and Law. 1997).
La Constitución contempla la responsabilidad del Estado panameño en la protección de la salud, pero esto no se cumple. Es imprescindible que se apruebe una ley que garantice que todas las personas, independientemente de sus posibilidades económicas, tengan total acceso a los servicios médico-quirúrgicos, dental y farmacéutico. Existe el peligro real de que la progresiva extensión del mercado en el sistema sanitario lleve a un debilitamiento de la provisión de recursos que permitan cubrir las necesidades de atención de los sectores más pobres, y conduzca a la ingobernabilidad del país.

101 años de Panamá América

 
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