Salud pública y seguridad social
La salud y la educación son los dos pilares del desarrollo. En ambos aspectos, el presente gobierno se ha caracterizado por actuar de espaldas al pueblo que, durante la campaña electoral, prometió "llevar al poder".
A la educación me he referido en varios artículos anteriores y en próximas entregas volveré sobre este tema; hoy quiero dedicar mi comentario semanal a la salud y a la Seguridad Social, motivado por las recientes declaraciones del candidato oficial, en las que expresó su intención de fusionar el Ministerio de Salud y la Caja de Seguro Social.
Seguramente, algunos de sus asesores ya le habrían explicado al señor Torrijos que su propuesta es un disparate absoluto y, por tanto, no sorprenderá que eche marcha atrás, pero su metida de pata da pie para algunos señalamientos, con el propósito de volver a alertar al país y, especialmente, a la población asegurada.
El Estado tiene, por disposición constitucional, la función esencial de velar por la salud de la población (Artículo 105).
Para cumplir con esa función esencial le corresponde organizar los servicios de salud y asegurarse que lleguen a toda la población, a la que pueda pagarlos y a la que carezca de los medios para hacerlo.
Un importante segmento de la población recibe los beneficios de salud de la Caja de Seguro Social, cuyos costos son cubiertos mediante el aporte de los trabajadores y de los patronos, sean éstos privados o del Estado, cuando se trate de empleados públicos.
Hace ya un par de décadas los gobernantes de entonces decidieron integrar el sistema público o general de salud con el sistema de salud de la Caja de Seguro Social.
El resultado fue desastroso. El Estado terminó recostándose sobre la Caja de Seguro Social y ésta terminó asumiendo la mayor parte de los costos de la denominada "integración".
En el tema de la salud, como decía líneas atrás, el gobierno del PRD ha caminado entre tropezones y caídas, con el resultado, visible, de que los servicios que presta el ministerio son cada vez peores: los centros hospitalarios se deterioran por falta de mantenimiento, las medicinas no existen y los médicos no cesan de quejarse por la falta de condiciones para prestar las atenciones mínimas.
En ese estado de cosas, resulta sospechosa, por decir lo menos, la propuesta presentada por el candidato gobiernista.
El Seguro Social ya fue víctima de los atracos que se cometieron impunemente contra su patrimonio, durante los gobiernos militares y el PRD, como ocurrió con el famoso programa de viviendas. El Fondo Complementario, establecido con la finalidad de mejorar las pensiones de los servidores públicos, fue desfinanciado al cargársele las jubilaciones especiales que antes se pagaban del Presupuesto del Gobierno Central.
Esos antecedentes, en los que tuvieron protagonismo de primer orden figuras conspícuas del PRD, deben alertarnos frente a la propuesta del nuevo abanderado de ese partido.
Los problemas financieros y de todo orden que ha venido arrastrando la Caja de Seguro Social, son responsabilidad del partido que ahora gobierna. Para que la institución pueda recuperarse completamente se requiere, como primera medida, protegerla contra cualquier injerencia del gobierno central.
En el pasado todas esas vinculaciones resultaron en perjuicio del Seguro Social y hay que evitar que se repitan situaciones parecidas a las que ya se vivieron.
La Caja de Seguro Social debe tener una autonomía e independencia absoluta y estar divorciada de sistema de salud que presta el Ministerio de Salud.
En circunstancias debidamente reglamentadas, ambas instituciones pueden servirse recíprocamente de sus instalaciones, pero los servicios que se presten deben ser contabilizados y cancelados oportunamente.
De lo contrario se volvería al relajamiento que operó en el pasado y en el que la única perdidosa sería la Caja de Seguro Social.
A la educación me he referido en varios artículos anteriores y en próximas entregas volveré sobre este tema; hoy quiero dedicar mi comentario semanal a la salud y a la Seguridad Social, motivado por las recientes declaraciones del candidato oficial, en las que expresó su intención de fusionar el Ministerio de Salud y la Caja de Seguro Social.
Seguramente, algunos de sus asesores ya le habrían explicado al señor Torrijos que su propuesta es un disparate absoluto y, por tanto, no sorprenderá que eche marcha atrás, pero su metida de pata da pie para algunos señalamientos, con el propósito de volver a alertar al país y, especialmente, a la población asegurada.
El Estado tiene, por disposición constitucional, la función esencial de velar por la salud de la población (Artículo 105).
Para cumplir con esa función esencial le corresponde organizar los servicios de salud y asegurarse que lleguen a toda la población, a la que pueda pagarlos y a la que carezca de los medios para hacerlo.
Un importante segmento de la población recibe los beneficios de salud de la Caja de Seguro Social, cuyos costos son cubiertos mediante el aporte de los trabajadores y de los patronos, sean éstos privados o del Estado, cuando se trate de empleados públicos.
Hace ya un par de décadas los gobernantes de entonces decidieron integrar el sistema público o general de salud con el sistema de salud de la Caja de Seguro Social.
El resultado fue desastroso. El Estado terminó recostándose sobre la Caja de Seguro Social y ésta terminó asumiendo la mayor parte de los costos de la denominada "integración".
En el tema de la salud, como decía líneas atrás, el gobierno del PRD ha caminado entre tropezones y caídas, con el resultado, visible, de que los servicios que presta el ministerio son cada vez peores: los centros hospitalarios se deterioran por falta de mantenimiento, las medicinas no existen y los médicos no cesan de quejarse por la falta de condiciones para prestar las atenciones mínimas.
En ese estado de cosas, resulta sospechosa, por decir lo menos, la propuesta presentada por el candidato gobiernista.
El Seguro Social ya fue víctima de los atracos que se cometieron impunemente contra su patrimonio, durante los gobiernos militares y el PRD, como ocurrió con el famoso programa de viviendas. El Fondo Complementario, establecido con la finalidad de mejorar las pensiones de los servidores públicos, fue desfinanciado al cargársele las jubilaciones especiales que antes se pagaban del Presupuesto del Gobierno Central.
Esos antecedentes, en los que tuvieron protagonismo de primer orden figuras conspícuas del PRD, deben alertarnos frente a la propuesta del nuevo abanderado de ese partido.
Los problemas financieros y de todo orden que ha venido arrastrando la Caja de Seguro Social, son responsabilidad del partido que ahora gobierna. Para que la institución pueda recuperarse completamente se requiere, como primera medida, protegerla contra cualquier injerencia del gobierno central.
En el pasado todas esas vinculaciones resultaron en perjuicio del Seguro Social y hay que evitar que se repitan situaciones parecidas a las que ya se vivieron.
La Caja de Seguro Social debe tener una autonomía e independencia absoluta y estar divorciada de sistema de salud que presta el Ministerio de Salud.
En circunstancias debidamente reglamentadas, ambas instituciones pueden servirse recíprocamente de sus instalaciones, pero los servicios que se presten deben ser contabilizados y cancelados oportunamente.
De lo contrario se volvería al relajamiento que operó en el pasado y en el que la única perdidosa sería la Caja de Seguro Social.