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Salud, puerta de entrada a la gestión de gobierno


La salud, sin duda, es un derecho y un deber de toda persona. Todos los gobiernos de los 200 Estados que conforman el planeta tienen el deber indeclinable de asegurarle a sus poblaciones y en especial a aquellas que se encuentran en los niveles de postergación y pobreza, quienes en nuestro país constituyen el 40% de la nación, servicios de salud integrales y de óptima calidad.
Hace 29 años, cuando era el Director del hospital de Chepo y durante una conferencia que brindé en el marco de un Encuentro Nacional de Enfermeras, expresé ante el asombro de la concurrencia, que para mí la puerta de entrada y punto inicial de contacto del ciudadano común con la gestión real del gobierno de turno es, sin duda, los servicios de salud que recibe de manera directa su persona y el medio ambiente que le rodea. Es por esto que se hace indispensable que los gobernantes prioricen no sólo los fondos financieros para dar respuestas con suficiencia y oportunidad a las necesidades y demandas que se presentan, sino también la designación y asignación de sus mejores cuadros profesionales, técnicos y administrativos, para hacerle frente, a través de la negociación permanente, a un universo sanitario que se caracteriza en todos los países por transitar sobre caminos de dependencia, complejidad, conflicto, incertidumbre y fragmentación de su capacidad integral de respuesta.
Y es que todos sabemos que la salud no es sólo ausencia de enfermedades, sino la resultante de múltiples factores entre los que destacan los estilos de vida, el medio ambiente y condición laboral, la herencia biológica y los servicios de salud. Es decir que si no hay vivienda, educación, alimentación, transporte, trabajo, recreación, vestimenta y un sistema de provisión de servicios de salud que se ofrezcan con plena accesibilidad a todos los panameños, es imposible que tengamos una nación sana, por más que el promedio del ingreso per cápita y el PIB aumenten geométricamente.
Somos conscientes de que todos los días algún miembro de nuestras familias demandará un servicio o prestación a nivel de uno de los ocho procesos de atención directa, en alguno de los cuatro niveles de prevención o en uno de la docena de escalones de complejidad de la Red de Servicios. De la cantidad, calidad, calidez, oportunidad y suficiencia de esta provisión, dependerá la percepción del ciudadano de la ciudad y del campo, sobre si es o no adecuada la gestión que realiza el gobernante electo, o si sólo votó para hacer realidad tangible una canasta de promesas demagógicas a las que se está cansando de escuchar cada cinco años.
Mientras la Mesa del Diálogo para la Concertación en el Sector Salud continúa con la apasionada participación de sus 40 interlocutores válidos, sugiero a los actuales dirigentes de la CSS y el MINSA que por favor hagan sus mejores esfuerzos por articular este modelo segmentado que pareciera, en ocasiones, que está por romperse. Al individuo de la calle, lo único que le interesa es que produzcan resultados concretos que hagan posible disminuir la insatisfacción de esta deuda sanitaria acumulada en términos de recetas, exámenes de laboratorio y radiología, cirugías, consultas con especialistas y técnicos, alimentos y artículos contaminados, cañerías llenas de desechos avícolas, antídotos no disponibles, vectores en crecimiento, clínicas y laboratorios brujos y quién sabe cuántas cosas más que continuarán apareciendo, producto de la falta de la comprensión cabal y sistematización de los deberes y la ausencia de un Plan Nacional de Salud con normas, reglamentos y estándares claros y con una red de servicios definida y con óptima capacidad instalada, de acuerdo a la responsabilidad de sus espacio-población y a los niveles de Prevención y de Complejidad de la Atención involucrados.
No creemos en paquetes básicos de salud, ni en organizaciones externas con o sin fines de lucro para brindar servicios de salud que antes ofrecíamos de manera integral desde cada una de nuestras regiones de Salud. Entiendo que se hace impostergable en el sector salud el rescate del orgullo, la mística y la vocación de servicio de nuestros predecesores; pero esta tarea deberá desarrollarse desde los niveles de alta jerarquía y rango, respetando al funcionario institucional y dando el ejemplo con su compromiso, transparencia y rendición de cuentas.
El deber estatal es velar por la salud de todos sus ciudadanos. Sin embargo, debemos aclarar que el individuo que posee recursos propios deberá sufragar sus gastos, pero aquel que no tiene ni para comer, cobijarse o alumbrarse, el Estado tiene la obligación indeclinable de proveerle servicios de salud gratuitos y de manera completa, aunque no pertenezca a ningún sindicato, club social, gremio, logia o partido político.
Una vez más, ante el ejercicio del poder, sin la influencia moderadora y controladora de una estructura ética, cobra vigencia el pensamiento de Voltaire. Muy particularmente en la frase que sintetiza las dos últimas décadas de su vida: "Nuestra pasión dominante debe ser por el bien público".

101 años de Panamá América

 
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