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Salud y la crisis que se avecina


Corta, larga, corta, así dicen que se cifran las señales de auxilio en los códigos internacionales. Larga, corta, larga, son las tres crisis que asolarán al planeta desde este instante.

Larga ha sido y será la crisis energética, anunciada desde mucho y creída por pocos; corta y violenta será la crisis financiera que derribará las economías mundiales; y larga será la crisis alimentaria producida por la subordinación del valor de uso del alimento al valor comercial como energético sustituto.

Ante eso no queda más que estructurarse para defenderse. Los países que no tengan grandes desarmonías internas encontrarán dentro de sí las fuerzas para cooperar en la solución de los problemas presentes y lo del futuro. Los países con grandes diferencias sociales están en riesgo de perder su estabilidad en medio del naufragio social.

Panamá está en el centro de la tormenta y no lo queremos ver. Con un crecimiento comparado al de Argentina, ha mantenido su precaria distribución de la riqueza y magros salarios, mientras que en el mismo tiempo Argentina hizo crecer su salario mínimo en 300%. Con una inequidad comparada a la del Brasil, los incluidos miramos las vidrieras del bienestar y no sospechamos que, tras los montes, la población que mira a los mirones de vidriera está hambrienta y espera la salvación como un rayo que ilumine sus vidas y reduzca a cenizas a los saciados.

Lo anterior explica porqué estamos a la par de México en violencia urbana. Excluyamos de la comparación a la vecina Colombia, sumida en un conflicto multidimensional, cuyos actores se niegan a reconocer.

Estamos sentados sobre un polvorín y nos echamos discursos los unos, y los otros salen en caravanas y murgas electorales. ¿Y los excluidos qué?

En el diálogo por la salud perviven viejas divisiones y cicatrices, mientras que por arriba las cúpulas se entienden. Todos apuntamos a resultados a muy largo plazo ignorando que el pueblo no nos va a dar plazos largos. Se pretende ignorar que las necesidades angustiosas del pueblo son a muy corto plazo

La conciencia de las propias necesidades en el pueblo madura lentamente, es cierto, pero las emociones expresadas como demandas estallan súbitamente y pueden quebrar el precario equilibrio social.

La salud será una consecuencia de la decisión de desarrollo. La salud requerirá de racionalidad y esta deberá ser aplicada desde el Estado, por cuanto que el mercado no genera salud. La creación de sistemas únicos es un requerimiento de racionalidad impostergable. Una vez que se tomen las medidas para el desarrollo, las medidas correspondientes en salud y educación deberán ser urgentes.

Todo es cuestión de estructurar la sociedad. Para ello debemos evitar la miopía social y fortalecer el Estado. No hablamos de fortalecer un gobierno determinado, sino del Estado. Para ello debemos superar ese regusto anti estatista que nos ha dejado el neoliberalismo. En una negociación existen dos puntos de vista. Quienes no son gobierno sospechan que este intenta colar medidas que aumentan la carga económica de la crisis sobre los trabajadores y demás sectores sociales; por otra parte quienes son gobierno sospechan que sus oponentes no lo quieren dejar trabajar. Es necesaria una declaración de intenciones como base para los acuerdos.

La única manera de proteger las arcas del Seguro Social es dejar que el Ministerio de Salud sea el que provea los servicios, garantizando la integralidad de los abordajes preventivos y curativos, cosa que el Seguro Social no ha sabido hacer. El Seguro debe estructurarse para supervisar los servicios prestados a sus asegurados.

101 años de Panamá América

 
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