¿Salvar al Seguro?
EL PUEBLO tiene la palabra, para expulsar del templo a los mercaderes. Es lo que se ha hecho en otros países, tal vez menos alegres...
Todos los gobiernos que ha tenido el país, desde 1941, hasta la fecha, han tratado a la Caja de Seguro Social como si fuera su Caja Menuda, que en la realidad ha sido también una verdadera Caja de Pandora permanente, a través de sesenta años.
El Seguro ha dado miles de millones a esos gobiernos, a título de "inversiones", las que no fueron más que préstamos insolutos por interminables años. Los gobiernos siempre han estado en mora con el Seguro, para entregarle las cuotas que descuentan a los empleados estatales. Es público que "monos gordos" oficiales han ejercido el derecho de sacar plata "fresca" del Seguro, con el pretexto de préstamos para establecer negocios, siendo el más escandaloso el mal llamado "Programa de Viviendas", que en plena dictadura policíaca, en la década de los ochenta, retiró doscientos millones de dólares de la esa Caja, para fabricar supuestas casas, resultando algunos funcionarios públicos y hasta altos empleados de la misma Caja, con penas de unos cuantos meses, por la descomunal estafa cometida. Los gobiernos siempre han nombrado la plana mayor de la Caja, por medio de "tretas legales", utilizando las planillas de la institución, para repletarla de una burocracia tan nociva como inútil.
¿Para qué referirnos a las "reformas legales", que han sido planes demagógicos de mucha influencia en su derrumbe actual financiero y de servicios? ¿Para qué seguir con un rosario de absurdos que bien conocen las pocas personas que entre nosotros se preocupan seriamente por la acumulación y por la gravedad perenne de los problemas nacionales?
Hasta hoy, los últimos gobiernos no han hecho más que sacarle el cuerpo a la problemática en que está naufragando la Caja de Seguro Social, ya con influencias, ya con modificaciones de bajo alcance y hasta "diálogos" de los sectores comprometidos, que a nada llegaron, a no ser la mora y posposición de esa problemática.
Hay que tener en cuenta que ningún sector de nuestra población ha presentado un plan cuya seriedad y eficacia fuesen garantías de soluciones urgentes y a largo plazo, caracterizadas por su orientación certera.
¿Cómo es posible que haya en el Seguro, sobre todo en su Directiva, representantes de patronos, representantes del asegurado, representantes de organismos obreros, que cada cual por su parte se ha prestado para caer en el blablabla de disputas intrascendentes y en el fondo demagógicas, en los últimos tiempos bajo la égida de la PNUD, que hizo bien en presentar informes sobre la gravedad de las situaciones conocidas?
Ningún sector ha querido ni sabido asesorarse con técnicos eficientes, para que siquiera señalaran el camino de las impostergables rectificaciones.
Hay un hecho que nos parece capital. Los gobiernos, es decir, la mal llamada "clase política", que no es ni clase y se exhibe como politiquera, pero hoy partidocracia constitucionalizada y legalizada bajo el título enfermo de Código Electoral, han demostrado todos los días, por el interminable lapso de sesenta años, su absoluta incapacidad y malas artes en la triste administración de la Caja de Seguro Social, y mientras se mantenga ese régimen jurídico, con el cual principalmente los gobiernos han llevado a la Caja a su gran crisis financiera de hoy, jamás podrá subsistir esa importantísima agencia estatal, que es la única entidad que verdaderamente le presta servicios benéficos y positivos al pueblo panameño, dar marcha por el camino de las impostergables soluciones con que necesita ponerse en orden y en pie.
Esa administración pelechadora y bárbaramente deshonesta, con muy pocas fechas de excepción, ya no tiene derecho alguno para continuar al frente de la Caja de Seguro Social (no nos referimos a ésta o aquélla administración, sino a todas por los resultados).
Cabe pensar, por ejemplo, en un patrono honesto, que se aparte del cáncer de la politiquería actual, ya que personas honestas a carta cabal sí las hay en Panamá. Es indispensable, para medidas como la que sugerimos, una nueva Ley Orgánica del Seguro, que acabe con las estratificación de las malas prácticas, con el amiguismo y el "compañerito pío-pío", que son los métodos socorridos entre nosotros, formantes de la cultura de corrupción, que ha penetrado por todos sus intersticios a la sociedad panameña, y muy difícil de desarraigar, por razones obvias.
En esa nueva Ley Orgánica habrá que introducir fórmulas de funcionamiento previsor, porque las normas actuales han demostrado su absoluta ineficacia, propiciando la situación caótica que vive la Caja en las últimas décadas.
Esa nueva Ley debe señalar plazos para adoptar las medidas indispensables, comenzando por la designación del Patronato sugerido, o una regulación que pueda garantizar una dirección acertada, que designe los varios sectores integrantes de la Caja (asegurados, jubilados, funcionarios, empleados, patronos y Estado, todos con una representación proporcionada a sus aportes globales).
Como persona que fue asegurada desde el primer día de funcionamiento del Seguro Social en 1941; como persona que cotizó por 34 años a la Caja; como jubilado de la misma, que ha sido testigo del pésimo funcionamiento de esta entidad autónoma, incluyo las anteriores ideas, a cuya exposición tengo derecho, como lo que he sido dentro de la Caja y que me ha permitido la experiencia para exponer brevemente una opinión que es resultado de sesenta años de experiencia de la Caja.
Y aunque muchos no lo crean, sólo una intervención ordenada de todos los sectores que conforman el pueblo panameño podrá poner las cosas en su lugar.
El pueblo tiene la palabra, para expulsar del templo a los mercaderes. Es lo que se ha hecho en otros países, tal vez menos alegres, menos confiados y más justos colectivamente, para labrarse su propio porvenir.
Todos los gobiernos que ha tenido el país, desde 1941, hasta la fecha, han tratado a la Caja de Seguro Social como si fuera su Caja Menuda, que en la realidad ha sido también una verdadera Caja de Pandora permanente, a través de sesenta años.
El Seguro ha dado miles de millones a esos gobiernos, a título de "inversiones", las que no fueron más que préstamos insolutos por interminables años. Los gobiernos siempre han estado en mora con el Seguro, para entregarle las cuotas que descuentan a los empleados estatales. Es público que "monos gordos" oficiales han ejercido el derecho de sacar plata "fresca" del Seguro, con el pretexto de préstamos para establecer negocios, siendo el más escandaloso el mal llamado "Programa de Viviendas", que en plena dictadura policíaca, en la década de los ochenta, retiró doscientos millones de dólares de la esa Caja, para fabricar supuestas casas, resultando algunos funcionarios públicos y hasta altos empleados de la misma Caja, con penas de unos cuantos meses, por la descomunal estafa cometida. Los gobiernos siempre han nombrado la plana mayor de la Caja, por medio de "tretas legales", utilizando las planillas de la institución, para repletarla de una burocracia tan nociva como inútil.
¿Para qué referirnos a las "reformas legales", que han sido planes demagógicos de mucha influencia en su derrumbe actual financiero y de servicios? ¿Para qué seguir con un rosario de absurdos que bien conocen las pocas personas que entre nosotros se preocupan seriamente por la acumulación y por la gravedad perenne de los problemas nacionales?
Hasta hoy, los últimos gobiernos no han hecho más que sacarle el cuerpo a la problemática en que está naufragando la Caja de Seguro Social, ya con influencias, ya con modificaciones de bajo alcance y hasta "diálogos" de los sectores comprometidos, que a nada llegaron, a no ser la mora y posposición de esa problemática.
Hay que tener en cuenta que ningún sector de nuestra población ha presentado un plan cuya seriedad y eficacia fuesen garantías de soluciones urgentes y a largo plazo, caracterizadas por su orientación certera.
¿Cómo es posible que haya en el Seguro, sobre todo en su Directiva, representantes de patronos, representantes del asegurado, representantes de organismos obreros, que cada cual por su parte se ha prestado para caer en el blablabla de disputas intrascendentes y en el fondo demagógicas, en los últimos tiempos bajo la égida de la PNUD, que hizo bien en presentar informes sobre la gravedad de las situaciones conocidas?
Ningún sector ha querido ni sabido asesorarse con técnicos eficientes, para que siquiera señalaran el camino de las impostergables rectificaciones.
Hay un hecho que nos parece capital. Los gobiernos, es decir, la mal llamada "clase política", que no es ni clase y se exhibe como politiquera, pero hoy partidocracia constitucionalizada y legalizada bajo el título enfermo de Código Electoral, han demostrado todos los días, por el interminable lapso de sesenta años, su absoluta incapacidad y malas artes en la triste administración de la Caja de Seguro Social, y mientras se mantenga ese régimen jurídico, con el cual principalmente los gobiernos han llevado a la Caja a su gran crisis financiera de hoy, jamás podrá subsistir esa importantísima agencia estatal, que es la única entidad que verdaderamente le presta servicios benéficos y positivos al pueblo panameño, dar marcha por el camino de las impostergables soluciones con que necesita ponerse en orden y en pie.
Esa administración pelechadora y bárbaramente deshonesta, con muy pocas fechas de excepción, ya no tiene derecho alguno para continuar al frente de la Caja de Seguro Social (no nos referimos a ésta o aquélla administración, sino a todas por los resultados).
Cabe pensar, por ejemplo, en un patrono honesto, que se aparte del cáncer de la politiquería actual, ya que personas honestas a carta cabal sí las hay en Panamá. Es indispensable, para medidas como la que sugerimos, una nueva Ley Orgánica del Seguro, que acabe con las estratificación de las malas prácticas, con el amiguismo y el "compañerito pío-pío", que son los métodos socorridos entre nosotros, formantes de la cultura de corrupción, que ha penetrado por todos sus intersticios a la sociedad panameña, y muy difícil de desarraigar, por razones obvias.
En esa nueva Ley Orgánica habrá que introducir fórmulas de funcionamiento previsor, porque las normas actuales han demostrado su absoluta ineficacia, propiciando la situación caótica que vive la Caja en las últimas décadas.
Esa nueva Ley debe señalar plazos para adoptar las medidas indispensables, comenzando por la designación del Patronato sugerido, o una regulación que pueda garantizar una dirección acertada, que designe los varios sectores integrantes de la Caja (asegurados, jubilados, funcionarios, empleados, patronos y Estado, todos con una representación proporcionada a sus aportes globales).
Como persona que fue asegurada desde el primer día de funcionamiento del Seguro Social en 1941; como persona que cotizó por 34 años a la Caja; como jubilado de la misma, que ha sido testigo del pésimo funcionamiento de esta entidad autónoma, incluyo las anteriores ideas, a cuya exposición tengo derecho, como lo que he sido dentro de la Caja y que me ha permitido la experiencia para exponer brevemente una opinión que es resultado de sesenta años de experiencia de la Caja.
Y aunque muchos no lo crean, sólo una intervención ordenada de todos los sectores que conforman el pueblo panameño podrá poner las cosas en su lugar.
El pueblo tiene la palabra, para expulsar del templo a los mercaderes. Es lo que se ha hecho en otros países, tal vez menos alegres, menos confiados y más justos colectivamente, para labrarse su propio porvenir.