A salvar el Diálogo por la CSS
Esta semana la Presidenta de la República, Mireya Moscoso, hizo eco al llamado realizado por este diario hace algún tiempo, en el sentido que los candidatos presidenciales deben abstenerse de hacer promesas electorales que no podrán cumplir en lo que respecta a la Caja de Seguro Social (CSS). Se trata de un sabio consejo que debe ser acogido por los candidatos, quienes, añadimos, deben comprometerse a allanarse e implementar lo que se convenga en el Diálogo Nacional.
También coincidimos con la señora Presidenta en que no se debe clausurar el Diálogo, a pesar del estancamiento reciente. Su gobierno ha prometido que hará una propuesta concreta antes de fin de año, para que sea considerada por todo el país.
Desconocemos si insistirán en aportar las acciones en el Fondo Fiduciario en las generadoras y distribuidoras de energía, o si reiterarán la idea de contribuir activos adicionales de las áreas revertidas. En cuanto a este último, recordemos que en el 2001 el Gobierno aportó unos B/.60 millones en terrenos y edificios para ser utilizados principalmente para aumentos en las pensiones otorgadas por el Programa de Invalidez, Vejez y Muerte (PIVM) de la CSS.
En su momento criticamos estas medidas por considerarlas paleativos, que más que contribuir entorpecerán el funcionamiento de la institución al convertirla en un administrador de una diversidad de activos cuando a duras penas puede manejar unos cuantos. Consideramos que más constructivo sería aumentar progresivamente las cuotas y los años de aporte, como ha sugerido el viceministro Domingo Latorraca, pero esas medidas tienen que venir acompañadas de otras que faciliten inversiones seguras y rentables, que bien podrían incluir compromisos específicos en cuanto a otros activos estatales.
Tanto la Presidenta como los aspirantes a su cargo deben presionar desde sus respectivas trincheras para que el Diálogo Nacional por la Caja de Seguro Social continúe construyendo sobre sus logros. Ya han llegado a importantes y trascendentales acuerdos en los programas de Administración, de Enfermedad y Maternidad, y de Riesgos Profecionales. Reconocemos que PIVM es el más difícil, pero haberlo dejado para último ha permitido la acumulación de mayor conocimiento sobre su problemática. Ahora lo que se requiere es reestablecer la confianza entre los actores e interesados para poder llegar a un entendimiento.
Confiamos en que ya hay un elevado sentido de urgencia en toda la población, incluyendo los actuales protagonistas en la mesa del Diálogo, quienes no deben ni podemos permitir que evadan su responsabilidad de actuar.
Debemos proteger los bosques, son amigos leales y están indefensos. Debemos entender que, en cierta medida, Protágoras erró y que los seres humanos somos sólo un eslabón más en la cadena trófica del planeta. Debemos dejar que los parques nacionales sean precisamente eso, lugares de recreo y estudio para los jóvenes panameños, santuarios de vida donde el miserable afán de lucro de nuestra sociedad sea detenido y revertido a mejores fines. Debemos dejar de talar irresponsablemente en Darién, en Bocas del Toro, en los remanentes de bosques nubosos de Azuero. Debemos dejar de lado proyectos insensatos y oscuros intereses en bienes raíces y turismo de alto impacto como los que están detrás de la decisión política de construir la carretera entre Boquete y Cerro Punta en el Parque Nacional del Volcán Barú.
En el Centenario de nuestra República ocupamos con urgencia proteger a una especie endémica, amenazada de extinción al igual que los bosques y el resto de la biota del país, la especie de jóvenes panameñas y panameños que en un futuro muy cercano heredaran sólo los jirones depredados de la patria de sus mayores.
También coincidimos con la señora Presidenta en que no se debe clausurar el Diálogo, a pesar del estancamiento reciente. Su gobierno ha prometido que hará una propuesta concreta antes de fin de año, para que sea considerada por todo el país.
Desconocemos si insistirán en aportar las acciones en el Fondo Fiduciario en las generadoras y distribuidoras de energía, o si reiterarán la idea de contribuir activos adicionales de las áreas revertidas. En cuanto a este último, recordemos que en el 2001 el Gobierno aportó unos B/.60 millones en terrenos y edificios para ser utilizados principalmente para aumentos en las pensiones otorgadas por el Programa de Invalidez, Vejez y Muerte (PIVM) de la CSS.
En su momento criticamos estas medidas por considerarlas paleativos, que más que contribuir entorpecerán el funcionamiento de la institución al convertirla en un administrador de una diversidad de activos cuando a duras penas puede manejar unos cuantos. Consideramos que más constructivo sería aumentar progresivamente las cuotas y los años de aporte, como ha sugerido el viceministro Domingo Latorraca, pero esas medidas tienen que venir acompañadas de otras que faciliten inversiones seguras y rentables, que bien podrían incluir compromisos específicos en cuanto a otros activos estatales.
Tanto la Presidenta como los aspirantes a su cargo deben presionar desde sus respectivas trincheras para que el Diálogo Nacional por la Caja de Seguro Social continúe construyendo sobre sus logros. Ya han llegado a importantes y trascendentales acuerdos en los programas de Administración, de Enfermedad y Maternidad, y de Riesgos Profecionales. Reconocemos que PIVM es el más difícil, pero haberlo dejado para último ha permitido la acumulación de mayor conocimiento sobre su problemática. Ahora lo que se requiere es reestablecer la confianza entre los actores e interesados para poder llegar a un entendimiento.
Confiamos en que ya hay un elevado sentido de urgencia en toda la población, incluyendo los actuales protagonistas en la mesa del Diálogo, quienes no deben ni podemos permitir que evadan su responsabilidad de actuar.
Debemos proteger los bosques, son amigos leales y están indefensos. Debemos entender que, en cierta medida, Protágoras erró y que los seres humanos somos sólo un eslabón más en la cadena trófica del planeta. Debemos dejar que los parques nacionales sean precisamente eso, lugares de recreo y estudio para los jóvenes panameños, santuarios de vida donde el miserable afán de lucro de nuestra sociedad sea detenido y revertido a mejores fines. Debemos dejar de talar irresponsablemente en Darién, en Bocas del Toro, en los remanentes de bosques nubosos de Azuero. Debemos dejar de lado proyectos insensatos y oscuros intereses en bienes raíces y turismo de alto impacto como los que están detrás de la decisión política de construir la carretera entre Boquete y Cerro Punta en el Parque Nacional del Volcán Barú.
En el Centenario de nuestra República ocupamos con urgencia proteger a una especie endémica, amenazada de extinción al igual que los bosques y el resto de la biota del país, la especie de jóvenes panameñas y panameños que en un futuro muy cercano heredaran sólo los jirones depredados de la patria de sus mayores.