default

Salvavidas que no salvan


La inmensa mayoría no estudia y por ello, no entiende de economía. En momentos de crisis sus reacciones resultan intestinales, y eso ya saben a dónde conduce.

Lo peor ante una emergencia es actuar irracionalmente, pero ello es humano y es la tendencia imperante frente a la crítica situación económica que enfrentamos. Esto es tan cierto que aún en estados Unidos, cuna de libertades, estamos viendo a revistas como TIME predicando intervencionismo. De hecho, uno de sus articulistas, Justin Fox, dice que "el problema de los americanos es que gozan de demasiada libertad económica".

En las recientes inundaciones en Iowa, el Procurador General ha anunciado medidas severas en contra de quien especule con los precios injustificadamente. Esta actuación intestinal y politiquera, en situaciones de crisis, causa que los costos de inventarios en áreas afectadas se disparan. ¿Quién y cómo se determina si un precio es "justificado" o no? Debemos sopesar nuestras reacciones frente a las distorsiones económicas que estamos viviendo.

En el caso de Iowa, el Procurador mantendrá las medidas por seis meses de recuperación posterior a la crisis. El Estado no tiene ni la capacidad ni es su función resolver todos estos problemas. Históricamente, este tipo de medidas siempre conduce al desabastecimiento y consecuente encarecimiento de las cosas cuya existencia pretendemos garantizar; es un salvavidas que no salva.

Controlar y bajar precios durante una catástrofe produce acaparamiento. Los primeros que llegan compran de más; lo cual es lógico, pues las personas no saben cuánto tiempo durará el problema y exagerarán. Como el precio está "controlado", nadie se esfuerza por renovar sus existencias, salvo quienes no temen al mercado negro.

En el fondo enfrentamos un dilema moral, y los políticos que se inclinan por controlar desde el gobierno le quitan a la comunidad su responsabilidad social; y en adelante el "salvador" es el magnífico funcionario. Algunos querrán que el gobierno se encargue, pero si nos guiamos por el record de bateo de las entidades de gobierno, a mal palo nos arrimamos. Los gobiernos tiene funciones auténticas que cumplir en situaciones críticas, pero también la tienen todos los ciudadanos, y lo peor que podemos hacer es delegar por completo al burócrata.

Un gobierno jamás tendrá la versatilidad e ingenio que tienen los ciudadanos para conocer y enfrentar las necesidades comunitarias. Es más, si un pueblo carece de estas virtudes, tampoco las encontraremos en sus gobiernos; de manera que todas estas intervenciones terminarán empeorando y prolongando la crisis.

La puesta en práctica de controles centrales son mucho más costosas que si fuesen los mismos ciudadanos que se involucran directamente. Poner a personas a corretear a quienes especulan, particularmente durante una crisis, le resta recursos a la función básica de cuidar el orden público y velar por la justicia ordinaria; cosa que ya están en mora.

Si no encontramos formas de robustecer a la comunidad al punto que sean las personas y no sus gobiernos los salvavidas, por mal camino andamos.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América