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Salvemos al Seguro Social


Bombearle tres mil millones de balboas a ciegas, sin hacerle cambios estructurales sería comprar tiempo para caer en lo mismo o en una situación peor a la vuelta de dos generaciones, a quienes endosaríamos el problema. En este sentido se mueve la oferta presidencial de traspasar al Seguro Social los haberes y réditos de la Autoridad de la Región Interoceánica (ARI) porque son recursos finitos y es echar recursos a un pozo sin fondo. La salida es cerrar el bache antes que echar más dinero al problema.
Tampoco podemos permitirnos el lujo de cerrar las puertas a un aumento de las cuotas y de la edad de jubilación. Son alternativas antipáticas pero no por eso descartables a priori.
La solución que hemos propuesto trabaja en dos vertientes: elevar los ingresos y cerrar los agujeros de drenaje de recursos. En el primer rubro, el de los ingresos, planteamos, en efecto, considerar un aumento de la cuota según el número de dependientes no cotizantes, mejorar las cobranzas y las inversiones. En el segundo rubro, el de los gastos, proponemos introducir fórmulas de subcontratación privada de servicios más económicos, recortar la planilla de la entidad y salir de algunos hospitales manifiestamente ineficientes.
Tal vez haya que convertir al Seguro Social en una administradora de capitales para pensionados y jubilados, y para el pago de los servicios de salud que presten los hospitales privados a los asegurados y sus dependientes bajo cobertura; y olvidarse del todo de administrar hospitales y clínicas, pagar médicos, enfermeras, horas extras, comprar medicinas y asumir las pérdidas de las dañadas, dejando esos asuntos a los subcontratistas, y al Ministerio de Salud que asuma su obligación de velar por la salud de los no asegurados, y no como ocurre ahora, que es el Seguro quien corre con los propios y con los ajenos sin que nadie le reembolse los gastos.


101 años de Panamá América

 
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