Salvemos el Casco Viejo
EL CASCO VIEJO, poco a poco va recuperando su hidalguía de la ciudad que antes era. El valor que se le da una ciudad o sector histórico conlleva sin un proceso lento de concienciación para la restauración; pero no tan lento como ocurre con nuestro Casco Viejo.
Este proceso de restauración se inicio en Panamá, hace 34 años, observándose en el siglo XXI, edificaciones de antaño que ya gozan de los beneficios de esta técnica de la arquitectura conservacionista que propugna por el rescate patrimonial de sectores de la ciudad que fungen como testigos de nuestra historia. Lastimosamente no se puede afirmar que estemos a la zaga de dicho rescate con la seriedad que esto demanda.
Hay que reconocer el esfuerzo que la empresa privada, le ha concedido a la puesta en valor de este proceso de concienciación para la restauración del Casco Viejo. Sin embargo, para impulsar este proyecto el granito de arena que han aportados los gobiernos transcurridos, no ha sido suficiente. ¿Será que no están convencidos del rescate de nuestro patrimonio? Es necesario que se convenzan de una vez, ya que no sólo representa un aporte a la conservación de nuestra cultura, sino que se convierte en un sólido factor de desarrollo económico.
Un ejemplo digno de emular por rescatar su patrimonio cultural, nos lo muestran los gobiernos de países en el Caribe al restaurar sitios como: El Viejo San Juan, El Centro Histórico de Santo Domingo y la Habana Vieja, reconocidos como centros históricos de la humanidad. Señores, démosles el impulso que esto requiere.
En Panamá, no hemos contado con una real política de Estado, y la voluntad política de querer llevar a cabo este proyecto, el cual daría como resultado no sólo la aceptación mundial de nuestro país, como centro histórico, digno y exponente cultural, sino que al ser bendecido por su afluencia de visitantes, estaríamos creando de esta manera fuentes de trabajo para mejorar la calidad de vida de nuestros conciudadanos.
En todo el territorio nacional la negligencia en el mantenimiento y conservación de nuestras ruinas, es evidente. De eso no hay duda. El Arco Chato, dio testimonio de esta verdad, tras celebrar con bombos y platillos nuestro primer Centenario como República: Se Desploma, exhausto y olvidado por todos.
En pleno corazón del Centro Histórico de San Felipe, en el Convento de Santo Domingo, se ubica el Arco Chato que sufrió las consecuencias de la indolencia y negligencia de las autoridades responsables de su posteridad, máxime cuando a escasos metros se encuentra la oficina especial para ejecutar el Plan Maestro para la Conservación de este sector histórico y las instalaciones del INAC. Ante los llamados de advertencias de medios de comunicación hicieron sobre un posible derrumbe, el entonces director del INAC, haciendo caso omiso al llamado, argumento "el Arco Chato no se caerá, éste posee dentro de su interior un alma de acero".
Antes del inicio de la era republicana, este monumento era conocido como "El Arco Chato", que fue un elemento estructural tan noble, que permitió que Panamá, fuera conocida como un territorio de estabilidad sísmica, y se dice que contribuyó para que el Istmo fuera seleccionado para construir el Canal.
El aporte final de este famoso "Arco Chato" es la enseñanza que nos lega con el promontorio de sus restos: Ser conscientes de la existencia de nuestros monumentos y de las consecuencias que conlleva la desidia colectiva que reina en el país al respecto.
Es absurdo tratar de reconstruir el Arco Chato. Qué sentido tendría hacerlo; sería darnos un premio a la incapacidad. Hay que renunciar a crear nada nuevo que pueda conducir al falso histórico -faltar el respeto a lo heredado en su estado original- sobre aquello que no fuimos capaces de conservar, es justo que paguemos por ello. Existen varias ruinas que amenazan con desplomarse desde hace buen tiempo, siendo lo más triste de este asunto que además de perderse nuestros testimonio del transcurso histórico, se dé la perdida de vidas inocentes, al momento de producirse lo anunciado.
Las ruinas ubicadas en Avenida B, frente a la Iglesia de San Felipe de Neri, atrás del antiguo Hotel Colombia, han perdido el revoque de sus muros y los mismos están ligeramente inclinados hacia la calle, siendo su único amarre la vegetación, que al igual que el "Arco Chato", carece de alma de acero. Esta construcción no posee columnas ni vigas, el día que se desplome, será por tres semanas consecutivas, tema de de noticias de primera plana en los periódicos, igualando en alboroto público al ya escenificado con el "Arco Chato", para luego sumirse en el olvido.
Hay que obligar a los propietarios de estos inmuebles que los intervengan con carácter de urgencia, bien pueden consolidarlos, apuntalarlos o ejecutando una obra que a la vez contribuya con el proceso de recuperación y puesta en valor del Casco Viejo.
Hay que felicitar a las inmobiliarias e inversionistas que han visualizado la imagen final de un Casco Viejo ya restaurado en su totalidad, como centro histórico de nuestra nacionalidad. Sin embargo, hay quienes especulan acaparando propiedades en este sector, aprovechando la coyuntura de promesas de restauraciones, sin proceder por el momento a efectuar cambios en su estructura, esperando la recuperación de nuestro patrimonio histórico, para luego aumentar el precio del bien para tener mayores ganancias. Entre tanto las autoridades deben tomar carta en el asunto que impide la restauración y rescate del Casco Viejo.
Esta respuesta la podremos encontrar en los organismos de derechos humanos a los que Panamá puede y deberá acudir si en verdad deseamos limpiar esas áreas para utilizarlas en el desarrollo nacional.
Este proceso de restauración se inicio en Panamá, hace 34 años, observándose en el siglo XXI, edificaciones de antaño que ya gozan de los beneficios de esta técnica de la arquitectura conservacionista que propugna por el rescate patrimonial de sectores de la ciudad que fungen como testigos de nuestra historia. Lastimosamente no se puede afirmar que estemos a la zaga de dicho rescate con la seriedad que esto demanda.
Hay que reconocer el esfuerzo que la empresa privada, le ha concedido a la puesta en valor de este proceso de concienciación para la restauración del Casco Viejo. Sin embargo, para impulsar este proyecto el granito de arena que han aportados los gobiernos transcurridos, no ha sido suficiente. ¿Será que no están convencidos del rescate de nuestro patrimonio? Es necesario que se convenzan de una vez, ya que no sólo representa un aporte a la conservación de nuestra cultura, sino que se convierte en un sólido factor de desarrollo económico.
Un ejemplo digno de emular por rescatar su patrimonio cultural, nos lo muestran los gobiernos de países en el Caribe al restaurar sitios como: El Viejo San Juan, El Centro Histórico de Santo Domingo y la Habana Vieja, reconocidos como centros históricos de la humanidad. Señores, démosles el impulso que esto requiere.
En Panamá, no hemos contado con una real política de Estado, y la voluntad política de querer llevar a cabo este proyecto, el cual daría como resultado no sólo la aceptación mundial de nuestro país, como centro histórico, digno y exponente cultural, sino que al ser bendecido por su afluencia de visitantes, estaríamos creando de esta manera fuentes de trabajo para mejorar la calidad de vida de nuestros conciudadanos.
En todo el territorio nacional la negligencia en el mantenimiento y conservación de nuestras ruinas, es evidente. De eso no hay duda. El Arco Chato, dio testimonio de esta verdad, tras celebrar con bombos y platillos nuestro primer Centenario como República: Se Desploma, exhausto y olvidado por todos.
En pleno corazón del Centro Histórico de San Felipe, en el Convento de Santo Domingo, se ubica el Arco Chato que sufrió las consecuencias de la indolencia y negligencia de las autoridades responsables de su posteridad, máxime cuando a escasos metros se encuentra la oficina especial para ejecutar el Plan Maestro para la Conservación de este sector histórico y las instalaciones del INAC. Ante los llamados de advertencias de medios de comunicación hicieron sobre un posible derrumbe, el entonces director del INAC, haciendo caso omiso al llamado, argumento "el Arco Chato no se caerá, éste posee dentro de su interior un alma de acero".
Antes del inicio de la era republicana, este monumento era conocido como "El Arco Chato", que fue un elemento estructural tan noble, que permitió que Panamá, fuera conocida como un territorio de estabilidad sísmica, y se dice que contribuyó para que el Istmo fuera seleccionado para construir el Canal.
El aporte final de este famoso "Arco Chato" es la enseñanza que nos lega con el promontorio de sus restos: Ser conscientes de la existencia de nuestros monumentos y de las consecuencias que conlleva la desidia colectiva que reina en el país al respecto.
Es absurdo tratar de reconstruir el Arco Chato. Qué sentido tendría hacerlo; sería darnos un premio a la incapacidad. Hay que renunciar a crear nada nuevo que pueda conducir al falso histórico -faltar el respeto a lo heredado en su estado original- sobre aquello que no fuimos capaces de conservar, es justo que paguemos por ello. Existen varias ruinas que amenazan con desplomarse desde hace buen tiempo, siendo lo más triste de este asunto que además de perderse nuestros testimonio del transcurso histórico, se dé la perdida de vidas inocentes, al momento de producirse lo anunciado.
Las ruinas ubicadas en Avenida B, frente a la Iglesia de San Felipe de Neri, atrás del antiguo Hotel Colombia, han perdido el revoque de sus muros y los mismos están ligeramente inclinados hacia la calle, siendo su único amarre la vegetación, que al igual que el "Arco Chato", carece de alma de acero. Esta construcción no posee columnas ni vigas, el día que se desplome, será por tres semanas consecutivas, tema de de noticias de primera plana en los periódicos, igualando en alboroto público al ya escenificado con el "Arco Chato", para luego sumirse en el olvido.
Hay que obligar a los propietarios de estos inmuebles que los intervengan con carácter de urgencia, bien pueden consolidarlos, apuntalarlos o ejecutando una obra que a la vez contribuya con el proceso de recuperación y puesta en valor del Casco Viejo.
Hay que felicitar a las inmobiliarias e inversionistas que han visualizado la imagen final de un Casco Viejo ya restaurado en su totalidad, como centro histórico de nuestra nacionalidad. Sin embargo, hay quienes especulan acaparando propiedades en este sector, aprovechando la coyuntura de promesas de restauraciones, sin proceder por el momento a efectuar cambios en su estructura, esperando la recuperación de nuestro patrimonio histórico, para luego aumentar el precio del bien para tener mayores ganancias. Entre tanto las autoridades deben tomar carta en el asunto que impide la restauración y rescate del Casco Viejo.
Esta respuesta la podremos encontrar en los organismos de derechos humanos a los que Panamá puede y deberá acudir si en verdad deseamos limpiar esas áreas para utilizarlas en el desarrollo nacional.