¡Salvemos el Seguro ya!
Todos conocemos el problema financiero de la Caja de Seguro Social (CSS), cuyo déficit se incrementa cada mes que pasa. Sabemos que urge hacer algo lo más pronto posible para asegurar su sostenibilidad, en bien no sólo de sus cotizantes y beneficiarios, sino de todo el país. Sabemos, además, que está en la mirilla de los organismos internacionales que exigen sanear sus finanzas para que el país pueda continuar siendo sujeto de crédito y de mejor calificación. Por tanto, la situación de la CSS es un problema de Estado, ya que el mismo se sirve de ella para garantizar la paz social y económica del país.
Como se evidencia, la solución del problema de la Caja que incluye aparte del financiero, la forma de administrarla, no es potestad de grupos con intereses particulares, sino de todos. Se requiere un gran análisis de alternativas actuariales y administrativas, inclinarnos imparcialmente hacia aquella que arroje el menor costo social posible y aplicarla sin que tiemble la mano, pero con la mayor justicia y transparencia.
En lo relativo al programa de pensiones, tal vez lo único positivo de no haber buscado antes solución al equilibrio financiero, que requerimos sin más dilación, ha sido poder observar lo acontecido en otros regímenes de seguridad social de América, que nos han antecedido en el cambio.
El modelo chileno, que deslumbró al mundo, se tambalea ante el clamor de sus usuarios por un sistema más humano y solidario. Allí sólo ganaron las administradoras de fondos de pensiones privadas, mientras el Estado sigue arrastrando el peso del reconocimiento de bonos, la morosidad se ha incrementado, se ha frenado el ingreso de nuevos cotizantes y las pensiones distan mucho de las expectativas iniciales, defraudando al usuario.
Todos los países que copiaron ese modelo, que abanicaron como la panacea los organismos de Crédito Internacionales y que hoy reconocen su fracaso, están confrontando problemas y los Estados arrastran la pesada carga del reconocimiento de las cuotas que pagaron en el viejo sistema y cuya reserva ya no existía, o sea Bonos de Reconocimiento, tal como tendrían que reconocerse en Panamá. El resto de los países que han deambulado por la ruta del cambio y que se inspiraron en el modelo multipilar del Uruguay, observan con asombro que sólo el primer pilar solidario de capitalización ha dado resultados positivos y que el pilar de cuentas individuales financiado por administradoras privadas les está ocasionando problemas tanto administrativos como de rentabilidad y no se ha logrado el anhelado equilibrio, aprestándose muchos de estos países como México, El Salvador, Costa Rica y Nicaragua a nuevos estudios actuariales para encontrar una solución.
En el caso de Nicaragua, los organismos BID, FMI, BM, acaban de alertar al gobierno que el proyecto de las Aseguradoras de Fondos de Inversiones (AFP) es inviable en dicho país.
Por todo lo anterior, ¡cuidado panameño! Cuando veas las bardas de tu vecino arder, pon las tuyas en remojo, y no causes similar incendio. ¿No creen que resulta más positivo crear nuestro propio modelo y mantenernos todos en un solo sistema solidario con las reformas que se requieran y no aventurarnos con algunos fallidos modelos de América? ¿No creen que resulta más positivo que todo aquel que pueda compre directamente su propio seguro privado de pensión para complementar lo que la Caja les brinde, como voluntariamente vienen haciendo muchos asegurados en Panamá, sin tener la Caja que actuar de intermediario, lo que introduce el elemento lucro de un tercero, tan ajeno a los seguros sociales?
A través del sistema público y solidario "Prima Escalonada", se asegura el equilibrio financiero en un escalón de 25 a 30 años, con los necesarios ajustes administrativos y financieros que incrementen las fuentes de ingresos y en el que ya no es necesario restablecer los 2,600 millones de déficit actuarial que registra el sistema actual de reparto de capitales de cobertura, sistema que casi todas las instituciones de seguro social han abandonado por requerir una gran reserva. Al margen de las evaluaciones actuariales periódicas, al término del escalón de equilibrio, durante el cual se han podido generar mayores fuentes de trabajo y mejores salarios, aprovechando la ventana de oro demográfica en la que nuestro país contará con el mayor número de población en edad de laborar, se reajusta un nuevo escalón de ser necesario, con cargo a una nueva generación. La seguridad social es dinámica y ninguna solución es permanente, porque están afectadas por los cambiantes fenómenos económicos y demográficos.
Asegurar la sostenibilidad de la CSS requiere del esfuerzo compartido del Estado, patrono y trabajadores, sus tres grandes pilares, en esta trascendental e histórica coyuntura que no admite restarse con argumento alguno de errores y decisiones pasadas, sino hacer causa común por la seguridad de las presentes y futuras generaciones. Pero de no lograrse consenso, el Ejecutivo, con su iniciativa parlamentaria, tiene la grave responsabilidad de presentar a la Asamblea Legislativa el proyecto con la alternativa que elija. Este será el mayor reto del próximo director y del nuevo gobierno, porque salvar a la Caja no puede esperar más. "No hay paz social sin justicia social, no hay justicia social sin Seguridad Social".
Como se evidencia, la solución del problema de la Caja que incluye aparte del financiero, la forma de administrarla, no es potestad de grupos con intereses particulares, sino de todos. Se requiere un gran análisis de alternativas actuariales y administrativas, inclinarnos imparcialmente hacia aquella que arroje el menor costo social posible y aplicarla sin que tiemble la mano, pero con la mayor justicia y transparencia.
En lo relativo al programa de pensiones, tal vez lo único positivo de no haber buscado antes solución al equilibrio financiero, que requerimos sin más dilación, ha sido poder observar lo acontecido en otros regímenes de seguridad social de América, que nos han antecedido en el cambio.
El modelo chileno, que deslumbró al mundo, se tambalea ante el clamor de sus usuarios por un sistema más humano y solidario. Allí sólo ganaron las administradoras de fondos de pensiones privadas, mientras el Estado sigue arrastrando el peso del reconocimiento de bonos, la morosidad se ha incrementado, se ha frenado el ingreso de nuevos cotizantes y las pensiones distan mucho de las expectativas iniciales, defraudando al usuario.
Todos los países que copiaron ese modelo, que abanicaron como la panacea los organismos de Crédito Internacionales y que hoy reconocen su fracaso, están confrontando problemas y los Estados arrastran la pesada carga del reconocimiento de las cuotas que pagaron en el viejo sistema y cuya reserva ya no existía, o sea Bonos de Reconocimiento, tal como tendrían que reconocerse en Panamá. El resto de los países que han deambulado por la ruta del cambio y que se inspiraron en el modelo multipilar del Uruguay, observan con asombro que sólo el primer pilar solidario de capitalización ha dado resultados positivos y que el pilar de cuentas individuales financiado por administradoras privadas les está ocasionando problemas tanto administrativos como de rentabilidad y no se ha logrado el anhelado equilibrio, aprestándose muchos de estos países como México, El Salvador, Costa Rica y Nicaragua a nuevos estudios actuariales para encontrar una solución.
En el caso de Nicaragua, los organismos BID, FMI, BM, acaban de alertar al gobierno que el proyecto de las Aseguradoras de Fondos de Inversiones (AFP) es inviable en dicho país.
Por todo lo anterior, ¡cuidado panameño! Cuando veas las bardas de tu vecino arder, pon las tuyas en remojo, y no causes similar incendio. ¿No creen que resulta más positivo crear nuestro propio modelo y mantenernos todos en un solo sistema solidario con las reformas que se requieran y no aventurarnos con algunos fallidos modelos de América? ¿No creen que resulta más positivo que todo aquel que pueda compre directamente su propio seguro privado de pensión para complementar lo que la Caja les brinde, como voluntariamente vienen haciendo muchos asegurados en Panamá, sin tener la Caja que actuar de intermediario, lo que introduce el elemento lucro de un tercero, tan ajeno a los seguros sociales?
A través del sistema público y solidario "Prima Escalonada", se asegura el equilibrio financiero en un escalón de 25 a 30 años, con los necesarios ajustes administrativos y financieros que incrementen las fuentes de ingresos y en el que ya no es necesario restablecer los 2,600 millones de déficit actuarial que registra el sistema actual de reparto de capitales de cobertura, sistema que casi todas las instituciones de seguro social han abandonado por requerir una gran reserva. Al margen de las evaluaciones actuariales periódicas, al término del escalón de equilibrio, durante el cual se han podido generar mayores fuentes de trabajo y mejores salarios, aprovechando la ventana de oro demográfica en la que nuestro país contará con el mayor número de población en edad de laborar, se reajusta un nuevo escalón de ser necesario, con cargo a una nueva generación. La seguridad social es dinámica y ninguna solución es permanente, porque están afectadas por los cambiantes fenómenos económicos y demográficos.
Asegurar la sostenibilidad de la CSS requiere del esfuerzo compartido del Estado, patrono y trabajadores, sus tres grandes pilares, en esta trascendental e histórica coyuntura que no admite restarse con argumento alguno de errores y decisiones pasadas, sino hacer causa común por la seguridad de las presentes y futuras generaciones. Pero de no lograrse consenso, el Ejecutivo, con su iniciativa parlamentaria, tiene la grave responsabilidad de presentar a la Asamblea Legislativa el proyecto con la alternativa que elija. Este será el mayor reto del próximo director y del nuevo gobierno, porque salvar a la Caja no puede esperar más. "No hay paz social sin justicia social, no hay justicia social sin Seguridad Social".