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Salvemos las ballenas, 2004


La reunión del Comité Ballenero Internacional (CBI), que se celebrará en Sorrento, Italia, en julio de este año, puede constituirse en el punto crítico que decidirá la suerte final de los cetáceos.
Los japoneses han decidido jugárselas todas y, para ello, desarrollan un intenso cabildeo en los pequeños países que ellos ayudaron (Greenpeace y la prensa internacional), a entrar en el CBI, sobornando a funcionarios, pagando las cuotas de ingresos y sus anualidades.
De lograrse los propósitos de Japón, estaremos asistiendo al principio del fin de las ballenas.
Tal vez las próximas generaciones no las puedan conocer, a no ser por las referencias registradas en el pasado y a Panamá se le ubicará como una de las naciones que contribuyeron a la extinción de esas bellas criaturas.
Panamá reingresa al CBI en el 2001 y desde entonces "ha votado coincidentemente con Japón en una política favorable a la cacería y contraria al desarrollo de los santuarios balleneros".
Cuando aún era ministro de Relaciones Exteriores del gobierno de Mireya Moscoso, el Licdo. José Miguel Alemán dijo, palabras más, palabras menos, "... estamos pagando favores a Japón", lo que constituyó la gota que derramó el vaso de un rosario de eventos que pusieron en evidencia las denuncias internacionales de "Panamá, país comprado".
El permanente cabildeo de la Asociación Verde de Panamá (ASVEPA), Greenpeace, Alianza Verde y otras organizaciones ambientalistas agrupadas en el Foro de la Sociedad Civil para el Ambiente (FSOCIAM), así como del periodismo combativo, condujeron a llevar el tema de la política de Panamá en el Comité Ballenero Internacional, a uno de los primeros y más sensitivos puntos de la agenda de cuestiones de las propuestas de las nóminas presidenciales, destacándose, la de Patria Nueva, que en la voz de su primer vicepresidente, hoy electo, Samuel Lewis Navarro, se pronunció por cambiar la actual política de Panamá de votar a favor de la cacería por la de una postura conservacionista de los cetáceos.
El escenario para la reunión del CBI 2004 en Italia, obliga al gobierno saliente de la presidenta Mireya Moscoso a consensuar la votación de Panamá con el compromiso electoral adquirido por el gobierno electo, en contra de la cacería y a favor de la moratoria y santuarios para la protección de las ballenas.
Debe, entonces, en función del período de transición, incluirse un representante del nuevo gobierno electo para que participe de las reuniones del CBI en Sorrento, Italia, y se vote en consonancia con el querer de lo expresado por las mayorías nacionales.
Toca, igualmente a la saliente Asamblea Legislativa, atender la solicitud de la sociedad civil ambiental para que se declaren santuarios balleneros a las aguas territoriales y jurisdiccionales de la República de Panamá.
En el período legislativo pasado, entregamos un anteproyecto elaborado sobre el Santuario Ballenero de Panamá a la Comisión de Ambiente y Desarrollo, al legislador Elías Castillo, por vía de la participación o iniciativa ciudadana, por lo que corresponde a la cámara legislativa proceder de acuerdo a la forma más expedita para lograr que Panamá pase de ser una nación con una imagen internacional de país vendido o comprado, a la de aquel que lidera la protección de las ballenas.
La adopción de la nueva imagen conservacionista de las ballenas, que se lleve a Sorrento, Italia, así como la declaración del Santuario Ballenero de Panamá, enviará un mensaje al mundo que nuestro país podría capitalizar para, entre otros, lograr atraer ecoturistas de avistamientos de cetáceos, que estimamos puede significar entre 50 y 100 millones de dólares anuales, contribuyendo a inyectar recursos o ingresos a poblaciones marino costeras e insulares que hoy se encuentran en situación de pobreza o pobreza extrema.

101 años de Panamá América

 
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