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Salvemos a nuestros niños y jóvenes


Los invito a todos, sin importar su edad, nivel de educación, credo, raza o nivel económico a reflexionar sobre nuestros niños y jóvenes, como parte del problema de inseguridad que vivimos hoy los panameños.

El rol que ejercían algunas instituciones de control social sobre nuestros niños y jóvenes ha ido en decadencia durante los últimos 20 años. La escuela, la religión, la familia, clubes cívicos, organizaciones sociales, organizaciones deportivas y el mismo Estado hemos evadido nuestra responsabilidad en la enseñanza de lo que los filósofos antiguos llamaban virtudes que llevaban a la felicidad del ser humano, que hoy se traducen valores éticos y morales.

Si todos los hombres nacen buenos y la base de la vida en sociedad es la convivencia pacífica, resulta obvio que es a esa misma sociedad a la que corresponde la enseñanza en valores, que resultan indispensables tanto en el conocimiento como en la práctica, porque a medida que nuestros niños y jóvenes los van perdiendo no hay coerción interna que los limite a traspasar la delgada línea imaginaria entre el bien y el mal, por eso es importante y “debemos recordar que los valores nos hacen humanos y perderlos supone la deshumanización personal y social de la civilización presente y futura”. (Coya Navarro, Universidad de Panamá. 2006).

Se ha perdido la disciplina, el respeto, los buenos modales al hablar y conducirse, el valor del dinero ganado con honestidad, trabajo o inversión, la persecución de metas a través del estudio y el deporte, la conservación de la salud y el bienestar, el respeto a la propiedad, la libertad y a la vida misma. Esta pérdida coloca a nuestros niños y jóvenes en víctimas del poder punitivo del Estado, que no contribuye en nada a su resocialización.

Todos retomemos nuestro papel fundamental como transmisores de los valores que hacen cómoda la vida en sociedad y principalmente el Estado, que en vez de llenar sus viejas y nuevas cárceles con ellos, debe promover todo tipo de campañas en pro de la recuperación de nuestros niños y jóvenes, porque atinado para la República de Panamá, en aras de salvarlos, sería el discurso que pronunciara San Vicente de Paúl a las damas piadosas mientras les mostraba los huérfanos que protegía diciendo: “Ahora veréis si quieres abandonarlos para siempre (…); su vida y su muerte están en vuestras manos (…). Vivirán si continuáis mostrándoos caritativas, pero, pongo a Dios por testigo, que estarán todos muertos mañana, si los dejáis desamparados”. (Perelman y Olbrechts Tyteca. Tratado de la Argumentación. Gredos. Madrid 1989. Pág. 157).

101 años de Panamá América

 
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