Sancho, los perros ladran...
Días atrás surgieron comentarios poco afables de un grupo minúsculo contra el magistrado Eduardo Valdés Escoffery por acuñar la frase "Sí se puede" durante el discurso que pronunció en la ceremonia oficial de proclamación del presidente electo, Martín Torrijos Espino.
Se trata de un evento no acertado y de mala fe que intenta confundir a la opinión pública.
No hay duda que es injusto que al calor de la pasión política se insista en revalidar egoísmos cerrando corazones y negando méritos a quienes se han entregado al servicio del país.
Resulta que conocí a Eduardo Valdés Escoffery de pura casualidad. Para 1988, tenía un pleito laboral con la Agence France Presse (AFP), empresa para la que laboré durante 10 años, como su corresponsal. De pronto, ellos consideraron prescindir de mis servicios.
No hubo manera de convencer a mis antiguos jefes en lograr un arreglo extraoficial. Tras un impasse de dos meses, justamente durante la celebración del 14 de julio, se me acercó el Ministro de Trabajo de entonces, César Martans, para invitarme a conversar sobre un tema de interés. Fui a su despacho y me informó que la AFP le había solicitado interponer sus buenos oficios a fin de lograr un arreglo extrajudicial, tan pronto fuera posible. Me puso en auto en cuanto a que la agencia había designado a Eduardo Valdés Escoffery para lograr este arreglo.
Fue así como conocí a este ciudadano, en medio de una negociación que se desarrolló con mucho respeto, consideración y comprensión. Creo que logramos más de lo que esperábamos.
Recuerdo que, hablamos de política (Valdés, Ramón Castellanos y yo). El hoy magistrado me aclaró que no tenía afiliación y su conducta era apolítica. Se acercaban las elecciones de 1989. Le comenté que dudaba de la victoria de Guillermo Endara. El sonrió y me ripostó: "Pero dónde están los votos", en referencia a los votos del PRD para alzarse también con la victoria.
Así mismo, me impresionó que en una de las paredes su oficina estaba colocada una fotografía donde posaba con Arnulfo Arias Madrid, de quien me dijo era su padrino o padrino de algún familiar.
Cuando laboraba en la Radio Exitosa, me lo encontraba caminando por el parque Urraca, sin escolta y acompañados por sus hijos. Más tarde, en mi desempeño como periodista de KW Continente, le llamé varias veces, casi de madrugada, y él nunca rehusó responder a nuestro cuestionario periodístico.
El hecho de haber ocupado en tres oportunidades la presidencia del Tribunal Electoral y estar al frente de los comicios parciales de 1991, los presidenciales de 1994, 1999 y 2004, me parece no sólo un récord personal sino una reiteración del reto y su capacidad de trabajo. Cabe destacar que en estos cuatro torneos electorales la oposición triunfó y se respetó la voluntad popular.
Valdés Escoffery siempre ha estado pendiente de las nuevas tecnologías y ciencias informáticas, también de los procesos electorales de la región. Sus funcionarios han recorrido varios países a fin de adiestrarse y actualizarse. Producto de esa dedicación, en 1994, los resultados electorales se conocieron casi 8 horas después. Antes se conocían hasta tres meses posteriores.
En estos últimos comicios del 2004, el país fue testigo de una gran meta cumplida. Con casi 42 minutos después de haberse cerrado la votación, en una comunidad tan remota como Chimán, los panameños pudieron enterarse cómo ellos votaron y por quién la gente de ese lugar expresó sus preferencias y, casi dos horas después, la noticia fue que Martín Torrijos era el electo.
Durante 14 años, junto con sus colegas magistrados transformaron un sistema electoral en busca de la perfección, la eficiencia, mejor visión e identidad nacional. Intentar demeritar su labor es un acto de mala fe que obliga recordar lo dicho por el Quijote a Sancho, cuando los perros ladran es señal de que se cabalga.
La ciudadanía puede estar segura de que el Dr. Valdés cumplió el juramento que hizo cuando tomó posesión de su cargo y ha dedicado mucho empeño a su trabajo.
La experiencia acumulada lo ubica como un excelente técnico electoral con méritos reconocidos por distintos países de América Latina, organismos internacionales y entidades no gubernamentales.
Se trata de un evento no acertado y de mala fe que intenta confundir a la opinión pública.
No hay duda que es injusto que al calor de la pasión política se insista en revalidar egoísmos cerrando corazones y negando méritos a quienes se han entregado al servicio del país.
Resulta que conocí a Eduardo Valdés Escoffery de pura casualidad. Para 1988, tenía un pleito laboral con la Agence France Presse (AFP), empresa para la que laboré durante 10 años, como su corresponsal. De pronto, ellos consideraron prescindir de mis servicios.
No hubo manera de convencer a mis antiguos jefes en lograr un arreglo extraoficial. Tras un impasse de dos meses, justamente durante la celebración del 14 de julio, se me acercó el Ministro de Trabajo de entonces, César Martans, para invitarme a conversar sobre un tema de interés. Fui a su despacho y me informó que la AFP le había solicitado interponer sus buenos oficios a fin de lograr un arreglo extrajudicial, tan pronto fuera posible. Me puso en auto en cuanto a que la agencia había designado a Eduardo Valdés Escoffery para lograr este arreglo.
Fue así como conocí a este ciudadano, en medio de una negociación que se desarrolló con mucho respeto, consideración y comprensión. Creo que logramos más de lo que esperábamos.
Recuerdo que, hablamos de política (Valdés, Ramón Castellanos y yo). El hoy magistrado me aclaró que no tenía afiliación y su conducta era apolítica. Se acercaban las elecciones de 1989. Le comenté que dudaba de la victoria de Guillermo Endara. El sonrió y me ripostó: "Pero dónde están los votos", en referencia a los votos del PRD para alzarse también con la victoria.
Así mismo, me impresionó que en una de las paredes su oficina estaba colocada una fotografía donde posaba con Arnulfo Arias Madrid, de quien me dijo era su padrino o padrino de algún familiar.
Cuando laboraba en la Radio Exitosa, me lo encontraba caminando por el parque Urraca, sin escolta y acompañados por sus hijos. Más tarde, en mi desempeño como periodista de KW Continente, le llamé varias veces, casi de madrugada, y él nunca rehusó responder a nuestro cuestionario periodístico.
El hecho de haber ocupado en tres oportunidades la presidencia del Tribunal Electoral y estar al frente de los comicios parciales de 1991, los presidenciales de 1994, 1999 y 2004, me parece no sólo un récord personal sino una reiteración del reto y su capacidad de trabajo. Cabe destacar que en estos cuatro torneos electorales la oposición triunfó y se respetó la voluntad popular.
Valdés Escoffery siempre ha estado pendiente de las nuevas tecnologías y ciencias informáticas, también de los procesos electorales de la región. Sus funcionarios han recorrido varios países a fin de adiestrarse y actualizarse. Producto de esa dedicación, en 1994, los resultados electorales se conocieron casi 8 horas después. Antes se conocían hasta tres meses posteriores.
En estos últimos comicios del 2004, el país fue testigo de una gran meta cumplida. Con casi 42 minutos después de haberse cerrado la votación, en una comunidad tan remota como Chimán, los panameños pudieron enterarse cómo ellos votaron y por quién la gente de ese lugar expresó sus preferencias y, casi dos horas después, la noticia fue que Martín Torrijos era el electo.
Durante 14 años, junto con sus colegas magistrados transformaron un sistema electoral en busca de la perfección, la eficiencia, mejor visión e identidad nacional. Intentar demeritar su labor es un acto de mala fe que obliga recordar lo dicho por el Quijote a Sancho, cuando los perros ladran es señal de que se cabalga.
La ciudadanía puede estar segura de que el Dr. Valdés cumplió el juramento que hizo cuando tomó posesión de su cargo y ha dedicado mucho empeño a su trabajo.
La experiencia acumulada lo ubica como un excelente técnico electoral con méritos reconocidos por distintos países de América Latina, organismos internacionales y entidades no gubernamentales.