Sancho, los perros ladran... señal de que hay dolidos
Los movimientos sociales irrumpen en las naciones respaldados por la fuerza que les da el soberano: el pueblo. Son detonantes expansivos que van, arrolladoramente, arrastrando consigo a cuanta rábula se presente en el camino. Se convierten en fuerzas con las cuales no puede el detentador del poder político competir. Ni aún los dictadores más terribles de los que ha conocido la humanidad se han mantenido en pies cuando corre, apresurada, la voz del pueblo: vox populis vox dei (La voz del pueblo es la voz de Dios). Cuando el soberano habla, los gobiernos están llamados a escuchar su voz. Si los oídos del poder político, de los gobiernos, se cierran para las altisonantes palabras del pueblo, entonces se reta la conciencia crítica de la Nación y la negativa del poder en prestar atención a lo que dice el soberano constituye un desafío al gran poder social. Cómo incomoda a los pueblos que sus gobernantes hagan de sus exclamaciones palabras sórdidas, expresiones sonoras que caen en sacos rotos. Entonces, cuando ello se da no hay poder político sobre la faz de la Tierra que pueda detener el derecho de una nación a rebelarse contra todo ejercicio abusivo del poder. Grandes teóricos, así como también lo recogen pactos y convenios en materia de derechos humanos, reconocen el derecho de los pueblos del orbe a rebelarse contra todo ejercicio arbitrario del poder político, contra toda opresión.
El 21 de mayo del año que decurre, ante la movilización de varios miles de personas -estudiantes, obreros, campesinos, amas de casa, pequeños y medianos empresarios, desempleados de Panamá, Colón, San Miguelito; pobladores de La Chorrera, moradores de Mocambo, de Villa Marta, sectores de profesionales, funcionarios, sindicatos, etc., y en medio de consignas que gritaba el pueblo pidiendo la derogatoria de las reformas tributarias, no al aumento indiscriminado del alza en el precio o costo de la energía eléctrica, el Gobierno hizo público, a través de los distintos medios de comunicación social, un comunicado de la Presidencia en el que se anunciaba que, por este período, quedaba suspendido el aumento anunciado de la luz y que entraría a regir el 1 de julio de este año.
Por nuestra parte, en medio de los discursos "flamígeros", dimos a conocer la noticia al pueblo congregado en la Plaza 5 de Mayo. Hubo aplausos, pero a renglón seguido dije a la gente allí reunida que ello era el inicio de las conquistas de nuestra sociedad frente a los gobiernos que no saben defender ni proteger a sus gobernados. Por ello señalé que había que exigir la disminución de esa alta tarifa y, más recientemente, he advertido que el pueblo panameño tiene derecho a le sean devueltos todos los depósitos hechos al momento en que contrató el servicio de la energía eléctrica y que, según las cuentas, son varios millones de dólares en manos de las empresas y que generan cientos de miles en intereses, pero, no obstante, el pueblo no ve la entrega de esos dineros.
La marcha del pasado 21 de mayo, que se hizo para peticionar la derogatoria de la ley que introdujo las reformas tributarias y proclamar un no rotundo al alza de la luz, recibió un respaldo masivo del pueblo panameño. Ese ha sido y será un día histórico para el poder social de nuestra nación: salían personas de todas partes; bajaban con alegría y contento de los taxis y de los buses; humildes ciudadanos, pero sinceros, traían sus cartulinas sobre las cuales escribieron breves titulares de enérgicas protestas; otros traían enrolladas enormes pancartas anunciando disconformidad absoluta por las reformas tributarias y el alza de la luz; vinieron personas hasta de Río Hato; un ciudadano panameño le expresó a uno del interior del país que él venía de más lejos: de China; llegaron los obreros, los funcionarios; los estudiantes de la Universidad de Panamá; se hicieron presentes varios pastores de iglesias; habían muchos católicos; amas de casa, desempleados; algunos políticos concurrieron y le advertimos que recordaran que estaban allí como personas naturales y como ciudadanos del país, que no se permitiría la consigna política e hicieron caso. Es decir, en esa marcha había "puro pueblo".
No puedo dejar de mencionar a pequeños y medianos empresarios, aun de la gran empresa que caminaron desde la Iglesia del Carmen hasta la Plaza 5 de Mayo. Fue una auténtica y verdadera, sincera y transparente, demostración del poder del único soberano: el pueblo panameño. Sobre ese poder, sagrado e inmarcesible, por cuanto brota de las entrañas mismas de la gente honesta y de los buenos hijos de la Patria, nadie puede intentar treparse o acomodarse, pues como le aconsejaba el célebre ministro de la diplomacia francesa a Napoleón: "Con las bayonetas se puede hacer de todo menos sentarse sobre ellas". Al día siguiente, amanecieron algunos despotricadores, francotiradores gratuitos y defensores del status quo, diciendo que se trataba de una marcha política. Pero a Dios gracias que el pueblo sabe distinguir a sus hombres serios y honestos de quienes tan sólo lucen o llevan puesta la carátula de la transparencia y fueron voces del mismo pueblo las que se encargaron de censurarles semejante prejuicio emitido en nuestra contra. Fue El Panamá América el que, en su editorial del viernes 23 de mayo de este año, habla de "Guerra en Panamá"; nos hizo un reconocimiento propio de los grandes dirigentes y del cual somos inmerecedores, pues el premio y el aplauso es para todo el pueblo panameño que aún no ha perdido su creencia en que todavía queda un remanente honesto de hombres y mujeres que amamos a esta nación y como sociedad en general, como un solo haz de voluntades, supo acudir a la cita del 21 de mayo.
El 21 de mayo del año que decurre, ante la movilización de varios miles de personas -estudiantes, obreros, campesinos, amas de casa, pequeños y medianos empresarios, desempleados de Panamá, Colón, San Miguelito; pobladores de La Chorrera, moradores de Mocambo, de Villa Marta, sectores de profesionales, funcionarios, sindicatos, etc., y en medio de consignas que gritaba el pueblo pidiendo la derogatoria de las reformas tributarias, no al aumento indiscriminado del alza en el precio o costo de la energía eléctrica, el Gobierno hizo público, a través de los distintos medios de comunicación social, un comunicado de la Presidencia en el que se anunciaba que, por este período, quedaba suspendido el aumento anunciado de la luz y que entraría a regir el 1 de julio de este año.
Por nuestra parte, en medio de los discursos "flamígeros", dimos a conocer la noticia al pueblo congregado en la Plaza 5 de Mayo. Hubo aplausos, pero a renglón seguido dije a la gente allí reunida que ello era el inicio de las conquistas de nuestra sociedad frente a los gobiernos que no saben defender ni proteger a sus gobernados. Por ello señalé que había que exigir la disminución de esa alta tarifa y, más recientemente, he advertido que el pueblo panameño tiene derecho a le sean devueltos todos los depósitos hechos al momento en que contrató el servicio de la energía eléctrica y que, según las cuentas, son varios millones de dólares en manos de las empresas y que generan cientos de miles en intereses, pero, no obstante, el pueblo no ve la entrega de esos dineros.
La marcha del pasado 21 de mayo, que se hizo para peticionar la derogatoria de la ley que introdujo las reformas tributarias y proclamar un no rotundo al alza de la luz, recibió un respaldo masivo del pueblo panameño. Ese ha sido y será un día histórico para el poder social de nuestra nación: salían personas de todas partes; bajaban con alegría y contento de los taxis y de los buses; humildes ciudadanos, pero sinceros, traían sus cartulinas sobre las cuales escribieron breves titulares de enérgicas protestas; otros traían enrolladas enormes pancartas anunciando disconformidad absoluta por las reformas tributarias y el alza de la luz; vinieron personas hasta de Río Hato; un ciudadano panameño le expresó a uno del interior del país que él venía de más lejos: de China; llegaron los obreros, los funcionarios; los estudiantes de la Universidad de Panamá; se hicieron presentes varios pastores de iglesias; habían muchos católicos; amas de casa, desempleados; algunos políticos concurrieron y le advertimos que recordaran que estaban allí como personas naturales y como ciudadanos del país, que no se permitiría la consigna política e hicieron caso. Es decir, en esa marcha había "puro pueblo".
No puedo dejar de mencionar a pequeños y medianos empresarios, aun de la gran empresa que caminaron desde la Iglesia del Carmen hasta la Plaza 5 de Mayo. Fue una auténtica y verdadera, sincera y transparente, demostración del poder del único soberano: el pueblo panameño. Sobre ese poder, sagrado e inmarcesible, por cuanto brota de las entrañas mismas de la gente honesta y de los buenos hijos de la Patria, nadie puede intentar treparse o acomodarse, pues como le aconsejaba el célebre ministro de la diplomacia francesa a Napoleón: "Con las bayonetas se puede hacer de todo menos sentarse sobre ellas". Al día siguiente, amanecieron algunos despotricadores, francotiradores gratuitos y defensores del status quo, diciendo que se trataba de una marcha política. Pero a Dios gracias que el pueblo sabe distinguir a sus hombres serios y honestos de quienes tan sólo lucen o llevan puesta la carátula de la transparencia y fueron voces del mismo pueblo las que se encargaron de censurarles semejante prejuicio emitido en nuestra contra. Fue El Panamá América el que, en su editorial del viernes 23 de mayo de este año, habla de "Guerra en Panamá"; nos hizo un reconocimiento propio de los grandes dirigentes y del cual somos inmerecedores, pues el premio y el aplauso es para todo el pueblo panameño que aún no ha perdido su creencia en que todavía queda un remanente honesto de hombres y mujeres que amamos a esta nación y como sociedad en general, como un solo haz de voluntades, supo acudir a la cita del 21 de mayo.