default

Sancocho para el alma panameña


Hay un libro muy conocido que se llama "Sopa de pollo para el alma: relatos que conmueven el corazón y ponen fuego en el espíritu", escrito por Jack Canfield y Mark Victor Hansen. Se estima que se vendieron alrededor de dos millones de copias. Después, salieron otras series con el mismo formato de historias inspiradoras, dirigidas a un grupo específico: Sopa de pollo para el alma del adolescente, Sopa del pollo para el alma de la madre, y así sigue una retahíla de libros para casi todos los gustos.

Siguiendo la corriente anterior, si tuviéramos que escribir un libro para los habitantes del istmo, lo llamaríamos Sopa de pollo para el alma panameña. ¿Y cuáles serían las historias que aquí se relatarían? Estoy segura de que habría muchísimas, pero la última que añadiríamos a nuestra versión criolla sería la historia de Margarita; esa niña-mujer que nos ha dado tanta satisfacción en las últimas semanas, convirtiéndose el pasado jueves en la ganadora del concurso "Latin American Idol". Su historia es una de perseverancia, esfuerzo, humildad, disciplina y sencillez.

Si yo fuera socióloga, definiría a Margarita como un fenómeno que estremeció el espíritu de casi todos los panameños. Siempre hay quienes opinan que el concurso tenía sus desventajas; que era un negocio que favorecía a grandes compañías, que era pan y circo en medio de las calamidades y grandes necesidades que hoy sufrimos. Probablemente sea cierto; pero, a pesar de ello, nadie, en estos tiempos de violencia desaforada, nos puso una pistola en la sien para que votáramos a punta de llamadas por celular apoyando a nuestra talentosa Margarita. Poco nos importó que otros se beneficiaran de nuestro patriotismo. Es más, hicimos un alarde descomunal de desprendimiento. Tanto los medios de comunicación, como la empresa privada y el ciudadano de a pie se unieron para demostrar que juntos hacemos la diferencia. ¡Qué belleza!

Tuvimos, como pueblo, la alegría y el entusiasmo de unirnos en un frente común. Panamá ha dado innumerables testimonios de que es un país de gente buena, solidaria, contenta y generosa, a pesar de los problemas que como sociedad nos agobian. La provincia de Los Santos se estremeció con su representante. El país olvidó sus diferencias de clases, sectarismos regionales, y preferencias políticas. Al saberse el resultado final, las calles se atestaron de gente, entrelazándose en una cadena de emoción donde se topaban la algarabía con llantos de felicidad. El país ondeaba con legítimo orgullo la bandera tricolor, mientras infinitas sonrisas llegaban a mostrar hasta las calzas de las muelas de atrás.

Tenemos que estar gozosos de contar con glorias nacionales que nos han dado momentos imborrables de bienestar. La lista es larga y no quisiera empezar a nombrarlos por temor a que se me escapen muchos nombres. Sin embargo, se me ocurre que algún día un escritor o historiador haga una recopilación de todos estos hacedores de orgullo nacional. Para esa obra que nos henchiría el espíritu patrio, propongo desde ya su título: "Sancocho para el alma panameña".

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América