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Saneando nuestra calidad de vida


Las condiciones sanitarias tienen gran impacto en la economía de un país y en la forma de vida de la población. Sin embargo, las cifras hablan por sí solas: De los 510 millones de habitantes de América Latina, 132 millones carecen de servicios de saneamiento adecuado (Latinosan, 2007).

La situación empeora cuando vemos los números globales: Hay 2,600 millones de personas que carecen de ese servicio esencial, a pesar que en todo el mundo se estima que más de 1,200 millones de habitantes lograron acceso a los servicios de saneamiento mejorado entre 1990 y 2004.

De acuerdo con UNICEF, la mejora de las instalaciones sanitarias reduciría en más de una tercera parte las tasas de enfermedades relacionadas con la diarrea de niños y niñas de corta edad. Si a esa mejora se sumara el fomento de la higiene a través de la enseñanza del lavado adecuado de las manos, esas tasas podrían reducirse considerablemente. Millones de personas, especialmente los pobladores pobres de los países en desarrollo, se ven obligadas a defecar en bolsas, cubos y zanjas a la vera de los caminos, o a campo abierto, lo que constituye grave amenaza para la salud propia y de los demás.

La situación requiere con urgencia políticas que mejoren la calidad de vida de la población más vulnerable y de escasos recursos. Con el objetivo de enfrentar esta crisis mundial, la Asamblea de Naciones Unidas declaró el 2008 como el Año Internacional de Saneamiento, como actividad complementaria para alcanzar las Metas de Desarrollo del Milenio (2000). Uno de los objetivos es reducir a la mitad la cantidad de personas sin acceso al agua potable en el 2015.

Entre las conclusiones a las que llega el II Informe de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos en el mundo, titulado "El Agua, una responsabilidad compartida", está que la insuficiencia de agua existente, a menudo, se debe a una mala gestión, a la corrupción, a la falta de instituciones adecuadas, a la burocracia y a la falta de inversión tanto en el aspecto humano como en infraestructuras físicas.

Agrega el documento que la escasez de agua y el aumento de la contaminación son desafíos sociales y políticos, que se pueden afrontar, entre otras forma, modificando el uso del agua, mediante la educación, concienciación y con políticas hídricas serias.

malema.deleon@epasa.com

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