Sangriento conflicto
El trágico y sangriento conflicto entre Israel y los palestinos parece no tener fin. Los ataques y contrataques de ambos lados se multiplican así como el número de víctimas. Los atentados por terroristas islámicos suicidas han dado un giro aún más macabro a una lucha que ya tiene más de medio siglo y nadie puede prever hasta cuándo durará el baño de sangre que empaña la estabilidad de todo el Oriente Medio y amenaza la paz mundial.
Además, el hecho que los últimos atentados estallaron en medio de los intensos esfuerzos del general Anthony Zinni, el enviado de Estados Unidos, por obtener un cese del fuego, parece indicar que ninguna presión externa es capaz de frenar la escalada de violencia, por lo menos por el momento.
Sin embargo, por el momento no parece que haya peligro que el conflicto rebase las fronteras de Israel, señala el profesor Walter Laqueur, director de investigaciones del Center for Strategic and International Studies, uno de los más prestigiosos centros de análisis de política exterior de Washington.
"Los regímenes árabes moderados temen que un conflicto generalizado podría debilitar sus gobiernos", argumenta Laqueur, autor de numerosos libros sobre el Oriente Medio y el terrorismo en un artículo publicado por The Wall Street Journal. "Los regímenes extremistas como Iraq e Irán tienen razones propias para que continúe el conflicto, pero es poco probable que intervengan de una manera masiva".
Este vaticinio pareció cumplirse cuando en una sesión de emergencia del Consejo de Seguridad de la ONU, celebrada el viernes por la noche, los estados árabes no lograron que se disponga un repliegue de las tropas israelíes del cuartel central del líder palestino, Yasser Arafat, en Ramallah. El debate del más alto gremio de decisión de la ONU se había convocado a pedido de las misiones árabes de Naciones Unidas. El embajador estadounidense ante la ONU, James Cunningham, dejó en claro que en este momento su país no desea acciones del Consejo y explicó que la ocupación del cuartel central palestino fue provocada por los recientes atentados suicidas contra civiles israelíes.
Al margen de la reunión, el secretario general de Naciones Unidas, Kofi Annan, le pidió nueva y enérgicamente a israelíes y palestinos que realicen negociaciones. Deben terminar el derramamiento de sangre, indicó. Annan también se pronunció en favor de la creación lo antes posible de un Estado palestino junto al de Israel como salida a la escalada de la crisis en Cercano Oriente. Asimismo, el secretario de la ONU condenó los ataques terroristas palestinos contra civiles israelíes. "El terrorismo no acercará al pueblo palestino a la creación de un Estado palestino independiente", indicó.
Mientras las tropas israelíes mantenían a Arafat asediado en el complejo de su cuartel general, la Unión Europea reafirmó que éste sigue siendo la legítima autoridad palestina y su interlocutor para la paz. Asimismo, el ministro de Relaciones Exteriores francés, Hubert Vedrine, criticó el "intento de Israel por silenciar a Arafat".
El responsable de Asuntos Exteriores de la Unión Europea, Javier Solana, habló por teléfono con Arafat y con el canciller israelí, Shimon Peres, para instarlos a un cese del fuego y pedir a ambos bandos que aprovechen la oportunidad ofrecida por el respaldo de la cumbre árabe a la propuesta de paz de Arabia Saudita. "Arafat es nuestro interlocutor, como los líderes de la Unión Europea dijeron en la cumbre de Barcelona el 16 de marzo. (El) sigue siendo nuestro interlocutor y la legítima autoridad palestina", declaró el diplomático español.
En realidad, tanto Israel como los palestinos han cometido un sinúmero de errores. El error fatal de los palestinos fue rechazar el Estado que estipulaba la resolucion de la ONU de noviembre de 1947. La agonía del último medio siglo fue precipitada por algo que se pudo haber evitado. Ahora la tentativa de retroceder la rueda de la historia no puede tener éxito. Centenares de miles de palestinos tuvieron que abandonar su hogar, quedando desamparados primero en Jordania o Egipto, luego bajo la ocupación israelí.
Los países árabes no dieron refugio a los exiliados palestinos a pesar de su retórica de solidaridad. No sólo consideraron las dificultades que presentaría la absorción de millares de refugiados, sino que estableciendo campamentos para ellos en las fronteras les proveía una poderosa arma contra Israel. La ONU tuvo que intervenir en lugares como Gaza para suplir necesidades elementales como comida, techo, educación y servicios médicos. Y aunque esto se hizo dentro del mejor espíritu humanitario, sólo prolongó la agonía: los campamentos se convirtieron en el principal caldo de cultivo para el terrorismo y los atacantes suicidas.
Por otro lado, el error fatal de los israelíes fue no devolver todos los territorios ocupados, o por lo menos casi todos, poco después de la Guerra de los Seis Días en 1967. Antes de esa guerra no existía una base sólida para una negociación con los palestinos porque éstos rechazaban la mera existencia de Israel y se mantenían esperanzados de que con el tiempo, y con una contínua lucha, el Estado judío iba a desaparecer.
Además, el hecho que los últimos atentados estallaron en medio de los intensos esfuerzos del general Anthony Zinni, el enviado de Estados Unidos, por obtener un cese del fuego, parece indicar que ninguna presión externa es capaz de frenar la escalada de violencia, por lo menos por el momento.
Sin embargo, por el momento no parece que haya peligro que el conflicto rebase las fronteras de Israel, señala el profesor Walter Laqueur, director de investigaciones del Center for Strategic and International Studies, uno de los más prestigiosos centros de análisis de política exterior de Washington.
"Los regímenes árabes moderados temen que un conflicto generalizado podría debilitar sus gobiernos", argumenta Laqueur, autor de numerosos libros sobre el Oriente Medio y el terrorismo en un artículo publicado por The Wall Street Journal. "Los regímenes extremistas como Iraq e Irán tienen razones propias para que continúe el conflicto, pero es poco probable que intervengan de una manera masiva".
Este vaticinio pareció cumplirse cuando en una sesión de emergencia del Consejo de Seguridad de la ONU, celebrada el viernes por la noche, los estados árabes no lograron que se disponga un repliegue de las tropas israelíes del cuartel central del líder palestino, Yasser Arafat, en Ramallah. El debate del más alto gremio de decisión de la ONU se había convocado a pedido de las misiones árabes de Naciones Unidas. El embajador estadounidense ante la ONU, James Cunningham, dejó en claro que en este momento su país no desea acciones del Consejo y explicó que la ocupación del cuartel central palestino fue provocada por los recientes atentados suicidas contra civiles israelíes.
Al margen de la reunión, el secretario general de Naciones Unidas, Kofi Annan, le pidió nueva y enérgicamente a israelíes y palestinos que realicen negociaciones. Deben terminar el derramamiento de sangre, indicó. Annan también se pronunció en favor de la creación lo antes posible de un Estado palestino junto al de Israel como salida a la escalada de la crisis en Cercano Oriente. Asimismo, el secretario de la ONU condenó los ataques terroristas palestinos contra civiles israelíes. "El terrorismo no acercará al pueblo palestino a la creación de un Estado palestino independiente", indicó.
Mientras las tropas israelíes mantenían a Arafat asediado en el complejo de su cuartel general, la Unión Europea reafirmó que éste sigue siendo la legítima autoridad palestina y su interlocutor para la paz. Asimismo, el ministro de Relaciones Exteriores francés, Hubert Vedrine, criticó el "intento de Israel por silenciar a Arafat".
El responsable de Asuntos Exteriores de la Unión Europea, Javier Solana, habló por teléfono con Arafat y con el canciller israelí, Shimon Peres, para instarlos a un cese del fuego y pedir a ambos bandos que aprovechen la oportunidad ofrecida por el respaldo de la cumbre árabe a la propuesta de paz de Arabia Saudita. "Arafat es nuestro interlocutor, como los líderes de la Unión Europea dijeron en la cumbre de Barcelona el 16 de marzo. (El) sigue siendo nuestro interlocutor y la legítima autoridad palestina", declaró el diplomático español.
En realidad, tanto Israel como los palestinos han cometido un sinúmero de errores. El error fatal de los palestinos fue rechazar el Estado que estipulaba la resolucion de la ONU de noviembre de 1947. La agonía del último medio siglo fue precipitada por algo que se pudo haber evitado. Ahora la tentativa de retroceder la rueda de la historia no puede tener éxito. Centenares de miles de palestinos tuvieron que abandonar su hogar, quedando desamparados primero en Jordania o Egipto, luego bajo la ocupación israelí.
Los países árabes no dieron refugio a los exiliados palestinos a pesar de su retórica de solidaridad. No sólo consideraron las dificultades que presentaría la absorción de millares de refugiados, sino que estableciendo campamentos para ellos en las fronteras les proveía una poderosa arma contra Israel. La ONU tuvo que intervenir en lugares como Gaza para suplir necesidades elementales como comida, techo, educación y servicios médicos. Y aunque esto se hizo dentro del mejor espíritu humanitario, sólo prolongó la agonía: los campamentos se convirtieron en el principal caldo de cultivo para el terrorismo y los atacantes suicidas.
Por otro lado, el error fatal de los israelíes fue no devolver todos los territorios ocupados, o por lo menos casi todos, poco después de la Guerra de los Seis Días en 1967. Antes de esa guerra no existía una base sólida para una negociación con los palestinos porque éstos rechazaban la mera existencia de Israel y se mantenían esperanzados de que con el tiempo, y con una contínua lucha, el Estado judío iba a desaparecer.