Santiago Rusiñol (1861-1931)
De este conocido pintor catalán nos referimos hoy a tres anécdotas.
En una excursión turística cuando ya había entrado él en la tercera edad también participaba un grupo de señoras, quienes eran sus contemporáneas.
Algunas de ellas lo acosaban con preguntas a las cuales respondía fríamente o las esquivaba. En el programa estaba una visita a las ruinas de Ampurias en Tarragona. Al llegar frente a éstas, una de aquellas señoras en tono de reproche le dijo "Usted, don Santiago, no nos hace caso. Y lo comprendo, porque usted frente a esas ruinas...".
-"No lo crea, señora. Comparadas con ustedes, esas ruinas no son nada.
Y a partir de ese momento no lo volvieron a importunar durante el resto del evento.
En una ocasión cenaba con algunos amigos. Al llegar la sopa, estremeció un tanto la cuchara, y derramó unas gotas sobre su camisa. De la salsa del primer plato, hizo lo mismo y también con la del tercero. El postre fue un flan. Tras consumirlo, el pintor se limpió la boca con una de las mangas de la camisa. Entonces le preguntaron cuál era el propósito de aquello que, evidentemente, no había sido casual. Y respondió: - "Mañana en la mañana mi mujer me va a preguntar qué cené hoy, cosa que siempre me pregunta cuando no lo hago en casa y nunca recuerdo qué. Me bastará con enseñarle la camisa y decirle: ¡Mira¡ ¡Esto!
En otra ocasión tuvo que guardar cama. Llamaron al médico. Al llegar éste y anunciársele que estaba allí, apuntó: -"Díganle que no puedo recibir, que estoy enfermo".