Saqueo forestal
La Asociación Nacional para la Conservación de la Naturaleza (ANCON) ha denunciado el saqueo de nuestros bosques por compradores internacionales de madera en bruto que buscan materia prima para elaborar sus muebles explotando el recurso natural no renovable de otros países.
Uno de los más graves problemas que ha traído el proceso de apertura comercial en los países tropicales pobres tiene que ver con la extracción indiscriminada de madera procedente de bosques naturales. Así lo demuestra el aumento en las cifras de exportación de madera en bruto o con muy poco valor agregado, procedente de países en desarrollo y destinada a compradores de países desarrollados que pretenden encontrar materia prima barata para sus productos elaborados que después nos venden a precio caro.
Con la finalidad de protegerse de este saqueo de valiosos y escasos recursos naturales, algunos países de la región han prohibido la exportación de madera en tucas o simplemente aserrada, exigiendo que ésta solamente se utilice como insumo para la industria nacional. Mediante esta medida se pone un freno a la tala de árboles y se asegura que estos servirán exclusivamente para la generación de empleo en industrias locales de alto valor agregado.
La gravedad de la situación movió a los gobiernos de la región, incluyendo a Panamá, a firmar un Convenio Internacional de Maderas Tropicales en el año 1983 donde queda claramente establecido que se debe estimular una elaboración mayor y más avanzada de las maderas tropicales en los países miembros, con miras a promover su industrialización y aumentar así sus ingresos de exportación generando empleo.
Panamá no escapa a esta realidad internacional y si se analizan las cifras de madera exportada, en lo que va del año, podrá comprobarse fácilmente que la mayor parte de nuestros árboles están saliendo del país en tucas o tablas sin involucrar en la operación a muchos trabajadores. No se puede comparar en términos del aporte al desarrollo nacional una actividad de simple aserrado con la industrial del mueble que involucra a miles de obreros directos, en la fabricación, e indirectos, en los productos asociados como clavos, tornillos, pinturas, empaques, etc.
Al exportar la madera en bruto se provoca un doble efecto negativo sobre la economía; por una parte se destruye nuestra reserva forestal de modo acelerado, y por la otra se limita la materia prima que necesita la industria del mueble para mantener sus fuentes de trabajo. No sería raro que, de continuar esta peligrosa práctica, toda la industria del mueble desaparezca por la falta de madera para procesar en sus fábricas agravando así la ya difícil situación de empleo en nuestro país.
Llamamos la atención de las autoridades del Gobierno Nacional sobre una debilidad que existe en nuestra legislación al permitir que se incentive un saqueo forestal de graves consecuencias económicas y sociales. Debemos proteger nuestra reserva forestal y nuestras fuentes de empleo en la industria del mueble; y esto solamente podrá lograrse prohibiendo la exportación de madera con poco valor agregado procedente de bosques naturales. Hay que poner un alto al saqueo forestal.
Uno de los más graves problemas que ha traído el proceso de apertura comercial en los países tropicales pobres tiene que ver con la extracción indiscriminada de madera procedente de bosques naturales. Así lo demuestra el aumento en las cifras de exportación de madera en bruto o con muy poco valor agregado, procedente de países en desarrollo y destinada a compradores de países desarrollados que pretenden encontrar materia prima barata para sus productos elaborados que después nos venden a precio caro.
Con la finalidad de protegerse de este saqueo de valiosos y escasos recursos naturales, algunos países de la región han prohibido la exportación de madera en tucas o simplemente aserrada, exigiendo que ésta solamente se utilice como insumo para la industria nacional. Mediante esta medida se pone un freno a la tala de árboles y se asegura que estos servirán exclusivamente para la generación de empleo en industrias locales de alto valor agregado.
La gravedad de la situación movió a los gobiernos de la región, incluyendo a Panamá, a firmar un Convenio Internacional de Maderas Tropicales en el año 1983 donde queda claramente establecido que se debe estimular una elaboración mayor y más avanzada de las maderas tropicales en los países miembros, con miras a promover su industrialización y aumentar así sus ingresos de exportación generando empleo.
Panamá no escapa a esta realidad internacional y si se analizan las cifras de madera exportada, en lo que va del año, podrá comprobarse fácilmente que la mayor parte de nuestros árboles están saliendo del país en tucas o tablas sin involucrar en la operación a muchos trabajadores. No se puede comparar en términos del aporte al desarrollo nacional una actividad de simple aserrado con la industrial del mueble que involucra a miles de obreros directos, en la fabricación, e indirectos, en los productos asociados como clavos, tornillos, pinturas, empaques, etc.
Al exportar la madera en bruto se provoca un doble efecto negativo sobre la economía; por una parte se destruye nuestra reserva forestal de modo acelerado, y por la otra se limita la materia prima que necesita la industria del mueble para mantener sus fuentes de trabajo. No sería raro que, de continuar esta peligrosa práctica, toda la industria del mueble desaparezca por la falta de madera para procesar en sus fábricas agravando así la ya difícil situación de empleo en nuestro país.
Llamamos la atención de las autoridades del Gobierno Nacional sobre una debilidad que existe en nuestra legislación al permitir que se incentive un saqueo forestal de graves consecuencias económicas y sociales. Debemos proteger nuestra reserva forestal y nuestras fuentes de empleo en la industria del mueble; y esto solamente podrá lograrse prohibiendo la exportación de madera con poco valor agregado procedente de bosques naturales. Hay que poner un alto al saqueo forestal.