Se acaban nuestros pobres
DE CREER EN las estadísticas macroeconómicas que todos los años publican nuestros Gobiernos, al terminar cada etapa anual, o al comienzo de la nueva, ya el 40% de nuestra población que es realmente pobre y que por ello no puede matar el hambre diaria, desde hace tiempo habría desaparecido y se encontraría empleada y con bonanza siquiera media.
Pero la realidad es distinta, porque cifras objetivas demuestran que los pobres aumentan y que el producto interno bruto no muestra señales firmes de incremento. En algunos casos, hemos visto que el Gobierno afirma una cosa y los economistas privados dicen otra. Tampoco hay duda en que la inversión hotelera está incrementándose, porque hay más demanda turística, y por ese camino, la contrucción sube, no en cantidades fantásticas, pero sí con cierto margen que llama algo la atención. Sin embargo, lo que deseamos destacar es que las cifras económicas globales, en los últimos años, incluso para 2005, como que alcanzan ya un 6% del producto interno bruto, pero economistas privados lo niegan.
De tener razón las cifras gubernativas de los últimos tres años, habría que concluir que la economía nacional está subiendo, lo cual no parece verdad, dado que la miseria continúa manteniéndose y hasta aumentando. Para nosotros es llamativo que las cifras oficiales de la macroeconomía panameña vienen aumentando, poco, pero con un dejo de felicidad gubernativa, al publicarlas. Sin embargo, los economistas privados no se dejan captar por esa alegría y más bien nos hablan de las serias dificultades de la economía nacional.
Por lo mismo, nosotros mantenemos los índices de pobreza que durante los últimos años han venido incrementándose en Panamá y muestran aumentos de pobreza en todo el país. Así que nuestro título, de que podrían acabarse los pobres, sólo fue un anzuelo, para que los lectores supieran, precisamente, lo contrario. En los últimos años, las estadísticas de la pobreza se han elevado suficientemente para que nos alarmemos con razón, ya que el significado de "pobreza", en Panamá, es que un alto porcentaje de la población ni siquiera come malamente una vez al día, sino que engaña el estómago, sobre todo en la tarde nuncio del sueño, para que esos cientos de miles de panameños puedan conciliar un rato de olvido, porque hasta el hambre desnuda lo priva de tal descanso corporal. Y ello no sólo alarma y duele, sino que nos enfada con los responsables de estas situaciones, que no son únicamente los últimos gobernantes, en el cómputo de los que han pasado en las últimas décadas como inquilinos de la Casa refaccionada de la Avenida Norte, frente a la Bahía, que es otra pústula sobre lo cual no queremos poner atención ahora, ya que hace días pasamos en marea baja por sus orillas, precisamente para que no se nos haga algo permanente, de inmediato, que los constructores norteamericanos de los acueductos de Panamá y Colón decidieron desde 1904 que la Bahía de Panamá fuera el lugar de recepción de las aguas negras de una ciudad que al principio era bastante pequeña y que ahora, en términos comparativos, es gigante, con todos sus males que no mejoran, sino que se acentúan más y más.
Sólo un ejemplo nos permitió en días pasados, comparar el barrio de Santa Ana, que fue abrigo de nuestra adolescencia al fin de la niñez, y en la juventud, con ese mismo barrio de hoy, ahora no se nos ocurriría pensar en la forma de vida que es allí posible en la actualidad, porque nos da horror, y lamentamos que nuestro barrio de aquellos tiempos sea hoy un verdadero antro general. Este artículo, ex profeso con un si es no es desarticulado, es así porque lamentaríamos mucho más destacar sus aspectos, en forma siquiera con un afamarme de mayor seriedad porque debemos cuidar nuestra salud, que ya no está para recibir, día tras día, un cúmulo de fetideces y desdichas sociales, como las que dejamos simplemente apuntadas.
Pero la realidad es distinta, porque cifras objetivas demuestran que los pobres aumentan y que el producto interno bruto no muestra señales firmes de incremento. En algunos casos, hemos visto que el Gobierno afirma una cosa y los economistas privados dicen otra. Tampoco hay duda en que la inversión hotelera está incrementándose, porque hay más demanda turística, y por ese camino, la contrucción sube, no en cantidades fantásticas, pero sí con cierto margen que llama algo la atención. Sin embargo, lo que deseamos destacar es que las cifras económicas globales, en los últimos años, incluso para 2005, como que alcanzan ya un 6% del producto interno bruto, pero economistas privados lo niegan.
De tener razón las cifras gubernativas de los últimos tres años, habría que concluir que la economía nacional está subiendo, lo cual no parece verdad, dado que la miseria continúa manteniéndose y hasta aumentando. Para nosotros es llamativo que las cifras oficiales de la macroeconomía panameña vienen aumentando, poco, pero con un dejo de felicidad gubernativa, al publicarlas. Sin embargo, los economistas privados no se dejan captar por esa alegría y más bien nos hablan de las serias dificultades de la economía nacional.
Por lo mismo, nosotros mantenemos los índices de pobreza que durante los últimos años han venido incrementándose en Panamá y muestran aumentos de pobreza en todo el país. Así que nuestro título, de que podrían acabarse los pobres, sólo fue un anzuelo, para que los lectores supieran, precisamente, lo contrario. En los últimos años, las estadísticas de la pobreza se han elevado suficientemente para que nos alarmemos con razón, ya que el significado de "pobreza", en Panamá, es que un alto porcentaje de la población ni siquiera come malamente una vez al día, sino que engaña el estómago, sobre todo en la tarde nuncio del sueño, para que esos cientos de miles de panameños puedan conciliar un rato de olvido, porque hasta el hambre desnuda lo priva de tal descanso corporal. Y ello no sólo alarma y duele, sino que nos enfada con los responsables de estas situaciones, que no son únicamente los últimos gobernantes, en el cómputo de los que han pasado en las últimas décadas como inquilinos de la Casa refaccionada de la Avenida Norte, frente a la Bahía, que es otra pústula sobre lo cual no queremos poner atención ahora, ya que hace días pasamos en marea baja por sus orillas, precisamente para que no se nos haga algo permanente, de inmediato, que los constructores norteamericanos de los acueductos de Panamá y Colón decidieron desde 1904 que la Bahía de Panamá fuera el lugar de recepción de las aguas negras de una ciudad que al principio era bastante pequeña y que ahora, en términos comparativos, es gigante, con todos sus males que no mejoran, sino que se acentúan más y más.
Sólo un ejemplo nos permitió en días pasados, comparar el barrio de Santa Ana, que fue abrigo de nuestra adolescencia al fin de la niñez, y en la juventud, con ese mismo barrio de hoy, ahora no se nos ocurriría pensar en la forma de vida que es allí posible en la actualidad, porque nos da horror, y lamentamos que nuestro barrio de aquellos tiempos sea hoy un verdadero antro general. Este artículo, ex profeso con un si es no es desarticulado, es así porque lamentaríamos mucho más destacar sus aspectos, en forma siquiera con un afamarme de mayor seriedad porque debemos cuidar nuestra salud, que ya no está para recibir, día tras día, un cúmulo de fetideces y desdichas sociales, como las que dejamos simplemente apuntadas.