Se busca un inversionista honesto
En reciente aviso pagado aparecido en los diarios de la localidad, se refleja el modo de pensar de los promotores de Multicentro, un centro comercial que, considero, ha sido concebido de una manera egoísta y con una exagerado aprovechamiento de los espacios, forzando un sacrificio irresponsable del entorno urbanístico con tal de generar pingues ganancias, en detrimento del resto del país.
No comprendemos cómo las personas que viven en el sector más exclusivo de Panamá se han dejado sorprender con este encierro y esta calamidad a los que se verán sometidos si alguna vez este centro despega. A estas alturas, cuando aún no está en operación, ha convertido el tráfico del área en un nudo gordiano que perjudica a lo residentes y a todo transeúnte.
Sabedores del error cometido, ahora emparchan el proyecto con un acceso a través de la Avenida Balboa, mediante una sorprendentemente veloz y sospechosa anuencia de las autoridades quienes, burlándose de la opinión pública y del manifiesto descontento de la ciudadanía, han pasado por encima de leyes y procedimientos que normalmente se exigiría a cualquier panameño que desee realizar semejante proyecto; han otorgado concesiones irresponsables en las que dan un valor ridículo a las tierras aledañas a las áreas con más valor del país.
Los razonamientos que esgrimen los promotores para justificar la entrega de estas tierras mueven a versados en la materia a la risa, por no decir rabia, que oportunamente podría ser canalizada. Estos promotores tergiversan la verdad al decir que construyen un puente o vía de uso público de dos millones de dólares, como si el único propósito de esto no fuera oxigenar un asfixiado proyecto, ya que sin el mismo no sería necesaria su construcción. No hay nada más falso como la insolente afirmación de que "este proyecto elevará la calidad de vida de los panameños". Escuchando estos argumentos podemos entender cómo en Colombia la frustración del pueblo ha conducido a la búsqueda de soluciones violentas ante el continuo abuso de gobiernos e inversores de esta calaña.
Pero la verdad, la culpa del triunfo de esta inmoralidad la tienen nuestras autoridades a quienes, para no ser mal pensados, podemos calificar de ignorantes, ineptos, desconocedores de sus deberes y responsabilidades como empleados públicos o carentes de conciencia ciudadana, pues, además de lograr un consenso con las partes afectadas, hubiesen negociado un beneficio para el país a cambio del beneplácito oficial, como por ejemplo, el que los inversores de ese centro comercial construyeran y financiaran la primera planta de tratamiento de aguas negras proveniente del río Matasnillo a cambio de la concesión de las tierras que necesitan para hacer viable su proyecto o, cuando menos, el dragado del área de la desembocadura de dicho afluente, así como el relleno hidráulico en el sector donde la nunca olvidada, por amigos y enemigos, alcaldesa Mayín Correa pretendía construir un parque y estacionamientos de proporciones considerables en el margen derecho de la desembocadura del Matasnillo.
Si estos inversionistas continúan con el desprecio de la opinión pública, se exponen a que ésta se haga valer cuando ellos esperan resultados; entonces vendrá el crujir de dientes y lamentos, mencionados en la Biblia, por los exiguos resultados financieros debido a un boicot de los clientes a los almacenes allí establecidos. Es mejor que armonicen ahora la inversión con la ciudadanía, ya que la protección oficial, por los vientos que soplan, durará poco.
No comprendemos cómo las personas que viven en el sector más exclusivo de Panamá se han dejado sorprender con este encierro y esta calamidad a los que se verán sometidos si alguna vez este centro despega. A estas alturas, cuando aún no está en operación, ha convertido el tráfico del área en un nudo gordiano que perjudica a lo residentes y a todo transeúnte.
Sabedores del error cometido, ahora emparchan el proyecto con un acceso a través de la Avenida Balboa, mediante una sorprendentemente veloz y sospechosa anuencia de las autoridades quienes, burlándose de la opinión pública y del manifiesto descontento de la ciudadanía, han pasado por encima de leyes y procedimientos que normalmente se exigiría a cualquier panameño que desee realizar semejante proyecto; han otorgado concesiones irresponsables en las que dan un valor ridículo a las tierras aledañas a las áreas con más valor del país.
Los razonamientos que esgrimen los promotores para justificar la entrega de estas tierras mueven a versados en la materia a la risa, por no decir rabia, que oportunamente podría ser canalizada. Estos promotores tergiversan la verdad al decir que construyen un puente o vía de uso público de dos millones de dólares, como si el único propósito de esto no fuera oxigenar un asfixiado proyecto, ya que sin el mismo no sería necesaria su construcción. No hay nada más falso como la insolente afirmación de que "este proyecto elevará la calidad de vida de los panameños". Escuchando estos argumentos podemos entender cómo en Colombia la frustración del pueblo ha conducido a la búsqueda de soluciones violentas ante el continuo abuso de gobiernos e inversores de esta calaña.
Pero la verdad, la culpa del triunfo de esta inmoralidad la tienen nuestras autoridades a quienes, para no ser mal pensados, podemos calificar de ignorantes, ineptos, desconocedores de sus deberes y responsabilidades como empleados públicos o carentes de conciencia ciudadana, pues, además de lograr un consenso con las partes afectadas, hubiesen negociado un beneficio para el país a cambio del beneplácito oficial, como por ejemplo, el que los inversores de ese centro comercial construyeran y financiaran la primera planta de tratamiento de aguas negras proveniente del río Matasnillo a cambio de la concesión de las tierras que necesitan para hacer viable su proyecto o, cuando menos, el dragado del área de la desembocadura de dicho afluente, así como el relleno hidráulico en el sector donde la nunca olvidada, por amigos y enemigos, alcaldesa Mayín Correa pretendía construir un parque y estacionamientos de proporciones considerables en el margen derecho de la desembocadura del Matasnillo.
Si estos inversionistas continúan con el desprecio de la opinión pública, se exponen a que ésta se haga valer cuando ellos esperan resultados; entonces vendrá el crujir de dientes y lamentos, mencionados en la Biblia, por los exiguos resultados financieros debido a un boicot de los clientes a los almacenes allí establecidos. Es mejor que armonicen ahora la inversión con la ciudadanía, ya que la protección oficial, por los vientos que soplan, durará poco.