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Se hunde o flota el Seguro Social


Fue por la década del 70 que el Seguro Social perdió su virginidad, es decir, su autonomía; fue cuando le cayeron a mano armada a las arcas para pagar todo lo que se les ocurría que le solicitaban al General y su maletín siempre estuvo dispuesto. No sólo nacional sino internacionalmente, cuando salían aviones cargados de medicinas del Seguro para Nicaragua para ayudar a los sandinistas. El Seguro era la caja menuda del gobierno para dolor de los panameños conscientes; pero no podíamos hacer nada porque el General lo ordenaba. Allí comenzó el descalabro del Seguro y luego los programas leoninos en donde se robaron cualquier cantidad de milloncitos, la integración, los beneficiarios y muchas otras cosas. Sin embargo, el Seguro subsistió ficticiamente y ahora estamos ahorcados con una desorganización horrorosa, donde su anterior Director hizo lo indecible para acabarlo con el beneplácito de la Junta Directiva que, ahora, dice su Presidente que a todos los que nombró fue obra del Director y que la Directiva no se mete en esto. ¡Qué descaro!
Ahora le toca al nuevo gobierno ocuparse con prioridad de los problemas del Seguro y hacerlos de Estado para que todos los sectores involucrados participen en su solución. No se puede pasar por alto la debilidad de la atención de salud con la deficiencia en la manera de adquirir los medicamentos; hace unos días leí que a los médicos designados por los gremios no los aceptan en la Comisión de Medicamentos. ¿Será porque esconden algo o porque huele mal el negociado? El nuevo gobierno debe cambiar casi totalmente la ley Orgánica del Seguro para que sea más funcional, ubique sus propias responsabilidades, recaude más entradas, despida a todo el que no trabaja y reorganice lo que existe hoy. Esos cambios deben ser profundos y beneficiosos para la Caja, empezando por la conformación de su Junta Directiva que no ha funcionado en los últimos años por la politización de la misma y por su ineficiencia. Da dolor escuchar a su Presidente y pensar que él es la autoridad máxima del Seguro. ¿Hasta cuándo se sigue ese modelo obsoleto de elegir los miembros de la Junta Directiva que tolere la injerencia del Ejecutivo en su conformación, permitiendo los favores personales y el favoritismo político.
Si se elige un Director General no médico, maneja las finanzas y la administración, pero no sabe nada de la parte de salud que es importante y el Director Médico es su subordinado a quien ni se lo escucha. Si se escoge a un médico, sabe de salud y no de finanzas y quién dirige a quién. Pero, tampoco es sobre la base de una integración de salud donde el Seguro pone el financiamiento, pero el Ministerio de Salud lo maneja. El dinero del Seguro pertenece a quienes lo aportan y no es para cubrir la salud pública. A esto quieren llegar y no se puede permitir. Los beneficiarios deben pagar por su atención o que lo absorba el Ministerio de Salud. Las soluciones para salvar al Seguro son serias y profundas, implican un costo político grande que no sé si los políticos gobernantes estén dispuestos a afrontar. Eso significa sacrificio para todos y es bueno que se sepa: para los trabajadores, los empresarios y los asegurados y deben dejarse de criticar lo que se proponga y traer el canto de siempre sobre los pobres y humildes. Si la cabeza es corrupta, los de abajo lo serán. Los proveedores deben ser honestos y no aprovecharse del dinero del Seguro para enriquecerse, haciendo jugadas sucias que las conozco bastante bien. Que los médicos atiendan a sus pacientes con mística de médicos, cumplan su horario, examinen correctamente a sus pacientes y hagan los diagnósticos correctos para evitar muertes innecesarias. Los concursos para los altos puestos son indispensables, evitando que el Ejecutivo meta su mano y no influya en los escogimientos. Si es necesario un patronato, que se haga con todas las de la ley, pero que se maneje seriamente el Seguro.
Acabar con la burocracia para adquirir los medicamentos, equipos e insumo, que trae el robo y la corrupción porque en cada paso que da, se encuentra la coima. Que se olviden del sistema de salud único con control de la Contraloría y el Ministerio. Cuando la integración sea necesaria, como el Oncológico, que se forme compartiendo responsabilidades y gastos. Sobre todo, escoger gente seria y honesta y que el Gobierno Central quede fuera de la jugada dando autonomía completa. Sólo así salvaremos, aunque sea parcialmente, al Seguro Social, pilar central de la tranquilidad social.
Pero lo más preocupante es que la gente no conoce los proyectos de los activistas verdes y muchos todavía creen en sus buenas intenciones.
Temiendo las desastrosas ramificaciones del Tratado de Kyoto, el Presidente Bush se retiró en 2001 y ninguna legislación sobre recalentamiento global ha sido considerada por el Congreso de EEUU. Nuestros políticos de ambos partidos saben que la ciencia-basura en que se basa Kyoto sería un suicidio económico para la nación.
Aunque los verdes han fracasado en sus intentos de hacer avanzar su agenda por medios políticos, no se han rendido, sino que están cambiando sus blancos.
*Académico adjunto del Cato Insitute y autor del libro "Junk Science Judo: Self-defense Against Health Scares and Scams".
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101 años de Panamá América

 
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