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Se ilumina la Nueva Nación


Bajo un pertinaz aguacero, el pueblo escaló la empinada colina y escalinatas del imponente edificio de la administración norteamericana de la antigua Zona del Canal, rompiendo los cordones de seguridad que delimitaban los actos del solemne acto, para simbolizar el fin de una era y el inicio de una nueva.
Aquel día terminó la lucha generacional por la consolidación de la independencia; pero nos queda pendiente la tarea de delimitar los objetivos del nuevo siglo. Porque sin metas claras que cumplir como país para el futuro, cualesquiera sean los gobiernos y partidos que se sucedan en el poder, no iremos a ningún lado y, por el contrario, vagaremos sin rumbo como ave perdida.
Los nuevos objetivos que han de iluminar el destino de la Nueva Nación, han de ser discutidos y decididos por todos los sectores del país y no deben ser impuestos por ninguno en particular; y mucho menos, ser dictados desde afuera.
En el pasado, hemos hecho algunos tímidos ensayos para ayudar a la discusión. Pensamos siempre que tenemos que examinar nuestra historia y ver nuestro entorno geográfico y circunstancial. Seguimos, por ejemplo, siendo un país transitista, con el Canal Interoceánico como emblema y los modernos puertos terminales con la Zona Libre como ariete comercial.
En consecuencia, la geografía sigue y seguirá determinando nuestro derrotero en este siglo. Y siendo éste el caso, no nos queda otra alternativa que ser los mejores y más competitivos. Nos dotaremos de varios puertos más, y centros multimodales; desarrollaremos Howard, modernizaremos aun más el ferrocarril, ampliaremos el Canal, seremos un entronque universal de comunicaciones y centro de redistribución de correo rápido del comercio electrónico.
Pero, al mismo tiempo, tenemos que brindar alternativas a nuestro agro, que no puede competir con el dólar pagando sus costos de producción. Hay que modernizar las áreas que sean promisorias y desechar otras, desarrollar el turismo interiorano, la agroindustria de productos autóctonos y del trópico. Y en modo alguno permitir que perezca.
Tenemos que revolucionar la educación nacional y ponerla en el nuevo siglo, trabajando con la próxima generación de estudiantes y educadores. Con una agresiva estrategia en este sentido, tal vez a la vuelta de treinta años, tendremos un Nuevo Panamá.


101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América