Se me olvidó
El inexcusable olvido por parte de nuestra legación en Bruselas, que impidió la renovación de las preferencias arancelarias para Panamá por parte de la Unión Europea, es un signo más de la perversidad de la cultura del comodismo, el "juega vivo" y el "no me importa" que permea nuestra sociedad. Es trágico que esa "felicidad tropical" que nos hace ser un país pacífico y alegre no nos permita hacer conciencia de las consecuencias de nuestra desidia. El no renovar las preferencias arancelarias puede ser la causa del despido de cientos, si no miles, de trabajadores, la quiebra de empresas exportadoras, el hambre y la desolación en las poblaciones más vulnerables del país. Si sumamos esta inexcusable omisión, con el trágico impacto de los desastres naturales que sufrieron muchas de nuestras regiones productoras, tenemos una fórmula calamitosa contra los que menos tienen. ¿Y los responsables? Bien gracias. En cualquier país civilizado ya hubieran rodado cabezas.
Los funcionarios tienen que entender que ellos son responsables tanto por sus acciones como por sus omisiones. Tienen que comprender que hay responsabilidades civiles, responsabilidades administrativas y responsabilidades políticas. En cualquier país civilizado ya el funcionario hubiera sido destituido, su superior jerárquico amonestado severamente y el ministro del ramo estaría enfrentando cara a cara a los afectados con propuestas de compensación por el daño causado.
Reza el dicho popular que "con amigos así, quién necesita enemigos", pues hoy podemos decir que "con gobernantes así, quién necesita competidores". No podemos aceptar que tan dañina omisión reciba como excusa un despreocupado "se me olvidó"; es de esperar que los olvidados de nuestra patria, por lo menos en cinco meses no lo olvidarán.