Se necesita un Ministerio de la Familia
Durante el período del gobierno anterior se creó un nuevo ministerio denominado "Ministerio de la Juventud, la Niñez, la Mujer y la Familia", título que, como es evidente por su extensión, ni siquiera es fácil de recordar.
Se pueden especular diversas justificaciones para la creación de este ministerio, pero la que pudiera parecer más creíble es aquella que se sustenta en el intento de acabar con el "machismo" existente en nuestra sociedad en detrimento de los derechos de igualdad de las mujeres y de los niños.
Si bien es cierto que era muy buena la intención, todo parece indicar que la solución ha inclinado la balanza totalmente hacia el otro lado, en vez de llegar al punto de igualdad esperado hasta el punto que el hombre es totalmente soslayado en este kilométrico nombre del nuevo ministerio.
No se desea de ninguna manera justificar lo injustificable, es verdad que la mujer y la niñez no gozaban de igualdad en la sociedad y que era necesario acabar con esa situación, sin embargo la solución se debió enfocar de manera integral en beneficio de todos y cada uno de los miembros de la familia, ya que la misma Carta Magna establece a la familia como la célula básica de la sociedad panameña.
Aparentemente el problema estriba que se ha dirigido la función de este nuevo ministerio desde un enfoque de género (el femenino), lo cual ha convertido a éste en un Ministerio de la Mujer, lo que hace casi inconcebible que esta posición la pudiera ocupar un hombre. Estamos convencidos que la solución del problema de desigualdad en la sociedad se hubiera manejado desde un punto de vista integral de la familia y no como un mero ministerio de reinvindicación de un género en particular.
Si en verdad se quiere resolver el problema desigualdad, estamos convencidos de que la creación de un Ministerio de la Familia hubiera contribuido de mejor manera a resolver los problemas de esta célula básica que se traducen en una sociedad inestable y cada día más violenta.
Tal vez alguien pensó que ya era tiempo que los hombres sufriéramos un poco la marginación que por mucho tiempo vivió la mujer panameña, pero sería acaso esa la forma correcta de pensar de aquellos que tienen la obligación de actuar como estadistas, buscando solucionar los problemas de todos y cada uno de los miembros de la sociedad tal como debiera ser, sin distinción de sexo, raza, creencia política o religiosa o posición económica.
El problema de la marginación de los niños y mujeres de sus derechos inalienables no se va a resolver marginando a los hombres de las acciones y políticas estatales de fomento familiar, al contrario, se deben desarrollar programas de educación y orientación que les permita conocer en qué se ha estado fallando para poder tomar medidas correctivas. Sólo de esta forma se estará resolviendo el problema de forma integral, sin marginar a los hombres de las actividades de fomento familiar por parte del Estado.
Se pueden especular diversas justificaciones para la creación de este ministerio, pero la que pudiera parecer más creíble es aquella que se sustenta en el intento de acabar con el "machismo" existente en nuestra sociedad en detrimento de los derechos de igualdad de las mujeres y de los niños.
Si bien es cierto que era muy buena la intención, todo parece indicar que la solución ha inclinado la balanza totalmente hacia el otro lado, en vez de llegar al punto de igualdad esperado hasta el punto que el hombre es totalmente soslayado en este kilométrico nombre del nuevo ministerio.
No se desea de ninguna manera justificar lo injustificable, es verdad que la mujer y la niñez no gozaban de igualdad en la sociedad y que era necesario acabar con esa situación, sin embargo la solución se debió enfocar de manera integral en beneficio de todos y cada uno de los miembros de la familia, ya que la misma Carta Magna establece a la familia como la célula básica de la sociedad panameña.
Aparentemente el problema estriba que se ha dirigido la función de este nuevo ministerio desde un enfoque de género (el femenino), lo cual ha convertido a éste en un Ministerio de la Mujer, lo que hace casi inconcebible que esta posición la pudiera ocupar un hombre. Estamos convencidos que la solución del problema de desigualdad en la sociedad se hubiera manejado desde un punto de vista integral de la familia y no como un mero ministerio de reinvindicación de un género en particular.
Si en verdad se quiere resolver el problema desigualdad, estamos convencidos de que la creación de un Ministerio de la Familia hubiera contribuido de mejor manera a resolver los problemas de esta célula básica que se traducen en una sociedad inestable y cada día más violenta.
Tal vez alguien pensó que ya era tiempo que los hombres sufriéramos un poco la marginación que por mucho tiempo vivió la mujer panameña, pero sería acaso esa la forma correcta de pensar de aquellos que tienen la obligación de actuar como estadistas, buscando solucionar los problemas de todos y cada uno de los miembros de la sociedad tal como debiera ser, sin distinción de sexo, raza, creencia política o religiosa o posición económica.
El problema de la marginación de los niños y mujeres de sus derechos inalienables no se va a resolver marginando a los hombres de las acciones y políticas estatales de fomento familiar, al contrario, se deben desarrollar programas de educación y orientación que les permita conocer en qué se ha estado fallando para poder tomar medidas correctivas. Sólo de esta forma se estará resolviendo el problema de forma integral, sin marginar a los hombres de las actividades de fomento familiar por parte del Estado.